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sábado, 19 de mayo de 2018

El Amor, la Responsabilidad y la Culpa



"Amor es lo que engaña, decía Lacan, porque es donde se cree en la ilusión que dos pueden hacen uno."
Amor como “dar lo que no se tiene a quien no lo es”


"Dar lo que no se tiene" (decía Lacan con respecto al amor) tiene que ver con el concepto de falta, en la enseñanza de Lacan, pues amar es mostrarse en falta, revelar que algo quiere alcanzarse en el otro. Es por esto que el amor involucra a la castración, y amar es un poco experimentar esa falta, esa castración.

Algunas de las cosas mas geniales de Lacán son las que escribió sobre el Amor. Partiendo de la base que a todos nos falta algo, que nunca vamos a llenar ese espacio y que eso que nos falta es lo que nos atormenta -algo del orden de “la insoportable levedad del ser”-, Lacan definió el Amor como “dar lo que no se tiene a quien no lo es”… Uf, que difícil explicarlo.
“Dar” no es dar regalos, cosas tangibles, “llenar” al otro con cosas, no es llenar de comida… El dar del Amor es ofrecer eso que no se tiene, eso que no se es, ofrecerle al otro eso incompleto que tenemos, eso que nos falta, sabiendo que el otro a quien nos dirigimos también está incompleto, sabiendo que ni yo te puedo completar, o sea, que no puedo satisfacer todas tus necesidades, y que vos no podés completarme, o sea, no podés satisfacer todas mis necesidades

 Si yo intento satisfacer todas tus necesidades, me transformo en un objeto destinado a tapar esa falta, y si soy un objeto, soy una cosa, no un sujeto (sujeto, en Psicoanálisis es algo mas que decir “persona”). Pero vamos a no cesar de intentarlo cada día. pero vamos a intentar, todos los días, de entendernos pese a ese malentendido que es, nuevamente según Lacan, la relación entre un hombre y una mujer.
Amor es dar eso insoportable. ¿Dar? ¿Ofrecer? Parecería mas un ofrecer, porque siempre está abierta la posibilidad de que el otro no acepte. Este es el riesgo del Amor. Por eso cuando descubrimos que amamos caemos en una situación de precariedad, ya que sin darnos cuenta nos vamos colocando a merced de la voluntad del otro. Ese otro, tan incompleto y necesitado como nosotros, ahora tiene el poder de aceptarnos o no… La historia personal de cada uno será determinante para ver como se tolera esta instancia. La calidad de los primeros objetos, como están introyectados, nos hará mas vulnerables, esperanzados, seguros, paranoides, indolentes, etc, etc, etc.Raramente nos acordamos que nosotros también tenemos la posibilidad de pegar “la media vuelta” y no sufrir…

Si yo te quiero para que me completes, te anhelo como un objeto, y eso te sigue dejando en una situación de “paquete” que te ponen en un lado u otro. Surgir como sujeto es reconocer qué querés vos, cuales son tus necesidades, tus deseos, tus vulnerabilidades, tus fortalezas y animarte a no ser un objeto de los demás, a no ser un paquete que sacan de un lado y ponen en otro de acuerdo a los deseos de los demás. Esto tiene que ver con hacerte la pregunta “¿Qué quiero yo?”.

Jacques Alain Miller, el principal discípulo (y yerno) de Lacan, dice que el Amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable… Y el Amor es lo que permite soportar esa verdad, porque esa verdad nuestra es sumamente difícil de aguantar, porque siempre se trata de lo mismo, de darnos cuenta que nos falta algo y que no encontramos forma de satisfacer eso.Y nunca hay forma.

En una entrevista que le hicieron a Miller, le preguntaron qué es verdaderamente amar. Y dijo algo fabuloso: “Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre uno mismo. Amamos a aquel o aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”.(ME CONOCE!!)Lacan también decía algo que se malinterpretó muchas veces: “el Amor siempre es reciproco”. Explica Miller en esa entrevista: “No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir: “Si yo te amo, es que tu eres amable” (amable en el sentido de ser alguien a quien se puede amar, que genera amor en otros, aclaración mía que no figura en la entrevista). “Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es reciproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizás tu mismo no conozcas.” Eso no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado”.

¿Y qué pasa con la culpa? ¿Qué pasa cuando no logramos darnos permiso ni siquiera para sentir? Desde el Psicoanálisis se nos propone desvictimizarnos, salir del lugar de la victima, la victima de las circunstancias y del tormento interior y, en consecuencia, en vez de decir “me siento culpable” asumir la responsabilidad por lo que sentimos. Una “ética de la responsabilidad” es salir de la “ética de la culpa”….

 Claro, no es fácil. La culpa nos paraliza, no nos deja actuar… En definitiva, la culpa nos deja en suspenso, y logra que no avancemos… Nos hace el juego, es funcional a nuestros miedos mas ancestrales de salir del cascarón, de ser un objetito, y transformarnos en sujetos de pleno derecho y deseo. Si sentimos culpa, NO TENEMOS OBLIGACION DE ACTUAR!!!!! La culpa, en definitiva, nos conviene…

Actuar por culpa tiene, en la mayoría de los casos, un efecto aniquilador: cuando decidimos algo en contra de nosotros mismos y por la culpa que nos genera algo o alguien, vamos a terminar, sistemáticamente, haciéndole pagar un alto precio a quien parecería ser el beneficiario de nuestro sacrificio.







 Cuando las cosas no las hacemos por amor genuino sino por culpa, algo del orden de la agresión y del odio se va a traslucir en nuestras acciones. Porque le hicimos cargar a ese supuesto beneficiario con todo el peso de no haber asumido nosotros mismos lo que realmente queremos. Cuando en realidad, la responsabilidad siempre es nuestra, aunque no la asumamos.Lacan decía que la culpa nacía de haber cedido al deseo. No importa en qué plano. Para la mente da lo mismo si se fantasea o si se lleva a la realidad. Algo del deseo mas genuino se asomó y la culpa aguijoneó.Otra de las consecuencias de vencer la culpa y asumir la responsabilidad es que no queda mas remedio, de esta forma, que empezar a tomar las riendas de la propia vida, y eso también es hacerse responsable de los demás y de lo que vamos generando cuando nos convertimos en personas “amables” al decir de Miller. Dicen algunos que el sujeto que surge de la responsabilidad no necesita refugiarse en la culpa, solo responder a su deseo. El deseo que lo transforma en un sujeto y que le permite salir de su eterno rol de paquete, de objeto.Hacerse cargo de los propios sentimientos es muy difícil. Pero absolutamente imprescindible.
La valentía y la verdad van de la mano. La mentira se escuda en la cobardía, son socias. El silencio, muchas veces, es un cómplice. Prestemos atención a los sentimientos que nos generan las personas y a los que generamos nosotros en los demás. A veces son una buena señal de como estamos internamente respecto al resto de cosas y no solo respecto a lo que aparece como lo mas directamente involucrado.
Sin valentía y sin responsabilidad no hay forma de acercarse al milagro del Amor compartido. Pocas veces es posible siquiera que se nos presente la oportunidad de conocerlo. Todo lo demás, es pura farsa.

Para amar hay que olvidarse un poquito, un ratito, de uno mismo. Hay que dejar caer todos esos ideales y esas "perfecciones" que le colgamos a ese otro, abrir los ojos del alma y mirarlo como lo que es: otro ser, imperfecto, humano, distinto a nosotros.







Lic. Gurny Citando a Lic. Inés Tornabene

miércoles, 11 de octubre de 2017

EL DISCURSO CAPITALISTA



SUJETO-RESTO:
CAÍDO POR EL DISCURSO CAPITALISTA.
MARCELO AUGUSTO PÉREZ
 “Lo que distingue al discurso del capitalismo es esto: la verwerfung, el rechazo, el rechazo fuera de todos los capos de lo Simbólico, con lo que ya dije que tiene como consecuencia. ¿El rechazo de qué? De la castración.  Todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamamos simplemente las cosas del amor, amigos míos.  Ven eso, eh? ¡No es poca cosa!”
Jacques Lacan, “El saber del Psicoanalista” – Seminario 19, 1972.
Voy a aprender a llorar sin sufrir,
Sin detenerme a mirar una flor.
(…)
Llegó la indiferencia metiéndose en mi piel
Pacientemente cruel, ¡matando mi verdad!
Saber que no me importa nada...
De alguna vibración pasada;
Y caminar narcotizado
Por un mundo helado sin amor.
Eladia Blázquez, Sin Piel.
Resumen: El texto realiza una crítica al discurso capitalista que pretende aniquilar el deseo, la Castración. Por ello reivindica el amor, como propuesta ética contra la muerte, el goce de la muerte, donde la falta es la metáfora del sujeto, donde sólo vía del Amo castrado puede hacerse futuro, donde la Castración opere como posibilidad del amor.
Palabras clave: necropolítica, biopolítica, amor, castración, capitalismo, sujeto.
Analizar significa desatar. Intento revelar en estos párrafos, cómo sólo atándose a la Castración es posible menguar el sufrimiento de la neurosis nuestra de cada día. Me valgo, para eso, de un discurso inverso al que tiene como agente el objeto: el del capitalismo. Que –a diferencia del discurso amoroso- introduce el tapón para la falta y su consecuente camino hacia un Otro ideal perfecto; goce mítico obviamente perdido desde el origen.
Como sabemos por Lacan, en el discurso el Otro está castrado y el Goce es mítico; es decir: imposible. Esto no es así en el discurso capitalista (nuevo algoritmo creado por Lacan a partir del Seminario 16 y especialmente en la Conferencia de Milan de 1972). Podríamos preguntarnos si el discurso capitalista es realmente un discurso, ya que –por definición- un discurso es lo que hace lazo, y el capitalismo –con sus objetos de acumulación- consume al sujeto y tapa sistemáticamente la falta: impulsado por el imperativo de la pulsión de muerte, no hay más que un goce que rechaza la palabra (Verwerfung) en pro de la forclusión del sujeto de deseo. Falsamente –enlace falso freudiano- el sujeto cree que podrá acceder –vía el consumo metonímico- a un Otro sin falta –sin barrar- y, entonces, a una felicidad absoluta: de allí que las promesas –en perpetuidad liberal- se afiancen en declarar que el Paraíso es posible.

En la Necropolítica, Achille Mbembe nos recuerda que el apotegma se basa “en los nuevos actores internacionales que deciden quién debe vivir y quién debe morir en un momento dado, atendiendo a criterios estrictamente económicos.  Y las nuevas guerras, en consecuencia, son actos bélicos nomádicos que realizan empresas privadas –en connivencia o no con los Estados, poco importa...– que no buscan obtener territorio ni someter a las poblaciones; tan sólo afianzar recursos estratégicos y obtener beneficios inmediatos a cualquier coste.” 

En la Biopolítica de Michel Foucault, el autor francés versa sobre la misma problemática que el autor de Camerún. Los ciudadanos son –en esta necropolítica- meros entes intercambiables donde su subjetividad queda abolida sine qua non. Claro que, hay que ser honestos, a cierto ciudadano hay algo de esto –de este goce que lo va a devorar- que le seduce y lo tranquiliza.  La voracidad del poder –vía tecnología y consumo- no es ajena a esta Demanda del sujeto poco advertido del latigazo que se viene; de la boca del cocodrilo –como diría Lacan- que se avecina glotona, hambrienta de poder. (¿Se escucha el falo en todo este andamiaje? No quiero decir que el sujeto es cómplice de este capitalismo voraz, pero el falo seduce a cualquier hijo de vecino. Paradójicamente, el sujeto queda expropiado de un plus de goce que le pertenece por estar caído al Lenguaje. Lacan dixit: “Lo que Marx denuncia en la plusvalía es la expoliación del goce”.)

Dice Clara Valverde:
                "La nueva necropolítica no necesita armas para matar a los excluidos. Por medio de sus políticas, los excluidos viven muertos en vida o se les deja morir porque no son rentables. No sirven ni para ser esclavos. Pero, ¿no es suficiente con dejarles morir sin acceso a comida, techo y atención sanitaria? ¿Por qué se desarrollan políticas y maneras de gobernar que aceleran su muerte, que aseguran que estén al límite de la vida con el “privilegio” de sobrevivir? Pues porque son una amenaza. Sin darse cuenta ni proponérselo, lo excluidos y los precarios ponen en evidencia, como cuerpos resonantes, como altavoces, todas las injusticias del neoliberalismo. Y eso, los poderosos, no lo van a tolerar porque podría inspirar solidaridad en el resto de la sociedad, solidaridad que se podría convertir en revuelta. Por eso, a través de muchas formas de violencia discreta, se aplasta, una y otra vez, a los excluidos. Se les remata. Y se convence al resto de la sociedad de que participen en esa necropolítica, no solo asegurándose de que no haya solidaridad, sino también utilizando a los “incluidos” y a los expertos para mantener a los excluidos a raya.  El neoliberalismo se mantiene, en parte, gracias a esos “incluidos” que aún creen que están a salvo, los que aún creen falsamente que son libres y los que esperan que vengan tiempos mejores por arte de magia. Por eso urge, más que nunca, la creación de una empatía radical para amenazar al neoliberalismo.” (1)

El anarcocapitalismo –término Foucualtiano- lleva directamente –vía la globalización neoliberal- al capitalismo de mercado, salvaje en cuanto el Amo-Empresarial se apodera del dominio no sólo económico sino también social.  Como sabemos, el sentido de toda Empresa es la ganancia: es decir que la lógica del discurso capitalista se da la mano con el sujeto que –haciendo mutis por el foro su castración- pretende ganar sin perder. Lo simbólico –vía lo real- cae, y lo imaginario gana: se trata de un espejo candente y siempre fálico donde la imagen toma el poder resolutivo y absoluto de dominio. Como también sabemos desde Lacan, la pulsión invocante y la pulsión escópica hacen aquí su tour conveniente: el sujeto se apodera de bienes-objetos que satisfacen (a) su pulsión  y crean la ilusión imaginaria –valga el pleonasmo- de que la totalidad sin hiancia es factible.  Dice Lacan: “Las vidrieras están llenas de plus-de-gozar y (…) mantienen a mucha gente entretenida.”  Objetos donde la voz y la mirada (celulares, televisión, playstation, etc.) cobran un tamiz por demás preponderante en la cotidianidad del sujeto. Verse al espejo y ver vidrieras permanentemente con ánimo de consumo, es verse reflejado en un goce fálico constante, donde el narcisismo cobra privilegio ante la presencia –y la dignidad- del prójimo.

Es decir, entonces, que el sujeto de deseo (determinado por lo inconsciente) se reemplaza por un imperativo de goce donde la perversión impacta contra la pregunta por la causa. Analizantes muy angustiados salen del consultorio y van a comprar algo que les permita disminuir ese afecto que los perturba. Lo mismo ocurre con los matrimonios que ya nada tienen que decir(se) o los trabajos que achanchan al sujeto o la rutina inercial y monótona del acontecer diario. De allí que en las antípodas de este discurso, está el discurso amoroso; donde una flor, un gesto, representa la falta en la que todo sujeto-amoroso se ve involucrado. Donde la falta es, obviamente, metáfora del sujeto. El enamorado puede sentirse feliz sin necesidad de visitar un shopping o sin recurrir a la compra compulsiva: una plaza, un río, un horizonte compartido; son metáforas de esas miradas que se entrelazan rememorando que sólo es el amor lo que permite condescender el goce al deseo. Es en el amor donde la castración –permutable vía la transferencia- coloca a los partenaires en una dimensión endeble y, a la vez, fortificante y reconfortante;  hermanados por el lenguaje que, por definición, está agujereado.

En el discurso capitalista –arraigado en su estirpe más evolutiva por el neoliberalismo- el mundo deja su aurea romántica y el consumismo se perfila como mero voluntariado táctico. De allí que las terapias conductuales se afianzan en estos regímenes y el psicoanálisis cae no sólo como antipático sino incluso como estéril. Recordemos a Freud entrando a los Estados Unidos: “Nos aplauden y no saben que le traemos la peste”. El sujeto, atrapado por una promesa de felicidad futura y estable que promete cierto Estado emancipado a un liberalismo salvaje, se desata también y queda desprotegido y desmontado de lo que realmente debería custodiarlo: la Castración.  “Lo que distingue al discurso del capitalismo es esto: la verwerfung, el rechazo, el rechazo fuera de todos los capos de lo Simbólico, con lo que ya dije que tiene como consecuencia. ¿El rechazo de qué? De la castración.  Todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamamos simplemente las cosas del amor, amigos míos.  Ven eso, eh? ¡No es poca cosa!”

Cuando Lacan –en Función y Campo del Habla y del Lenguaje en Psicoanálisis- cita a Antoine Tudalnos está advirtiendo que es imposible atravesar el muro del lenguaje; que no hay sujeto por fuera de éste; y que –entonces- no hay sujeto sin falta: “Entre el hombre y la mujer hay el amor.  Entre el hombre y el amor hay un mundo.  Entre el hombre y el mundo hay un muro”. En el amor el sujeto –en posición de deseante- da lo que no se tiene (su castración, su falta) a quien no es (el falo). De allí que uno no sabe lo que tiene y otro no sabe lo que necesita.  Por eso también la histérica nos enseñó que no alcanza con los bienes, y su discurso intenta colocar al Amo en posición de castrado. (“Me vas a amar más allá de lo que me das, por lo que no tengo”.) El capitalismo, en cambio, es dar lo que sí se tiene. La histérica nos ha enseñado que toda Demanda es de amor y que no alcanza con los bienes que pretende satisfacerla; quizás por eso también una flor representa todo el gesto de amor que el capitalismo pretende aniquilar. Un sujeto que lleva un ramo de flores lleva quizás todo lo que se puede significar del amor. Y supongo que no habrá sido casual que el Modelo Óptico de Lacan esté esquematizado con un ramillete de flores, cuya inversión debajo de la caja metaforiza el cuerpo perdido, al cual ya no será posible acceder sino es por artilugios de lo simbólico; es decir: de la palabra. De allí también –supongo- que el te-amo como verbo performativo, sea tan significante para una pareja de enamorados: se trata de la palabra que pone en evidencia que el sujeto que la enuncia está castrado –sin red, a la espera de un abismo-; holofrase que simboliza la falta. O, como dice el poeta del tango, la falta que me hacés.
Jacques Lacan nos enseñó a pensar que sólo la Castración introduce el deseo y que no es sin el pasaje por la angustia. Un Amo castrado (barrado) es un futuro Sujeto que puede hacerse la pregunta por su deseo. [Podríamos relacionar esto con el campo del deseo del analista: sólo cuando el analista percibe angustia en su trazo –a partir del discurso histérico de su analizante- es que lo convoca (a) su control; es decir: cuando se percibe castrado. El control del analista ratifica (o rectificará) su posición frente al Acto.]
Aprendimos con Lacan que sólo la Castración protege. El discurso capitalismo, enemigo del amor y hermano del consumo global- pretende hacernos creer que la Ley del Otro no sirve; que no ordena, que sólo es menester creer en las leyes del Mercado. Aprendimos que –al revés de lo que pensaba Freud- sin Castración suficiente se produce la Neurosis. Aprendimos, entonces, que –lejos de los que algunos autores “de la sospecha” pretenden hacernos creer, no es liberando pulsiones, voluntades y/o represiones, que el sujeto puede encontrar un lugar en su deseo; sino –es necesario repetirlo una vez más- atándose a la Castración.
 [13-DIC-2014:http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/complices-necropolitica-neoliberalismo_6_334276597.html]