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miércoles, 30 de agosto de 2017

AMOR

El Amor, la Responsabilidad y la Culpa, J. Lacan

https://www.youtube.com/watch?v=7ytnPniWJzc


Algunas de las cosas mas geniales de Lacán son las que escribió sobre el Amor. Partiendo de la base que a todos nos falta algo, que nunca vamos a llenar ese espacio y que eso que nos falta es lo que nos atormenta -algo del orden de “la insoportable levedad del ser”-, Lacan definió el Amor como “dar lo que no se tiene a quien no lo es”… Uf, que difícil explicarlo.
“Dar” no es dar regalos, cosas tangibles, “llenar” al otro con cosas, no es llenar de comida… El dar del Amor es ofrecer eso que no se tiene, eso que no se es, ofrecerle al otro eso incompleto que tenemos, eso que nos falta, sabiendo que el otro a quien nos dirigimos también está incompleto, sabiendo que ni yo te puedo completar, o sea, que no puedo satisfacer todas tus necesidades, y que vos no podés completarme, o sea, no podés satisfacer todas mis necesidades. Si yo intento satisfacer todas tus necesidades, me transformo en un objeto destinado a tapar esa falta, y si soy un objeto, soy una cosa, no un sujeto (sujeto, en Psicoanálisis es algo mas que decir “persona”). Pero vamos a no cesar de intentarlo cada día. pero vamos a intentar, todos los días, de entendernos pese a ese malentendido que es, nuevamente según Lacan, la relación entre un hombre y una mujer.
Amor es dar eso insoportable. ¿Dar? ¿Ofrecer? Parecería mas un ofrecer, porque siempre está abierta la posibilidad de que el otro no acepte. Este es el riesgo del Amor. Por eso cuando descubrimos que amamos caemos en una situación de precariedad, ya que sin darnos cuenta nos vamos colocando a merced de la voluntad del otro. Ese otro, tan incompleto y necesitado como nosotros, ahora tiene el poder de aceptarnos o no… La historia personal de cada uno será determinante para ver como se tolera esta instancia. La calidad de los primeros objetos, como están introyectados, nos hará mas vulnerables, esperanzados, seguros, paranoides, indolentes, etc, etc, etc.
Raramente nos acordamos que nosotros también tenemos la posibilidad de pegar “la media vuelta” y no sufrir…
Si yo te quiero para que me completes, te anhelo como un objeto, y eso te sigue dejando en una situación de “paquete” que te ponen en un lado u otro. Surgir como sujeto es reconocer qué querés vos, cuales son tus necesidades, tus deseos, tus vulnerabilidades, tus fortalezas y animarte a no ser un objeto de los demás, a no ser un paquete que sacan de un lado y ponen en otro de acuerdo a los deseos de los demás. Esto tiene que ver con hacerte la pregunta “¿Qué quiero yo?”.
Jacques Alain Miller, el principal discípulo (y yerno) de Lacan, dice que el Amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable… Y el Amor es lo que permite soportar esa verdad, porque esa verdad nuestra es sumamente difícil de aguantar, porque siempre se trata de lo mismo, de darnos cuenta que nos falta algo y que no encontramos forma de satisfacer eso.
Y nunca hay forma.
En una entrevista que le hicieron a Miller, le preguntaron qué es verdaderamente amar. Y dijo algo fabuloso: “Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre uno mismo. Amamos a aquel o aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”.
Lacan también decía algo que se malinterpretó muchas veces: “el Amor siempre es reciproco”. Explica Miller en esa entrevista: “No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir: “Si yo te amo, es que tu eres amable” (amable en el sentido de ser alguien a quien se puede amar, que genera amor en otros, aclaración mía que no figura en la entrevista). “Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es reciproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizás tu mismo no conozcas.” Eso no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado”.
¿Y qué pasa con la culpa? ¿Qué pasa cuando no logramos darnos permiso ni siquiera para sentir? Desde el Psicoanálisis se nos propone desvictimizarnos, salir del lugar de la victima, la victima de las circunstancias y del tormento interior y, en consecuencia, en vez de decir “me siento culpable” asumir la responsabilidad por lo que sentimos. Una “ética de la responsabilidad” es salir de la “ética de la culpa”…. Claro, no es fácil. La culpa nos paraliza, no nos deja actuar… En definitiva, la culpa nos deja en suspenso, y logra que no avancemos… Nos hace el juego, es funcional a nuestros miedos mas ancestrales de salir del cascarón, de ser un objetito, y transformarnos en sujetos de pleno derecho y deseo. Si sentimos culpa, NO TENEMOS OBLIGACION DE ACTUAR!!!!! La culpa, en definitiva, nos conviene…
Actuar por culpa tiene, en la mayoría de los casos, un efecto aniquilador: cuando decidimos algo en contra de nosotros mismos y por la culpa que nos genera algo o alguien, vamos a terminar, sistemáticamente, haciéndole pagar un alto precio a quien parecería ser el beneficiario de nuestro sacrificio. Cuando las cosas no las hacemos por amor genuino sino por culpa, algo del orden de la agresión y del odio se va a traslucir en nuestras acciones. Porque le hicimos cargar a ese supuesto beneficiario con todo el peso de no haber asumido nosotros mismos lo que realmente queremos. Cuando en realidad, la responsabilidad siempre es nuestra, aunque no la asumamos.
Lacan decía que la culpa nacía de haber cedido al deseo. No importa en qué plano. Para la mente da lo mismo si se fantasea o si se lleva a la realidad. Algo del deseo mas genuino se asomó y la culpa aguijoneó.
Otra de las consecuencias de vencer la culpa y asumir la responsabilidad es que no queda mas remedio, de esta forma, que empezar a tomar las riendas de la propia vida, y eso también es hacerse responsable de los demás y de lo que vamos generando cuando nos convertimos en personas “amables” al decir de Miller. Dicen algunos que el sujeto que surge de la responsabilidad no necesita refugiarse en la culpa, solo responder a su deseo. El deseo que lo transforma en un sujeto y que le permite salir de su eterno rol de paquete, de objeto.
Hacerse cargo de los propios sentimientos es muy difícil. Pero absolutamente imprescindible.
La valentía y la verdad van de la mano. La mentira se escuda en la cobardía, son socias. El silencio, muchas veces, es un cómplice.
Prestemos atención a los sentimientos que nos generan las personas y a los que generamos nosotros en los demás. A veces son una buena señal de como estamos internamente respecto al resto de cosas y no solo respecto a lo que aparece como lo mas directamente involucrado.
Sin valentía y sin responsabilidad no hay forma de acercarse al milagro del Amor compartido. Pocas veces es posible siquiera que se nos presente la oportunidad de conocerlo. Todo lo demás, es pura farsa.

Sabemos que el amor ha sido uno de los temas más caros al ser humano. Ahí asistimos al hecho trascendental de que la cultura consiste, en buena medida, en un cúmulo de historias que involucran pasiones, acicates, violencias, uniones, sufrimientos, heroicidades y abatimientos, en nombre del amor.
Lacan habló de amor, también. Y se refirió al tema desde distintos ángulos, como no podría ser de otra manera, por el autor, y por lo difícil de tratar un tema tan escurridizo y que trasvasa tantos aspectos de la experiencia humana. Y porque el psicoanálisis es una apuesta que inicia con el amor (¿tan sorpresiva fue, realmente, la transferencia para Freud cuando se aventuró a tratar con el inconsciente?) y tiene, al final del recorrido de un análisis, algo nuevo que tramitar en cuanto al amor.
"Dar lo que no se tiene" (decía Lacan con respecto al amor) tiene que ver con el concepto de falta, en la enseñanza de Lacan, pues amar es mostrarse en falta, revelar que algo quiere alcanzarse en el otro. Es por esto que el amor involucra a la castración, y amar es un poco experimentar esa falta, esa castración.No somos superhéroes. Simplemente humanos imperfectos.
Es el amante (erastés) el que activamente ubica en aquél amado (eromenós) el objeto que puede obturar la falta propia. El interjuego de la verdadera metáfora del amor, sería que se logre la inversión a nivel del objeto de amor: que el eromenós devenga a su vez amante, que se convierta en sujeto en falta. Un exquisito análisis de El banquete, de Platón, desarrolla Lacan en su Seminario VIII, La Transferencia, haciéndonos entender no solamente la temática central del amor revelado en la transferencia en el dispositivo analítico, la metáfora amorosa, la elección del objeto de amor en el sujeto, etc, sino, y muy especialmente, nos enseña respecto del lugar que ocupa el analista en la cura, a quien el paciente, por estructura, desliza su demanda de amor y le instituye como objeto de amor (eromenós).
La transferencia es un asunto de amor, visualizó Freud desde el principio.
Amor es lo que engaña, decía Lacan, porque es donde se cree en la ilusión que dos pueden hacen uno.
Pero también es fundante el amor en psicoanálisis porque en el amor se trata siempre de suponerle saber al Otro con respecto a algo que concierne íntimamente a cada uno de nosotros. Miller lo describe como: amo a aquél a quien le supongo un saber sobre mí que desconozco.
J. A. Miller elabora el concepto de amor como el lazo que anuda el saber y el inconsciente, pues amando al saber inconsciente es como único podría inaugurarse una experiencia de análisis: suponiéndole al inconsciente (/A) un saber a descifrar. De esto se trata el amor al saber del inconsciente : que, para que el inconsciente exista como saber, hace falta el amor.
Pero también me interesa desarrollar una frase más lapidaria de Lacan con relación al tema del amor: "Sólo el amor permite al goce condescender al deseo", que avanza en su Seminario X (La Angustia, Pg.194) y que involucra a estos tres conceptos en interrelación, al hacer del amor un mediador entre el goce -autoerótico, del Uno- con el deseo -que tiene que ver con el campo del Otro, y con lo incesante de la búsqueda del objeto en los predios del Otro-.
Tendríamos que introducir también en esta interrelación goce/amor/deseo, que las condiciones de elección del objeto de nuestro amor, las causas de nuestro deseo y las fijaciones de goce están cristalizadas e interrelacionadas entre sí para cada uno de nosotros de una manera particular. Por lo que, cuando se habla de amor, necesariamente puede tenderse también el arco de la línea del deseo en ese sujeto, y pueden atisbarse ciertas fijaciones libidinales, de goce, al escoger a este y no a otro partenaire. Es el amor condicionado por el modo de gozar de cada quien. O también podríamos decir, en el amor está escondido, velado, el objeto a, objeto de deseo.
La manera en que puedo aprehender el sentido de esta frase lacaniana de que "sólo el amor permite al goce condescender al deseo", tiene que ver precisamente con la articulación posible entre el goce (la satisfacción que se procura sólo del Uno -autista, se ha dado en llamar también- sin la intervención del A, pues el goce es siempre goce del cuerpo propio) y el Otro, en la primigenia constitución del sujeto como tal. El sujeto surge (Esquema del cociente del sujeto, Seminario X) de esa necesaria operación del significante (del Otro) sobre la Cosa, el goce mítico. Y, de esta operación, que no es nunca completa, que siempre deja un resto no simbolizable, una hiancia de no reabsorción del goce por entero en el Otro, queda el objeto aźnica posibilidad de acceder a encontrar en el Otro ése objeto para la satisfacción pulsional.
Es decir, el circuito consiste en cómo se involucrará en la cultura (Otro), a partir de entonces, el goce de las pulsiones a través del objeto a (aquí se tomarán como semblantes del objeto a, todos los objetos de las pulsiones parciales: pecho, heces, etc). Y he aquí que entonces, el sujeto va a buscar en el Otro el objeto de satisfacción de su pulsión.
Recordemos que el objeto a sería el sustituto de aquél objeto perdido para siempre (Freud), sería el molde hueco que soportará los objetos de la pulsión.
Miller añade que "es en el campo del Otro donde la pulsión encuentra los semblantes necesarios para su autoerotismo…" (El síntoma charlatán, Pg 49)
Por tanto, el amor sería un lazo que permitiría ir del Uno al Otro, esto es, del goce del Uno, a la búsqueda de un objeto de deseo (campo del Otro) que civiliza en su insaciabilidad. Porque el sujeto trata, por la vía del amor, de inscribir su goce propio en una relación con el Otro. Así, el lazo del amor (esa fuerza que une, que busca siempre a otro) es el intermediario casamentero que hará condescender al goce en el campo del deseo.
Las dificultades del encuentro entre los sexos, es una cuestión estructural (Lacan lo decía: no hay relación sexual) pues no hay nada escrito o predestinado que adjudique al sujeto su objeto de satisfacción, o la complementariedad. Y si no hay nada escrito, hay todo por tratar de escribir allí: el amor puede ser el engaño que vele esta falta, puede ser, pues, un semblante más, allí, ante lo real.



Lic. Diana S. Gurny citando a la Lic. Inés Tornabene –




sábado, 29 de julio de 2017

El psicoanálisis es en esencia una cura a traves del amor


 Sobre el Amor

El psicoanálisis es esencialmente una cura a través del amor, un "amor transferencial" del cual no me voy a ocupar en este espacio ya que ahondaré el tema del "amor cortés" y sus avatares, aquella forma de amar que Lacan analizó y tomó como base y ejemplo para explicar el amor transferencial.



El Amor Cortés,es un modelo de la Sublimación:
El amor cortés era un concepto literario de la Europa medieval que expresaba el amor en forma noble, sincera y caballeresca, y que se origina en la poesía lírica en lengua occitana. El trovador, poeta provenzal de condición noble, y más respetado que los juglares plebeyos, era la figura destacada en este tema. La relación que se establecía entre el caballero y la dama, era comparable a la relación de vasallaje. Generalmente, el amor cortés era secreto y entre los miembros de la nobleza; dado que los matrimonios eran arreglados entre las familias y se realizaban por conveniencia, el amor cortés no era un amor bendecido por el sacramento del matrimonio, en el seno de parejas formales; sino, en la mayoría de los casos, adúltero o prohibido,
 Para el amor, Lacan recurrió a los poetas, a los pintores, a los mitos (que en ocasiones inventa), a ciertas fórmulas frías que no están allí sino para funcionar como slogans, soportes de un rumor, no como enunciados de los que habría lugar para dar cuenta teóricamente. Agreguen a esto ciertos lapsus sonoros y captarán que el amor habita en Lacan de otra manera que como un objeto a teorizar. Pero hay algo más decisivo aún. Algunas figuras del amor han dado lugar a teorías, otras no, lo que retorna para decir que teorizar el amor supone elegir ya un cierto tipo de amor. Hay amor con teoría y amor sin teoría. Lacan tuvo que vérselas con esta alternativa, especialmente cuando recurre a los trabajos de Pierre Rousselot, y ahí su elección es clara: deja de lado al amor físico y brinda su preferencia al amor extático, aquel que no había dado lugar a una teoría y que no había tenido necesidad de ser teorizado para divulgarse con efectividad, como una epidemia. Entonces, Lacan logró una cierta e inédita apreciación sobre el amor, lo que yo creo poder afirmar, estándole cortada la vía que hubiera consistido en ofrecerle a sus alumnos una presentación teórica acerca del tema.



Entre los siglos XI y XII surgirá en Francia, para extenderse luego en otros países. Sus iniciadores fueron los trovadores cátaros del territorio del Languedoc que abarcaba parte del sur de Francia, pero que influyeron en gran parte de Europa. Poetas y cantantes que habitaban en los palacios, en la corte. Es decir, que con frecuencia se trataba de la elite aristocrática, aunque no exclusivamente. Aquello por entonces se conoció como fine amour, amor sublime, amor afinado, depurado, pero no en el sentido platónico. Se trata de un amor hasta el fin, un amor llevado a sus límites extremos, Lacan nos dirá que "sus repercusiones éticas aún son sensibles en las relaciones entre los sexos". No se trata sólo de una modalidad de amor, sino además de una creación literaria; para Lacan implica un paradigma de sublimación, en tanto está en referencia a Das Ding, a esa Cosa que Freud aisló como el primer exterior en torno al cual se organiza todo el andar del sujeto con relación al mundo de sus deseos, ese objeto que, por naturaleza, está perdido. Ese Otro absoluto que se procurará reencontrar, pero como mucho sólo reviviremos en sus coordenadas de placer, esto es la nostalgia. La sublimación eleva un objeto a la dignidad de la Cosa. El amor cortés tendrá que ver con la sublimación del objeto femenino.


Los trovadores crearon un nuevo género poético –la poesía cortés escrita en lengua vulgar o romance– así como un nuevo código de amor. El amor cortés fue tanto una creación poética, como un ideal social y un código de amor. La poesía de los trovadores era acompañada por la música; el poeta recurría al artificio de combinar su voz con la música para seducir los oídos de la dama. Sus cantos exaltaban un amor noble y refinado contrapuesto a lo burdo de la copulación y la reproducción. Su ideal era tanto una ascética como una estética. Había tanto la aspiración de ascender espiritualmente al contacto con el objeto amoroso como la idea de hacer una obra de arte de las relaciones amorosas. Los poetas hacían alusión a lo difícil que era acceder al lugar del amor. En cuanto al código de amor, que dio origen al ritual del amor cortés. Acatar las leyes de amor (mesura, servicio, proeza, larga espera, castidad, secreto y gracia) permitía al poeta acceder a la alegría y al verdadero amor.

Con los conceptos de amor purus y amor mixtus, Capellanus sintetiza dos vertientes de amor cortés: El amor puro es el que une a los amantes con toda la fuerza de la pasión; consiste en la contemplación del espíritu y de los sentimientos del corazón; incluye el beso en la boca, el abrazo y el contacto físico [...] con la amante desnuda, con exclusión del placer último, pues éste está prohibido a los que quieren amar puramente. En tanto, el amor mixto, que incluye todos los placeres de la carne y llega al último acto de Venus. [...], es también un amor digno de elogio, aunque por él amenacen muy graves peligros.

El amor cortés revela como el amar era un arte en el sentido antiguo; un saber práctico, una técnica. La literatura cortesana muestra un arte de amar, cómo decir un saber y practicar el amor, una enseñanza del amor. Ars Amandi, el arte de amar es una expresión antigua, título de un poema de Ovidio, quien considera al amor como una técnica susceptible de ser enseñada, comparándolo con la navegación o la conducción de un carro, se trata de una técnica de la seducción. En la Edad Media Ovidio encontró a sus más apasionados lectores, pero no se conformaron con imitarlo, se ha dicho que la que en esta época se inventó una idea nueva y original del amor, como suele pasar en estos casos reveló algo de la verdad en juego, tomando en serio al deseo. El amor es tomado en su naturaleza paradójica y contradictoria. Un amor que es alegría pero también sufrimiento. Los trovadores utilizaban la palabra joy, que si bien participa de la alegría era diferente, se trata de una joya en la que la alegría del amor contempla la presencia de cierta sombra. La insatisfacción era considerada como una esencia del deseo, verdad que nos revela la clínica de la histeria. Por otro lado, los obstáculos en juego llevan a la exaltación del amor.

El amor cortés medieval resulta ejemplar para evidenciar un modo de elusión de la castración, estrategia última de toda conducta virginal. En su seminario Aún, Lacan se refiere al truco que supone en los siguientes términos: "Una manera muy refinada de reemplazar la ausencia de relación sexual fingiendo que somos nosotros quienes ponemos un obstáculo en su camino".
... q'ieu e midonz jassam / en la chambra on amdui nos mandem / uns rics convens don tan gran joi atendi, / qe.l seu bel cors baisan rizen descobra / e qe.l remir contra.l lum de la lampa.

... que yo y mi señora yazcamos en la cámara en la que ambos fijemos una preciosa cita, de la que espero tanto placer que descubra su hermoso cuerpo, besando y riendo, y que lo contemple contra la luz de la lámpara.

El amor para Lacan:

"Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es".
(Ser Otro... para la madre).



El amor no es pues solamente narcisista. Tiene función de suplencia. A falta de la existencia de la relación sexual, es al amor al que le toca suplirla. En la ilusión, ciertamente. Ilusión de que esa famosa relación existe, que nosotros no formamos sino uno, que uno se comprende más allá de las palabras. Pero no solamente en la ilusión. El amor se pretende también signo, y goce, y compromiso, es decir síntoma, para suplir efectivamente a la relación que falta entre los sexos.

Que el signo de amor del partenaire sea esperado más allá de sus declaraciones de intención amorosa es un hecho clínico patente. El signo no es el sentido y el don no es el amor. El único signo de amor que valga efectivamente es dar lo que no se tiene, como lo señala Lacan en el Seminario IV: no hay un don posible más grande, un mayor signo de amor, que el don de lo que no se tiene. Hasta especifica en el Seminario siguiente que poco importa que aquel al que se le hace el don tenga o no tenga, aquello de lo que se trata, ya que lo esencial es que no lo tenga aquel que lo da. Que el hombre apurado ofrezca su tiempo, la mujer pobre su falta en ser, el infiel su fidelidad, el inconstante su constancia.



Es el ya conocido:

"Contigo soy distinto, soy Otro".

Pero ese signo encierra una paradoja ya que al dar lo que no se tiene, uno puede darse cuenta de que no lo tiene, “no tenerlo” evoca inevitablemente el falo, y así, cuando el padre muestra un amor excesivo hacia la madre, es sospechado, por el niño, de no tenerlo.(Lacan, Seminario V).

El aforismo de Lacan, “Solo el amor permite al goce condescender al deseo” (Seminario X), es de un orden muy distinto al signo de amor. Más bien introduce al amor en su función de velo con relación a lo real, es decir en relación al goce. Jacques- Alain Miller lo comenta así: “en la vertiente del amor, el objeto real es elevado a la dignidad de objeto simbólico “, lo que hace pasar de la satisfacción de la necesidad a la metonimia del deseo (Cause freudienne Nº 58). El amor y la angustia están ambos entre goce y deseo. El amor como velo, la angustia como lo que no engaña.

En el Seminario XX, Lacan hace muy explícito el lazo entre el amor y el goce. No se trata del mito de Aristófanes, es más bien la disyunción de los dos lados del drama sexual. Lado macho, “lo que aborda, es la causa de su deseo (…), el objeto a. He ahí el acto de amor. Hacer el amor, como el nombre lo indica, es poesía. Pero hay un mundo entre la poesía y el acto. El acto de amor, es la perversión polimorfa del macho…” (Lacan, Seminario XX). El acto de amor del macho es el goce fálico en tanto que es autista, sin Otro, sin incluir el amor y no pasando sino por la causa del deseo. Es a lo sumo el amor de la laminilla, con la que Lacan le responde a Aristófanes en el Seminario XI. Un amor sin amor, que prescinde del Otro. Es el goce del idiota. Siendo el lado homo el que se contenta en silencio. Lacan va más allá de la posición de Freud en la más común de las degradaciones del amor.

Lado mujer, el amor está incluido en el goce. En otras palabras: no puede ser sin palabras, ya que, en efecto, “hablar de amor es en sí un goce” (Lacan, Seminario XX). Y hasta: “es hablando que se hace el amor” (Lacan, Seminario XIX, 4/5/72). Hablar implica al Otro, lo hetero. Es lo que le permite a Lacan escribir: “llamemos heterosexual por definición al que ama a las mujeres cualquiera sea su propio sexo” (Lacan, El Atolondradicho). Para Lacan el amor está forzosamente del lado mujer, con lo que contiene de obra civilizadora. Aquí no hay silencio posible sino más bien un goce que puede llegar a la mística. El goce femenino, el Otro goce del que habla Lacan en el Seminario XX es suplementario al goce fálico, que no por eso escapa a las mujeres. Suplementario se opone acá a complementario. El complemento aseguraría una relación (matemática) entre los sexos. El suplemento no asegura nada de eso. Es un bricolaje de apoyo.
"En efecto lo único que hacemos en el discurso analítico es hablar de amor", (Jacques Lacan).



Jacques Alain Miller y el amor:

Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”.

Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su “castración”, como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Sólo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.

Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina.

Lo que es una objeción a la solución aristotélica es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.

Freud y la disparidad de los sexos:

El psicoanálisis debería poder ayudar a orientarse sobre esta disparidad, que es hoy nuestro tema. Ya que es un punto sobre el cual desde el principio, con Freud, el psicoanálisis avanzó con firmeza y logró mantener como un bastión, como una adquisición. El punto sobre el que Freud avanzó es que hay una profunda disimetría entre la posición masculina y la femenina; la centró sobre las enseñanzas que empero resultaban dudosas a las psicoanalistas mujeres, en el momento en que numerosas mujeres hicieron su entrada al psicoanálisis.

De entrada, Freud subrayó que lo que es muy profundamente disimétrico, es la anatomía, es el órgano. El órgano masculino es evidente, el órgano femenino permanecería oculto. La teoría de la castración fue en principio formulada en Freud a partir de un tipo de evidencia imaginaria que es del orden de la representación: no se ve lo que tienen las niñas. Entonces el razonamiento que sostiene el varón es: si hay seres humanos que no necesariamente tienen el pequeño apéndice que yo tengo, y bien, entonces puedo perderlo. Es el famoso régimen del terror del varoncito: la amenaza de castración.

Freud no lo vio enseguida. En 1909 todavía, es decir alrededor de diez años después de haber comenzado la práctica del psicoanálisis, con el pequeño Hans, considera que si ese niñito de cinco años que él analiza tiene una fobia, es sin duda porque sufre un complejo de castración. Es un caso particular, no está todavía generalizado. Recién después del análisis del pequeño Hans Freud va a generalizar el complejo de castración para el varón y a considerar que todos viven bajo el régimen del terror y que no hay manera de evitarlo. Se puede ser gentil, o gracioso se puede hablar de todo esto, ni siquiera es obligatorio decirle: "si no te portas bien te la cortaremos", etc.; aunque quitemos toda esta retórica de la amenaza, ésta está siempre allí, el niño se las arregla continuamente para vivir con eso.

A medida que Freud generaliza esto, se plantea la pregunta: ¿y para las niñas qué? Recién diez años después, en los años veinte, generaliza una posición para la sexualidad femenina. Observa que en las niñas, la gran diferencia es que no viven bajo la amenaza de la castración, por el contrario tienen una actitud activa al respecto: en el lugar de la amenaza que pesa sobre el varón, las niñas tiene una certeza: no lo tienen, entonces van a buscarlo. De este modo Freud da cuenta de la mayor vivacidad intelectual de las niñas; observa también en la adolescencia –esto siempre sorprende– el carácter completamente atontado de los varones y el carácter mucho más despierto de las niñas; del lado varón, el carácter especialmente perdido, siempre en la adolescencia; del lado niña el carácter mucho más decidido, aunque éste también puede extraviarse.

Esta oposición construye una asimetría de la vida amorosa, marcada, una de ellas, por la amenaza y la angustia de castración y la otra por la certeza de saber lo que se quiere, sólo que con una amenaza muy particular: para la niña, es necesario el amor del otro, aquel del que va a tomar lo que le falta. De allí la amenaza particular que marca la vida femenina: la amenaza de la pérdida de amor; y esto instala en efecto el amor lado niña en una posición particular, disimétrica de la posición masculina, clavada a un objeto y a la presencia de la angustia.

Esta oposición, que instala el amor en este lugar distinguido permite, en efecto, dar cuenta a través de los años en la literatura, cuando las mujeres han podido expresarse sobre esto, de la importancia que toma el amor cuando tenemos huellas de esto. Pero por el contrario deja una pregunta, la que Freud formuló en los años treinta: “¿Qué quieren las mujeres?”

Todo el problema es: porqué Freud construyó esta pregunta si aparentemente había encontrado una respuesta: “¿qué quieren las mujeres?". – Respuesta: quieren ser amadas.

Así, la teoría de la no relación implica que el goce que nos es dado no encaja con la relación sexual. Entonces el goce constituye un synthome. El synthome de Lacan es simplemente el síntoma, pero generalizado, el síntoma en tanto no hay pulsión sexual total. Constituye un síntoma, pero un síntoma que es irreductible.

Permanece el amor. El amor que Lacan no arranca de su raíz imaginaria cuando dice que este amor crea la ilusión de una relación sexual. Esto es lo que distingue al goce del amor. Hay un goce en hablar del amor, en vivir el amor, en escribir cartas de amor –o e-mails, claro. Este goce es al mismo tiempo lo más distante y lo más cercano, topológicamente, con respecto a la relación sexual que no existe.


Slavoj Zizek y la no relación sexual:

Slavoj Zizek tiene un muy buen ejemplo, que comentamos en el Seminario, así que ya han oído parte de esto.

Hace un par de años, retransmitieron un anuncio de cerveza encantador en la televisión británica. Es del año 1994. En la primera parte se podía ver el conocido cuento de hadas: una joven camina junto a un arroyo, ve una rana, la posa cuidadosamente en su regazo, la besa y, por supuesto, la fea rana milagrosamente se convierte en un apuesto joven.


Y la historia no termina ahí: el joven mira a la bella con ojos deseantes, la atrae hacia sí, la besa – y ese beso la convierte en una botella de cerveza, que el hombre esgrime triunfante entre sus manos.

Del lado de la mujer, sucede que a través del amor una rana puede convertirse en un apuesto hombre -en una presencia fálica plena-; del lado del hombre, en cambio, la mujer quedará reducida a un objeto parcial -la causa de su deseo- un objeto petit a.

Es por la razón de esta asimetría que no hay relación sexual: o bien tenemos a una mujer con una rana, o bien tenemos a un hombre con una botella de cerveza.

Lo que no podemos obtener es la pareja natural de mujer y hombre: el sostén fantasmático para esta pareja ideal sería la figura de una rana abrazada a una botella de cerveza.

Tenemos, en cambio, dos fantasías: cada uno de los dos partenaires está involucrado en su propio fantasma subjetivo -la joven fantasea con la rana que es un príncipe, el hombre con la joven que es una botella de cerveza-.

Lo que el arte y la escritura modernas oponen a esto no es la realidad objetiva sino lo "objetivamente subjetivo", esto es, los fantasmas subyacentes que los dos sujetos nunca son capaces de asumir. Algo semejante a un cuadro de una rana abrazada a una botella de cerveza, bajo el título "Hombre y mujer" o "La pareja ideal".


El goce y sentido del síntoma:

Para el psicoanálisis, según la lo estableció Lacan, la mujer tiene un goce erotomaniaco, donde la certeza de saberse amada, le permite abrirse a un "otro goce", que a su vez la remite al "goce fálico" (genitalidad), ese otro goce es el de la palabra que le permite amar como reflejo de ser amada, sin embargo hay casos donde el otro goce está bloqueado-muerto (ya no cree mas en promesas de amor), y solo puede acceder al goce fálico, sintiéndose insatisfecha de relación en relación (por no sentirse amada), el hombre a su vez goza a la mujer como su objeto fetiche, porque representa lo que para el es único, es aquella mujer que logró encajar el fantasma materno, el reservorio perfecto, ante el cual goza en silencio... contemplándola.

Es la mujer para el hombre "un síntoma", ya que su ausencia provoca dolor, hablar de ella, pensar en ella escribir sobre ella, es un intento de evitar la sintomatología, la cual solo disminuye en su presencia, por otro lado es el hombre para la mujer "un estrago", un estrago como daño moral, donde la culpa enciende la compasión, algo como: "si el me ama tanto y es tan dulce conmigo... ¿porqué no lo amo? = ¿porque no amarlo? = debería amarlo", ese estrago es lo que le permite abrir la puerta al otro goce, en el cual ella necesita "ser hablada", la mujer reclama un ¡háblame!, un convénceme, enamórame, libérame, (miénteme).


Goce absoluto, goce fálico y goce femenino:

Lacan retorna al mito freudiano del padre originario, el padre de la horda primitiva de Tótem y tabú, para poder sostener el goce sexual como goce absoluto. En el mito del padre de la horda primitiva, éste se reserva para sí un libre goce sexual, de tal manera que goza de todas las mujeres. Este padre originario obliga a todos los hijos a la abstinencia y a establecer lazos en los que sus aspiraciones sexuales están inhibidas en su meta. Ese tiempo originario del mito freudiano es un tiempo anterior al Edipo, un tiempo en el que el goce es absoluto, puesto que no ha intervenido todavía ninguna ley. Al matar al padre y comerlo, los hijos arrepentidos se prohíben el parricidio y gozar de la madre, instaurándose el tiempo del Edipo, sistema simbólico donde se transmite la ley.

Ese padre originario, que no está sometido a la castración, es el soporte del fantasma de un goce absoluto, tan inalcanzable como el lugar del mismo padre originario. Para el hombre, no existe más goce que el goce fálico, es decir, un goce limitado, sometido a la castración, goce fálico que constituye la identidad sexual del hombre. ¿Y la mujer? Para las mujeres no hay un equivalente del padre originario, no hay un padre originario que escape a la castración. Para ella, el goce del Otro, a pesar de ser imposible para la mujer, no sufre, sin embargo, la interdicción de la castración.

El goce femenino es por lo tanto un goce distinto, y sobre todo, un goce que no tiene límites. Lacan lo llamó «goce suplementario» en su seminario Aun (1972-1973), seminario donde él teoriza el goce femenino desprendido de toda referencia biológica o anatómica y en el que elabora su teoría del proceso de la sexuación, tanto en hombres como en mujeres, y que es enunciada por medio de un conjunto de fórmulas lógicas. La existencia de este goce suplementario, inconocible para el hombre e indecible para las mujeres, funda la sentencia lacaniana según la cual «no hay relación sexual», desarrollada en el seminario …o peor (1971-1972). Decir que «no hay relación sexual» significa que no hay complementariedad entre los goces masculino y femenino, que ambos goces son diferentes, que el goce fálico y el goce Otro de la mujer no están hechos el uno para el otro. Esto explica, en gran medida, el desencuentro permanente que hay entre los hombres y las mujeres.

Así pues, el concepto de goce es repensado en éste momento por Lacan con relación a la constitución de la identidad sexual del sujeto, la cual fue expresada en fórmulas, denominadas en el lacanismo, las «fórmulas de la sexuación», las cuales llevan a distinguir dos tipos de goce, y sólo dos: el goce fálico, que no es exclusivo de los hombres -muchas mujeres lo comparten-, y el goce femenino o goce suplementario, que no es exclusivo de las mujeres -hay hombres que gozan femeninamente-.

Conclusión:

El tipo de amor que mas estudió Jacques Lacan lo denominó "amor cortés", (amor clásico), donde el hombre se entrega a la mujer, se feminiza ya que amar es entrar a una posición femenina donde se asume la castración y recupera en la relación con la mujer-madre, ese "objeto a" perdido (remanente caído de la resolución edípica) que lo llena y completa como ilusión pese a la disparidad en el amor producto de la no relación sexual (relación en sentido estricto a relacionar un objeto con otro), se deja de ser uno y pretende ser Otro, un Otro que se muestra como lo que no es y da lo que no se tiene: "amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es" (ser Otro para la madre).


Conceptos:

Objeto a como objeto de deso inalcanzable u objeto metonímico "causa del deseo". Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular –o un conjunto de rasgos– que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer!.

El objeto a cae ante la castración, se recupera en el amor como esa sensación de sentirse completo en unión con la madre nuevamente, la mirada, la voz, las sensaciones que lo hacen sentirse en presencia de aquella primera experiencia perdida de amor.

H= Hijo
M= Madre
a= Objeto a

Posición masculina y posición femenina - matemas:

Para hablar de la disimetría hombre-mujer Lacan expone las siguientes fórmulas en las que ejemplifica como se posicionan de un lado o del otro con respecto al falo y la diferencia sexual:

Significado de las nomenclaturas:

Φ (Fi) Significa una función: Tener o no tener el falo
X= Lugar Hombre o mujer
ΦX= Aduce que cualquier x tiene el falo o, no lo tiene lo que referiría negación de la función fálica (castración)
x Φx= Todo sujeto es fálico (o todos están bajo el rubro de la castración)
x Φx= Existe al menos un x que no tiene el falo. Existe al menos uno que no está castrado: el padre imaginarizado en la histeria (padre mítico de la horda primitiva), o la madre fálica.




D.S.G.


miércoles, 26 de julio de 2017

MALTRATANDO AL AMOR

AMORES QUE MATAN
."Tenemos que trabajar el placer que se obtiene posponiendo una decisión apremiante y la posibilidad de la persona de salir de una zona de confort, consentir en salir de su posición de objeto mudo, de su fantasma de soledad y en arriesgarse a poner en juego su deseo.Poder salir de esa posición de goce mortífero, separarse de él, no sabemos cuánto pero quizás lo suficiente para que se abra un deseo, es decir, para que ella se abra una nueva posibilidad y se ponga del lado de la vida"....

Voy a tratar el maltrato en una relación donde la mujer es objeto de él por parte de supareja, un hombre en los dos casos:"Amores que matan"(cortometraje) y "El Hombre del Puzzle"( cortometraje  Los dos dan cuenta, además, del título
de esta plenaria, “En nombre del amor”, en tanto  ilustran como los
partenaires; en la relación de maltrato justifican con estas
palabras sus acciones o su posición: en nombre del amor maltratan, en
nombre del amor se dejan maltratar. En una de las parejas, solo la muerte
hace de límite y pone fin a la relación.

Pero, ¿eso es amor?
Esta pregunta surge habitualmente en la calle no solo en estos casos sino en
todos aquellos otros en los que alguien hace daño a otro en nombre del amor.
Para responder a ella habría que ver cada caso, pero podríamos decir de
entrada que sí, que eso puede ser amor. El amor tiene muchos registros yalgunos son totalmente mortíferos. Esto es lo que encontramos en elBanquete de Platón, donde algunos personajes ilustres de la época dialogandespués de comer, durante el simposio, sobre su origen y su naturaleza.
Aristófanes, el mayor representante de la Comedia Antigua, hace entonces su
discurso e introduce en él un mito: al principio de los tiempos no habían
existido hombres y mujeres sino unos seres hermafroditas, mucho más
perfectos que los primeros. Estos seres habían intentado escalar al cielo para
retar a los dioses y, como castigo, estos les partieron por la mitad dando así
lugar a los dos sexos. Los nuevos seres, hombres y mujeres, deambulaban
entonces por la tierra tratando de reencontrar su otra mitad sintiéndose
totalmente desgraciados sin ella. Podemos reconocer aquí la conocida ilusión de la media naranja, de la complementariedad con el otro, que tantas decepciones, incluso estragos, produce frecuentemente.
Sin embargo, el mito no acaba aquí. Hay una segunda parte: Aristófanes
cuenta que si bien estos hombres y mujeres recorrían el mundo invadidos por
la nostalgia de aquella unidad primitiva perdida, si por casualidad
encontraban su otra mitad, la situación solo mejoraba en apariencia porque
era tal la alegría del reencuentro, que se abrazaban intentando fundirse en
uno para que no volvieran a separarlos, desinteresándose de todo lo demás
hasta dejar incluso de comer, por lo que terminaban muriendo de inanición.
En fin, ¡podemos decir que es mejor cierta nostalgia! En otras palabras, el
deseo requiere que falte algo para ponerse en marcha. Y si dejamos de desear...
El mito nos habla del lado mortífero del amor, que se presenta cuando en nombre de su aspiración unitaria, renunciamos a todo deseo propio. Podemos interpretar esta parte del mito como una advertencia de lo que es un amor sin deseo. Es interesante que la ilusión de la pareja complementaria, planteadaen términos de media naranja, que podemos considerar una versión de este mito, excluye la última parte del discurso de Aristófanes.
El amor une a las personas y el deseo las separa. Es bueno que las relaciones  de pareja -de hecho, cualquier relación- combinen amor y deseo. Si solo hay deseo, no se hace vínculo. Se necesita el amor para mantener un vínculo concualquier otro. En realidad, el psicoanálisis pone en juego tres términos: amor, deseo y goce; Solo el amor permite al goce condescender al deseo; (J.Lacan, Seminario X). Si solo hay amor o solo hay deseo, puede ocurrir que lo que llamamos así, sea en realidad un nombre del goce del sujeto: un deseo que no pasa por el otro, deja al sujeto a solas con su goce. Un amor sin deseo es  un amor tan íntimamente entrelazado al sufrimiento, que cuesta distinguirlos.
Esta modalidad del amor es más propia de la posición femenina. Sabemos que los problemas amorosos llevan con frecuencia a las mujeres a la consulta: la decepción, la imposibilidad de separarse, el enamorarse del amor, en fin… El tema es clásico y no parece haberlo cambiado la llamada “emancipación femenina”, las mujeres seguimos dependiendo en un grado importante del amor, lo reconozcamos o no. Desde hace tiempo,como efecto del discurso de la igualdad, las mujeres tendemos a ocultar esta relación con el amor, sobre todo, las más jóvenes.
Encontramos con bastante frecuencia, en esta relación, una pendiente a la falta de límites que pone a las mujeres del lado del sacrificio, vivido como victimismo, pero que también sirve de justificación  para la exigencia extrema por su parte: a cambio de;darlo todo;, una mujer puede autorizarse a pedirlo todo a la pareja, a la madre, a los hijos… En algunos casos, esa dependencia, esa falta de límites o de condiciones en el amor deviene mortífera, un auténtico estrago, haciendo presente el registro del goce, que el amor por lo
general vela.Veremos  dos relaciones de pareja en que la mujer no pone ningún límite  durante mucho tiempo a ser objeto de maltrato por parte de su marido. Apesar del infierno en que viven, las dos mujeres callan, no denuncian, no hacen nada por pedir ayuda, por irse. Se quedan silenciosamente junto a quien las maltrata. Y dicen hacerlo en nombre del amor.
Pero, ¿es por amor al otro como dicen o por el amor del otro? Sabemos que si bien los hombres tienden a extraer consistencia de los signos de potencia, las mujeres tienden a extraerla del amor, del hecho de ser únicas para el otro, de devenir ese otro imprescindible, sin el cual no puede vivir, que enmascara el lugar del objeto.
Esto puede llevar a algunas mujeres a aferrarse a una relación mortífera
aunque paguen un alto precio por ello. Dicen que lo hacen por él, porque lasnecesita, pero no es cierto: ellas necesitan esa relación para no ir a la deriva,aunque les cueste la vida. Necesitan ser únicas para el otro;Nadie me va a querer nunca así, escuchamos a veces. Otras pueden reconocer una
satisfacción íntima en que ellos -sus parejas- no puedan vivir sin ellas. Eso las
hace sentirse especiales de manera absoluta.No hay riesgo de que las dejen.
Precisamente, el riesgo es que no las dejan, que el otro no se puede separar y
ellas tampoco.

¿Cuestión de machismo?

 En las historias de maltrato se describen relaciones muy típicas.
 No encontramos apenas elementos particulares de los personajes, por ejemplo, cuáles fueron las circunstancias de la elección de pareja para cada uno de ellos, en qué coyuntura de la persona o de la relación de pareja comenzaron los malos tratos... Es decir, los cortos no proporcionan datos sobre aquellas particularidades subjetivas que hacen que aunque muchos casos de maltrato puedan ponerse en serie, en realidad nunca hay dos casos iguales.
Con frecuencia puede aislarse que el desencadenamiento del maltrato
coincide con una modificación en las relaciones de pareja: por ejemplo, el
matrimonio o el nacimiento del primer hijo. Todo parecía ir bien como novios
pero cuando se casaron... O cuando ella quedó embarazada... O cuando nació
el primer hijo...O cuando el se enteró de que el no fue el único en la vida de ella. Hubo un momento en que los términos de la relación en la pareja cambiaron.
En relación a esto, algunos profesionales plantean que es una cuestión de machismo -y los medios corren a hacerse eco de ello: al casarse, él ya se sentiría como su propietario y no podría soportar compartirla con otros, por ejemplo los hijos. Pero es bastante sencillo objetar que hay hombres muy machistas que nunca pondrían la mano encima a una mujer… ¿La diferencia entre unos y otros sería una cuestión meramente cuantitativa? ¿Un grado mayor de machismo puede llevar a matar a alguien?Seamos serios: el machismo no es un criterio clínico. Como profesionales tenemos que encontrar criterios claros que nos ayuden a establecer las coordenadas de cada uno de estos casos, que de entrada se presentan tan complejos y tan graves. No podemos trabajar pensando que alguien puede,por ejemplo, machacar, destrozar, quemar a un semejante solo por
machismo.
Las modificaciones en las relaciones de pareja que hemos señalado afectan a
la manera que tiene el sujeto de inscribirse en el Otro: no es lo mismo, por
ejemplo, ser novio que ser marido, ni ser marido que ser padre.
Ser hombre/mujer, esposo/esposa, padre/madre, hijo/hija, etc., son
categorías simbólicas del sistema de parentesco que funciona y regula una
sociedad dada. Los roles atribuidos a estas categorías, por ejemplo qué quiere
decir ser “mujer o marido de” o “padre”, “madre” o “hijo”, van variando a lo
largo de la historia, e incluso, pueden coexistir distintas representaciones de
ello en una misma época, pero el lugar en tanto simbólico no cambia y, por
ello, suele proveer de cierta estabilidad al sujeto. Esto ocurre más en el
régimen de filiación que en el de alianza: uno no deja de ser  “hijo de” o
“padre de”, pero puede dejar de ser “marido de”.
La estabilidad se ve conmovida cuando una modificación conlleva que el
sujeto tenga que reorganizar su lugar en el mundo simbólico por ejemplo,
como dijimos, por una separación (deja de ser marido pero también por
un matrimonio o por su acceso a la paternidad: el sujeto sin dejar de ser “hijo
de” pasa a ser “marido de” o “padre de” y eso implica una modificación. El
sujeto tiene que encontrar su manera de ocupar este nuevo lugar simbólico y
de desempeñar las funciones, asimismo simbólicas, que conlleva. Este proceso
no por habitual deja de ser harto complejo al requerir reorganizar el lugar del
sujeto en el mundo, lo que le permite ordenar y regular su goce.
En algunos casos, el sujeto extrae de su lugar en el sistema de parentesco una
estabilidad que no obtiene por otro medio y, al perderla, se desestabiliza. En
otros, la precariedad subjetiva no permite modificar la estabilidad anterior: el
sujeto no puede asumir, por ejemplo, ser marido o ser padre más que a través
de una identificación extremadamente rígida.
El hecho de que se trate de construcciones simbólicas y no de algo que viene
dado, determinado, por la biología explica que la relación que tenemos con la
identidad sexual, con los roles... por lo general nos plantee preguntas: ¿Soy
suficientemente hombre/mujer? ¿Soy un buen padre o una buena madre? ¿Soy
un buen marido o una buena mujer?
Encontramos casos en los que hay una falla importante en lo simbólico; en
ellos no hay pregunta sino certeza: el individuo “sabe”–cree saberlo todo, se siente dios-plenamente qué es ser un hombre o una mujer, qué es ser un marido o cómoha de relacionarse con su mujer o ella con él, o “sabe” qué es ser padre omadre. No hay ningún cuestionamiento. La certeza tapona el encuentro con la
forclusión.(Locura).
No encontramos en tales casos identificaciones simbólicas sino identificaciones imaginarias masivas: el individuo funciona alienado a laimagen que pudo construir de qué es ser hombre o mujer, marido/mujer,padre/madre con elementos seleccionados de su propia historia. Este tipo deidentificaciones son bastante comunes en las psicosis: el sujeto obtiene una identificación estabilizadora a través de una identificación imaginaria que no
puede tocarse, cuestionarse, dialectizarse.

Cuando es cuestionada no puede dialectizar su identificación, no puede
introducir modificaciones. Las respuestas entonces son variadas: desde el
-desencadenamiento psicótico a  la evitación de dicho desencadenamiento -a través del consumo masivo de alcohol u otras drogas o 
-los actos violentos contra su pareja-que por otro lado a veces son maneras de evitarlo.
Los dos protagonistas masculinos de los cortos –los maridos- aunque se
comportan de manera similar -es decir ante el cuestionamiento de su mujer
responden apaleándola, anulándola, reduciéndola al silencio del objeto-,
presentan alguna diferencia.
 A uno, "el hombre de El puzzle" (corto), nada le impide seguir maltratándola hasta la muerte -la suya propia-, es decir, el miedo a que ella le mate como venganza no es un límite, siquiera transitorio, que detenga el maltrato.
Para el otro, el marido de ""Amores que matan"(cortometraje), parece abrirse una ligera reflexión, un esbozo de pregunta respecto a sus actos. Como se trata de un
corto, es decir de una obra de ficción, y no de un caso clínico, no podemos
saber cómo continúa la cosa. Pero el hecho de que el individuo pueda
cuestionarse sus actos, comience a pensar que le pasa algo, podría
representar un primer paso para que algo pudiera comenzar a subjetivarse, a
sintomatizarse, y a poder tratarse.

El silencio
Voy a referirme ahora a las dos protagonistas femeninas, que también son
presentadas de manera similar en el sentido de que ambas permanecen
suspendidas durante un tiempo en esa posición de objeto sufriente y mudo.
Escuchamos las mismas justificaciones de su posición que en otras mujeres:
;Ser única para él; necesitar ser la mujer de;amarle demasiado;él la
necesita, sin ella acabaría en la calle;,;nadie la querrá nunca así;... El amor
vela aquí en muchos casos una relación mortífera con el goce difícil, cuando
no imposible, de sintomatizar. Aunque hay que aislar lo que ocurre caso por
caso -es decir no hay que quedarse con que parece lo mismo: las
manifestaciones pueden ser idénticas, pero la función que desempeña en la
economía subjetiva -y la economía de goce- puede ser muy distinta .
Es importante estar advertidos de las dificultades. No sirve de nada que
queramos que esto no suceda o pensar las cosas desde los propios ideales o
desde los ideales sociales. Si negamos ciertas realidades clínicas corremos el
riesgo o bien de querer salvar a estas mujeres -del otro y de sí mismas- a todo
trance, sin que ellas verdaderamente lo demanden –cuestión imposible-  o
bien dejarlas caer cuando nos damos cuenta de que no responden a la ayuda
porque en realidad no se quieren separar.
Quizás separarse requiera para ellas un proceso muy largo y quizás, al final,
no sea posible.
El silencio de María
En relación a esta cuestión del silencio de las mujeres sobre el maltrato que
aparece en ambos cortos, y que es bastante habitual, tomaré para acabar
unos elementos que aparecen en el corto de Belén Macías.
La silenciosa protagonista de El puzzle; es paradójicamente una gran amante
de la ópera. Se pasa el día escuchando a María Callas, también conocida por
“la Voz”. Voy a jugar ahora con el nombre de esta soprano para nombrar el
silencio mortífero de la protagonista con un “María, callas”.
Sabemos que la voz nunca se escucha más que en el silencio de un cuerpo
mudo y sufriente, como ilustra el cuadro;El grito; de Munch. Después de dejar
morir a su marido -herido en un atraco-, María sigue varios años encerrada y a
solas con su goce: apenas sale de casa y se pasa el día haciendo solitarios y
escuchando la voz sublime de esta mujer admirada. En determinado momento
cuenta cómo una vez que la soprano vino a España, se privó, renunció al
concierto por esperar a su marido, que nunca se preocupó de complacerla.
En el corto, aparece un hombre nuevo, distinto, que muestra interés y
preocupación por ella. Este hombre le dice que quiere oír su voz. Y, por
primera vez, parece que el sujeto consiente en salir de su posición de objeto
mudo, de su soledad fantasmática, y en poner en juego su deseo. Algo parece haber cambiado en ella cuando se pregunta, al final del corto,  si le será
posible compartir algo nuevo con este hombre distinto, si a él le gustará la
ópera. Parece salir de esa posición de goce mortífero, separarse de él, no
sabemos cuánto pero quizás lo suficiente para que se abra un deseo, es decir,parece que ella se abra una nueva posibilidad y se ponga  
del lado de la vida.

Publica y corrige Lic. Diana S. Gurny








* Amores que matan. El silencio de María".
 Intervención en la mesa redonda “En nombre del amor”, dentro de las
Jornadas nacionales sobre ;Mujer y violencia;, organizadas por el Colegio Oficial de Psicólogos de España, enTarragona, mayo de 2003.
Publicado por Margarita Alvarez Villanueva en 22:13:00