lunes, 22 de mayo de 2017

La mujer maltratadora



El tabú silenciado

A todos los hombres humillados, maltratados

por sus mujeres y discriminados por la sociedad. 


Todos conocemos el grave problema del maltrato físico o emocional que muchos hombres infligen a sus mujeres. Pero hay también otra plaga, no menos extendida, que es la violencia emocional o física de muchas mujeres contra sus parejas masculinas. Como ya existe abundantísima información sobre el primer asunto, examinaremos aquí con cierto detalle el segundo -un drama tabú-, a fin de obtener una visión más completa de la terrible violencia doméstica (1).

Ante todo, cabe entender toda violencia familiar como un síntoma neurótico surgido de profundos conflictos emocionales de sus miembros, y a menudo de severas patologías de la personalidad. En el caso de las mujeres, además, es un hecho que muchas de ellas no se emparejaron desde un principio a partir de un genuino amor a su pareja -y ni siquiera al varón en general o con unas mínimas aptitudes para la empatía y la convivencia-, sino desde apremiantes necesidades prácticas o neuróticas (p.ej., huir de la familia, vacíos emocionales, embarazo no deseado, deseo de tener hijos, interés económico, imitación social, etc.)  (2). Así, tras las primeras semanas de romance y en cuanto la mujer asume su nuevo estatus de casada (o incluso desde mucho antes), muchas de ellas comenzarán a descargar sus amarguras inconscientes contra su chivo expiatorio más cercano: sus maridos. (Y, por supuesto, también contra sus hijos (3) u otras personas e incluso contra sí mismas. Pero éste es un tema que no abordaremos aquí). Comenzará, entonces, la pesadilla secreta de los hombres maltratados.

La conducta de estas mujeres es siempre la misma: culpan de forma exclusiva, continua y desproporcionada a sus parejas masculinas de los problemas inherentes a toda convivencia, presentándose ellas mismas como las víctimas ajenas e inocentes de todo. No hay diálogo, no hay autocrítica, no hay afecto, no hay disculpas; la percepción de la mujer es siempre inequívoca y furiosa: "¡es por tu culpa, eres un egoísta, eres un inútil, eres un idiota, eres un desagradecido, eres un hp...! Y desfoga inagotablemente contra él toda su rabia y su desprecio.

Si el hombre se muestra cariñoso, se burla de él ("eres un pesado, eres un crío, siempre estás con el sexo, sólo piensas en ti"). Si se defiende, entonces lo amenaza ("a mí no me hables así, tú qué te has creído, te denunciaré"). Si se repliega sobre sí mismo para protegerse, se queja ("no me haces caso, me tienes abandonada, nunca me has querido"). Y si el hombre, demasiado inmaduro y dependiente de la figura femenina (a causa de sus carencias maternales y sexuales), se rinde definitivamente y se somete mansamente a su mujer, entonces ella aún lo detesta más ("eres débil, eres patético, un calzonazos, me das asco"). Etcétera. De modo que, haga él lo que haga, ella siempre encontrará la manera de deformar la realidad para justificar su compulsiva necesidad de agredirlo y humillarlo. (4)

En los casos moderados, estas mujeres son simplemente mandonas, exigentes, desdeñosas y manipuladoras con sus parejas (5). Cuando, en cambio, su narcisismo es ya patológico (p.ej., sufren verdaderos trastornos de personalidad), su violencia emocional será terrible (6), y también puede ser fácilmente física (bofetadas, arañazos, patadas, golpes con objetos, amenaza con objetos punzantes o armas, etc., e incluso homicidio). Pero, muy significativamente y a pesar de tanto dolor y odio, no suelen hacer nada para separarse de sus maridos, ni tampoco están dispuestas a renunciar a los bienes -dinero, lujos, prestigio social, amistades- que su "enemigo" pueda proporcionarle. Más aún, algunas de estas mujeres, aun pudiendo trabajar, no quieren hacerlo. O, si trabajan, guardan su dinero para sí mismas negándose a veces a compartir los gastos domésticos, con la excusa de que su pareja debe mantenerlas en "justa compensación por lo mucho que sufren por su culpa". Este tipo de actitudes demuestra claramente la psicodinámica narcisista y explotadora en todos los sentidos (emocional, económico, a veces incluso sexual) de estas mujeres (7). Obviamente, cuanto más dinero gana el hombre, más feroz puede ser esta explotación.

Ante semejante situación, muchos hombres buscarán consciente o inconscientemente el amor y el sexo en otra parte, es decir, tenderán a ser infieles. Cuando son finalmente descubiertos (lo que suele ocurrir, a menudo porque ellos mismos buscan inconscientemente el castigo que creen merecer), la brutalidad más absoluta caerá sobre ellos. La esposa engañada, dolida, resentida, fuera de sí, gritará: "¡ya lo sabía yo, eres un canalla, todos los hombres sois iguales, ¿quién es esa p...?, ¡ella se va a enterar!", etc.. Y escenificará todo tipo de escándalos privados y públicos, manipulará y se entrometerá en las vidas de terceros, etc. La exageración de su respuesta dependerá también de su educación y de su entorno familiar y sociocultural.

¿Son los celos o el dolor ante la posible pérdida del amor de su pareja lo que motiva estos estallidos, como ellas piensan? En absoluto. El tormento de estas mujeres es la humillación insoportable de su inmenso orgullo herido, y la no menor frustración de haber perdido el control sobre la vida y la conducta del hombre, y que otra mujer pueda asumir este dominio. Porque, si la mujer violenta necesita sentirse omnipotente, ¿cómo podría sobrevivir emocionalmente sin una víctima a la que aferrarse? Hay, pues, un fondo de terror y envidia en la furia de la engañada. Y, llegada a este punto, suele reaccionar de dos maneras básicas: o bien aumentará su odio contra la pareja durante meses (o  años, por mucho que éste se haya arrepentido sinceramente mil veces). O bien exigirá el divorcio inmediatamente. Ambas reacciones demuestran su desvinculación afectiva básica respecto al hombre, es decir, su nulo interés inconsciente por conservar un "amor" que, en rigor, nunca existió. Los procesos legales de separación tenderán a ser extremadamente conflictivos y, debido a los  prejuicios sociales y las leyes ideologizadas, a menudo cruelmente abusivos contra el varón.

Muchos hombres, naturalmente, no soportarán este infierno (8). Algunos buscarán alivio en el alcohol, las drogas, la prostitución, el trabajo o los amigos -dando así más pábulo a su mujer-, o desarrollarán trastornos psicológicos severos (depresión, violencia, problemas laborales, disfunciones sexuales, etc.)... sin atinar, desde luego, a divorciarse. Pese a sus tormentos y a menudo desde graves inmadureces afectivas o problemas de personalidad, son infantilmente dependientes de su verduga, a la que sienten inconscientemente como una madre justiciera que, en realidad, "suele tener razón y les da su merecido" (9). Son hombres débiles, inseguros, inhibidos, sin autoestima (aunque puedan tener un gran brillo en lo social, profesional, etc.), y sufren en secreto sintiéndose habitualmente confundidos, culpabilizados, anulados por la esposa. Les cuesta mucho discernir qué sienten, qué piensan, qué desean hacer ellos mismos con su matrimonio y con su vida, con independencia de la voluntad de la mujer, que tienen interiorizada de forma obsesiva. (10)

De momento, no les cabe esperar mucha comprensión por parte de la sociedad, que contempla su problema con incredulidad, ironía o indiferencia. Después de todo, ¿no es muy habitual la relación entre una mujer "de carácter" y un hombre "obediente"? ¿No se dijo siempre que ellas son "princesas" y "madres" y que siempre mandaron "en casa", mientras ellos "trabajan y pagan"? ¿Y no pensamos también que ellas son sensibles y amorosas por naturaleza, mientras que ellos son brutos, egoístas y educados para no llorar? ¿Por qué quejarse, entonces? Mientras "la sangre no llegue al río".... Por eso, social y oficialmente, el sufrimiento masculino a manos de su mujer "no existe".

Pero el tabú de la mujer maltratadora no sólo es perjudicial para los hombres, sino también, obviamente, para ellas mismas. Para las relaciones entre los sexos. Para el amor y la creación de familias. Para la crianza y la felicidad de los hijos. Para la paz y la justicia social. Etcétera. Este tabú impide a mujeres y hombres concienciar y resolver las bases neuróticas de su sadomasoquismo compartido. Las mujeres violentas, como los hombres violentos, no lo son por maldad o por gusto, sino por tremendos déficits emocionales infantiles. A causa de ello son niñas vacías, inestables, rabiosas, desesperadas. Por eso necesitan un "huésped" al que aferrarse y violentar. Desgraciadamente, muchísimas de ellas -dada la aquiescencia social- jamás advertirán su problema. Sólo sus víctimas, a veces, llegarán a pedir ayuda terapéutica y/o legal.

Dejo, en fin, estas reflexiones con la esperanza de que ayuden a arrojar un poco de luz sobre un problema muy extendido y, por negado, doblemente dramático.

1. Por motivos didácticos, en este artículo nos referiremos tácitamente a los matrimonios, aunque el fenómeno es casi idéntico en cualquier tipo de convivencia. 

2. Lo mismo sucede, obviamente, con muchos hombres. La psicodinámica de la violencia es similar en ambos sexos. 

3. Una gran parte del maltrato emocional y físico en las familias, sobre todo contra los niños, proviene de sus madres. 

4. Lo que caracteriza a la persona maltratadora no es que el otro no pueda ser también problemático (a menudo el maltrato es mutuo), sino que se siente por encima de toda autocrítica, de modo que cualquier posibilidad de comprensión, diálogo y solución está descartada de antemano. En realidad, la necesidad primordial inconsciente del maltratador/a es usar al otro/a como chivo expiatorio de su propia infelicidad intrínseca. Ver también "El narcisismo". 



5. Un ejemplo cualquiera visto en la calle: una pareja joven sale de un centro comercial. Hace mucho frío. Él va cargado con cuatro grandes bolsas y ella camina a su lado con las manos cómodamente metidas en los bolsillos. De pronto, unas testigas de Jehová se les acercan, cambian unas palabras con la mujer y le entregan una pequeña revista. Las testigas de Jehová se van. Al momento, la revista cae de la mano de la mujer y ésta, metiéndose de nuevo las manos en los bolsillos, se detiene y ordena al chico: "recógela". Éste, refunfuñando, deja trabajosamente las bolsas en el suelo, obedece y le entrega la revista. ▲

6. Por ejemplo, gritos, burlas, críticas, insultos, humillación privada y pública, indiferencia, coacciones, amenazas, prohibiciones, castigos, chantaje emocional y sexual, acoso físico y telefónico, mentiras, venganzas, destrozo de objetos personales, falsas acusaciones, falsas denuncias, celos paranoicos, envidias patológicas, lavado de cerebro, manipulación de los hijos, parientes y amigos, etc. 

7. La persona narcisista, por definición, no puede vivir sin aferrarse y dominar/explotar al otro/a. 

8. Un infierno voluntariamente silenciado por la propaganda estatal, de base feminista. Que yo sepa, desde 2006 se oculta en España toda información oficial sobre la violencia femenina contra los hombres. Se considera ideológicamente que cualquier violencia cuya víctima sea una mujer es "cultural", machista, y no, como es lo habitual, neurótica, similar en hombres y mujeres, y necesitada de urgentes medidas terapéuticas y psicosociales. Por eso, en la práctica, la agresiva lucha contra la llamada "violencia de género" no es más que una vana y destructiva caza de brujas. Ver textos recomendados más abajo. 

9. A menudo estos hombres sufrieron madres similares, o fueron criados bajo graves carencias, miedos o humillaciones que les hacen ahora "adaptarse" sin resistencias al maltrato. Lo mismo sucede con muchas mujeres violentadas, que también se resisten a separarse o vuelven a menudo con sus maltratadores. 

10. Muchos de ellos sufren verdaderos trastornos de personalidad por los que necesitarían ayuda psicológica. En general, sin la intervención de terapeutas, trabajadores sociales, grupos de afectados y/o abogados de familia, estas situaciones de violencia -sean hombres o mujeres las víctimas- difícilmente pueden solucionarse. 

Revisado y compilado por Lic. Diana S. Gurny






 

Textos relacionados:

- ¿"Violencia de género"? Un nuevo fascismo, José Luis Cano

- Sección "VIOLENCIA DOMÉSTICA" en "Artículos" (versión PC) • (versión Móviles), José Luis Cano

Algunas direcciones sobre la bidireccionalidad de la violencia doméstica:

- https://es.wikipedia.org/Violencia_doméstica...

- http://www.taringa.net/Hombres-Maltratados...

- http://www.malostratosfalsos.com/la-mujer-maltratadora...

- http://www.alertadigital.com/hombres-asesinados...

- http://web.csulb.edu/~mfiebert/assault.htm

- http://www.dewar4research.org/britstudies.htm

- http://www.elconfidencial.com/otra-violencia-domestica...

  JOSÉ LUIS CANO GIL Psicoterapeuta y Escritor



Marzo, 2008

Revisión: Noviembre, 2015


martes, 16 de mayo de 2017

ANOREXIA, UNA MUERTE MUDA


ANOREXIA, UNA MUERTE MUDA

 
 
Sigue avanzando ,ya hay niños de tres años ANORÉXICOS Tienen miedo de ser gordos y rechazan la comida. Hay chicos en el jardín de infantes que se meten los dedos para vomitar. No siempre existe el síndrome completo, pero es una tendencia", le dijo a BBC Mundo Mabel Bello, presidenta de Aluba en Argentina. 
 
UN 50% MÁS DE CASOS DESDE 2010 en España
Niños de seis años con anorexia: la obsesión por el peso ya afecta a los más pequeños
El diagnóstico de trastornos de la conducta alimentaria se dispara en España entre los menores de 12 años, un fenómeno novedoso que preocupa a los servicios sanitarios
David Brunat

Un niño de seis años puede decidir dejar de comer porque no le gusta su cuerpo. De hecho, ocurre. Y lo hace en proporciones cada vez más inquietantes. El número de niños de entre seis y 12 años con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) ha aumentado un 50% desde el año 2010 en España. La creciente presión de los padres por que sus pequeños luzcan un peso y una imagen ideal, la necesidad cada vez más temprana de adecuarse a los cánones estéticos para ser aceptados en la escuela y los malos hábitos alimentarios en casa son las principales causas. Los expertos advierten: todavía no es motivo de alarma social, pero si se mantiene esta dinámica pronto dejará de ser una rareza ver a una niña de ocho años con anorexia.
El número de niños de entre seis y doce años con trastornos alimentarios ha aumentado un 50% desde 2010 por la presión social y familiar.
“Estamos tratando a niños de nueve o diez años que ya expresan una clara preocupación por el peso y la figura corporal. Algunos presentan cuadros completos de anorexia nerviosa, aunque a esas edades es menos frecuente que haya vómitos o métodos purgativos y apenas hay uso de laxantes. Básicamente dejan de comer y aumentan su actividad física”, explica Montserrat Graell, coordinadora del Servicio de Psiquiatría y Psicología Infantil y Juvenil del Hospital Universitario Niño Jesús. Este centro hospitalario, una de las referencias europeas en patologías infantiles, es un reflejo claro de esta tendencia. De los cerca de 220 pacientes nuevos al año que recibe su Unidad de Trastornos Alimentarios, unos 80 son hoy niños menores de 13 años, en comparación a los 25 de media que atendía históricamente. Un aumento, en este caso, de más del 200%.
Los niños más graves son ingresados en una de las 31 camas con que cuenta la unidad. Pasan una media de cinco meses en el hospital y un 60% de ellos consigue recuperarse tras cuatro años de terapia intensiva. “El tratamiento en niños es más sencillo porque son más moldeables, están más abiertos al cambio y las familias se vuelcan. Y eso se refleja en la tasa de mortalidad, que es casi inexistente a diferencia de lo que ocurre con los adolescentes y adultos”, explica Graell.
"Un niño de ocho o nueve años está en un momento muy importante de su desarrollo, y una enfermedad así puede provocar secuelas fatales"




        
Anorexia: 80.000 casos nuevos y 100 muertes al año sólo en España
La anorexia está empezando a convertirse en uno de los problemas de salud más graves en las sociedades modernas. Al punto de que son ya decenas de miles los casos anuales que se dan en nuestro país. Hay, pues, que empezar a tomar medidas inteligentes y útiles. Ahora bien, para ello hay que saber primero qué provoca la anorexia. Y eso es algo sobre lo que aún no hay acuerdo.
El año pasado se detectaron en España ochenta mil casos de anorexia con casi quinientos ingresos hospitalarios y más de 100 muertes. Y eso si hablamos de datos oficiales porque según María del Carmen González, portavoz de la Asociación para la Defensa de la Anorexia Nerviosa (ADANER)*, esa cifra es muy superior: alrededor de medio millón.
Algo en verdad preocupante ya que hace escasamente diez años la cifra de afectados en España por esta “enfermedad” era notablemente más baja que en el resto de Europa. En los dos últimos, sin embargo, no sólo se han equiparado las cifras sino que en la actualidad nuestro país tiene el triste “privilegio” de estar a la cabeza de la Comunidad Europea en casos de anorexia y bulimia. De hecho, es la primera causa de enfermedad entre nuestra juventud femenina después del asma bronquial y la obesidad, bastante por delante del sida y de las demás enfermedades, incluyendo las infecciosas.
¿QUÉ SON LA ANOREXIA Y LA BULIMIA?
La anorexia nerviosa, al igual que la bulimia, están consideradas trastornos de la alimentación. De hecho, los médicos la definen como un desorden caracterizado por una pérdida de peso inducida y/o mantenida voluntariamente por el paciente. Lo que indica que existen factores biológicos, psicológicos y sociales en su aparición y desarrollo. Buena prueba de ello es que se trata de un problema que afecta casi en exclusiva a las sociedades industrializadas.
Y si la anorexia se caracteriza por la negativa a comer, la bulimia -que viene a ser una manifestación diferente del mismo problema- consiste en comer de forma desaforada a todas horas y después inducirse el vómito para poder seguir comiendo de manera compulsiva sin engordar.



CÓMO SE MANIFIESTA EL PROBLEMA Y QUÉ EFECTOS PRODUCE
El problema suele comenzar a manifestarse por un rechazo a las comidas fuertes, a las identificadas como hipercalóricas, siendo el segundo paso el consumo constante de laxantes, diuréticos y/o moderadores del apetito. Con lo que algún tiempo después empiezan a presentarse los síntomas de desnutrición: piel seca y pelo frágil y quebradizo que se cae con facilidad. Además, quienes sufren el problema se convierten poco a poco en personas abúlicas.
En cuanto a los efectos, la falta de elementos plásticos, energéticos y oligoelementos en la alimentación lleva al varón a la pérdida del deseo sexual y a una disminución de la potencia. Y en las mujeres, les desaparece la regla y los pechos pierden volumen a consecuencia de la alteración hormonal.
Por desgracia, en muchos casos el final es la muerte por falta de energía o disfunción orgánica. No olvidemos que la desnutrición conlleva una bajada de las defensas del organismo dejándole incapaz de luchar contra cualquier infección que se presente.
¿Y QUÉ DICEN LOS EXPERTOS SOBRE LAS CAUSAS?
La mayor parte de los expertos dicen que se debe a que los jóvenes quieren parecerse a los/las modelos, delgaditos ellos por imposición de los fabricantes y vendedores de ropa. Otros añaden que la causa está en la incorporación de la mujer al mundo laboral ya que al faltar de casa muchos adolescentes han empezado a alimentarse irregularmente. Algunos más afirman que la desaparición de costumbres tradicionales como la de sentarse a la mesa para comer o cenar en familia es uno de los motivos que están favoreciendo la expansión de los trastornos de la alimentación. Y alegan el descontrol a la hora de la merienda de los niños, que ahora abren la nevera y cogen lo que quieren cuando quieren.
En suma, demasiado experto dando palos de ciego. Porque las razones anteriormente expuestas pueden justificar una mala alimentación o el aumento de la gordura y la obesidad pero no la anorexia ni la bulimia.
LA REALIDAD
¿Y cuál es la causa entonces? Pues la causa está básicamente, sí, en la mitificación que algunas personas, especialmente en la adolescencia, hacen de los jóvenes guapos y delgados de ambos sexos que inundan los medios de comunicación y que son presentados como modelos a imitar de personas felices, queridas y respetadas. Pero la causa profunda de que lo hagan es porque suelen ser personas –fundamentalmente jóvenes- que tienen problemas personales que no saben resolver y que, en lugar de enfrentarse a ellos, deciden adelgazar como mecanismo para ser aceptados, queridos y admirados por los demás creyendo que lo conseguirán pareciéndose a esos modelos que –creen ellos- lo tienen todo. Una idea que se convierte en obsesión a medida que el tiempo pasa mientras el conflicto larvado que ocultan sigue aumentando en su interior.

¿Y qué clase de conflicto es el que intentan enterrar? Pues los hay de todo tipo. Desde problemas en el colegio o en el trabajo –según las edades- hasta conflictos con los padres –lo más corriente-, los hermanos, los amigos, los familiares o los novios. En muchos casos, las personas anoréxicas -y las bulímicas-, especialmente si son adolescentes, poseen una personalidad muy definida, caracterizándose por ser activas, responsables, inteligentes, perfeccionistas a la vez que introvertidas… de las que se espera mucho. Es decir, jóvenes –y no tan jóvenes- a quienes se somete por el entorno a una presión constante:¡Tú vales más! ¡Puedes hacerlo mucho mejor! ¡No te esfuerzas lo suficiente! Algo que suele ocurrir frecuentemente en casa, en el colegio y, en menor medida, en el trabajo (por eso empieza a haber personas con más edad que padecen este problema).
En suma, la anorexia, como la bulimia, no son sino la expresión externa de un conflicto interno que generalmente ha terminado generando una baja autoestima y que oculta un conflicto. Y es sobre ese conflicto interno sobre el que hay que actuar.
“Desde una perspectiva Psicoanalítica , este “conflicto” se ha generado en la ETAPA ORAL, y es consecuencia de la relación de la Madre con su bebé. Con una terapia Psicoanalítica, el paciente puede llegar a “encontrar” el origen de su afección y tener las herramientas para lograr lidiar con su síntoma. Teniendo en cuenta que esta  patología se origina en una etapa previa al lenguaje, el camino a recorrer no es  tan simple, pero una vez alcanzado, las posibilidades de que remita tienen una alta probabilidad de éxito”.
Lic. Diana S. Gurny

MEDIDAS ESTÚPIDAS
¿Y se está haciendo así? Pues no. De hecho, las medidas que ha tomado la comisión creada al efecto hace poco para afrontar el problema son las de prohibir que se fabrique ropa con tallas inferiores a la 40, que todos los fabricantes se amolden a las mismas medidas para cada talla y que se prohiba a modelos menores de 16 años ser contratadas para exhibir ropa o artículos de moda que no estén dedicados exclusivamente a la infancia o a gente joven. Medidas “inteligentes” cuyo único efecto va a ser el de que a muchos jóvenes se les caigan los pantalones y las faldas mientras caminan por la calle. Un equipo de expertos así sería capaz de recomendarnos que para no sufrir con las imágenes de horror de lo que está sucediendo en Kosovo… los fabricantes de televisores incorporen obligatoriamente en ellos un dispositivo mediante el que se apague automáticamente el aparato cada vez que aparezca una escena desagradable.
¿CÓMO SE TRATA HOY LA ANOREXIA?
Pues como un trastorno alimentario en lugar de como un problema psicológico. De hecho, algunos expertos llegan incluso a afirmar de forma gratuita que ese comportamiento puede deberse a una “vulnerabilidad genética”· Claro que alguna explicación tendrán que dar cuando no saben a qué atenerse. Así que, ¿a quién puede extrañarle que más de la mitad de los casos de anorexia se hagan crónicos y necesiten ingresos hospitalarios repetidos? ¿O que entre el 10 y el 15% de esos casos crónicos acaben muriendo?
Los expertos destacan que generalmente la respuesta inicial al tratamiento suele ser buena pero, desgraciadamente, efímera, por lo que las recaídas llegan a desesperar a sus familiares y médicos. Y es que no parecen entender que de lo que se trata es de ayudar al enfermo a que hable de lo que en realidad le preocupa, que exprese en voz alta qué aspecto de su vida no le gusta, a qué le tiene miedo, qué le molesta, qué le tiene desesperado. Porque cuando se sienta comprendido, escuchado y arropado, cuando alivie la tensión interna que le ha llevado a buscar la aceptación, el cariño y el respeto dejando de comer para parecerse a esos “héroes sociales” a los que todo el mundo quiere, admira y respeta, dejará de necesitar parecerse a ellos… y volverá a comer. Así de simple y así de complejo.

Y sobre todo que el profesional sepa cuáles son los orígenes  de la enfermedad, no dando explicaciones como la moda o un capricho , la edad, imperativo social o vulnerabilidad genética. Así se pierde un tiempo valiosísimo, que no tenemos, porque la enfermedad avanza hacia la Muerte.”
 
Lic. Diana S. Gurny

Lo demás es perder el tiempo.
Por otra parte, puede entenderse –y mal- que esto no lo entiendan ciertos médicos para quienes se trata sólo de un “trastorno de alimentación” (léanse los folletos que circulan por los hospitales), algunos de los cuales llegan a atar a sus pacientes en la cama y a darles de comer a la fuerza. Pero parece mentira que los psicólogos de este país, que saben –o deberían saber- que la causa de la anorexia y la bulimia está en un conflicto psicológico no centren sus esfuerzos en buscar la causa real de ese comportamiento.
Al menos para la doctora Rosa Calvo Sagardoy, psicóloga clínica del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, eso es primordial. “El tratamiento psicológico tiene que enfocarse a conseguir unos cambios duraderos en los pensamientos y emociones relacionados con el peso corporal, la silueta y el tamaño de forma que se disminuya la importancia que la delgadez tiene para la paciente y la comida deje de ser su respuesta cuasi universal ante todos los retos y problemas que plantea la vida.”
De lo contrario, añadiremos nosotros, no se avanzará en la resolución del problema. De hecho, los datos que se manejan en la actualidad demuestran que sólo la tercera parte de los casos llegan a curarse definitivamente.
Y lo malo es que, desde el punto de vista psicológico, la anorexia se trata convencionalmente con psicoterapia, bien a través de sistemas conductistas -que pretenden cambiar los hábitos de alimentación-, bien con terapias de apoyo para intentar mejorar la pobre imagen propia. Y no basta.
La psicología de vanguardia, sin embargo, busca directamente la causa del conflicto para hacerlo aflorar e intentar resolverlo. Y, paralelamente, concienciar a la familia para explicarles los cambios de actitud adecuados que deben realizar para mejorar gradualmente la autoestima del paciente y ayudar a resolver el conflicto, en el que muchas veces son parte responsable.

 Andrés Rodríguez Alarcón


EFECTOS LA ANOREXIA NERVIOSA

    * Daños neurológicos: calambres y hormigueo, sobre todo en las manos.
    * Problemas gastrointestinales: flatulencia, estreñimiento, dificultad en el vaciamiento del estómago y reducción, a la larga, del tamaño del mismo.
    * Afectación cardiovascular: disminución del tamaño del corazón con alteraciones de la válvula mitral, derrame pericárdico, latido lento e hipotensión.
    * Pérdida importante de masa ósea en el esqueleto.
    * Alteraciones en la esfera sexual: pérdida de la regla (o no aparición de la misma en las chicas muy jóvenes) y alteraciones en la potencia sexual y capacidad reproductora en el varón así como disminución de su deseo sexual.

CÓMO SABER SI SU HIJO EMPIEZA A SUFRIR EL PROBLEMA

Para ello, observe si algunas de estas cuestiones tienen lugar con regularidad:

    -Las cantidades de alimento que ingiere son cada vez más pequeñas.
    -Evita las comidas en familia dando excusas para no sentarse a la mesa: le duele la cabeza, el estómago o ya ha comido con los amigos.
    -Tiene cambios frecuentes de humor alternando momentos de alegría explosiva con fases de retraimiento y mal humor.
    -Está siempre activo, esforzándose en el estudio, el trabajo y el deporte.
    -Se interesa por los alimentos, su valor nutritivo y su composición y es fácil que se ofrezca a cocinar para toda la familia
    -A pesar de no comer, niega siempre que tenga problemas con la comida.
    -El carácter le cambia, retrayéndose y aislándose cada vez más de la familia y amigos.
    -Duerme poco y le cuesta concentrarse en los estudios o en su trabajo.
    -Después de comer va siempre al baño.
SIEMPRE HUBO ANORÉXICAS
La anorexia no es, ni mucho menos, una enfermedad nueva. Hasta hace menos de cuarenta años los libros de texto de Medicina hablaban de la clorosis, enfermedad que afectaba de forma casi exclusiva a las adolescentes y que se achacaba a “trastornos femeninos”. Pues bien, su descripción correspondía a lo que hoy llamamos anorexia psicógena. De hecho, la historia está llena de anoréxicas. Desde la primera mujer de Nerón pasando por Santa Catalina de Siena –que murió con apenas 25 kilos de peso tras pasar varios años de ayuno casi total- hasta los más recientes y comentados casos de princesas reales o actrices como Diana de Gales, la princesa Victoria deSuecia, Jane Fonda o Heide Gunter, por citar algunos ejemplos.

“EN ESPAÑA NO HAY APENAS MÉDICOS PREPARADOS PARA TRATAR LOS PROBLEMAS DE LA ANOREXIA Y LA BULIMIA”

La mayor parte de los casos de anorexia y bulimia que se tratan en España terminan en fracaso ante la desesperación de familiares y médicos que ven, impotentes, cómo casi 100 personas al año mueren sin poder evitarlo mientras varias decenas de miles se consumen en reiteradas entradas y salidas  de los hospitales en los que es necesario internarlos para alimentarles contra su voluntad e impedir que fallezcan.

Rosa Calvo Sagardoy, psicóloga clínica del madrileño hospital de La Paz, fue directa y clara cuando le preguntamos sobre el asunto. “La verdad  –nos diría-es que en España no hay apenas médicos preparados para tratar los problemas de la anorexia y la bulimia. Por eso la mayor parte de los tratamientos fracasan”.

-¿Podemos saber la razón?

-Mire, en estos momentos la mayoría de los casos están siendo tratados, en tanto se considera un mero trastorno alimentario, por endocrinos. Y lo que la mayor parte hace es alimentar a las personas que les llegan como sea, si es necesario atándoles a sus camas. Obviamente, al cabo de unos días o unas semanas, el paciente engorda y es enviado de nuevo a casa. Pero como no se ha tratado a fondo la causa del problema, que es siempre psicológica, vuelven a recaer en la inmensa mayoría de las ocasiones. Con lo que muchos se pasan el tiempo entrando y saliendo de los hospitales.

-Tenemos entendido que muchos casos son tratados por psiquiatras, no por endocrinos.

-Es verdad. Con lo que en muchas ocasiones esas personas, que padecen un conflicto psicológico, son metidas en salas donde se encuentran rodeadas de paranoicos, esquizofrénicos, psicóticos, violadores… En fin, en una situación absolutamente inapropiada que lleva a empeorar a muchos de ellos y acerca a buena parte a la depresión.

-Pero, ¿es usted partidaria de su internamiento en hospitales?

-Salvo en casos extremos, no. El tratamiento debe ser ambulatorio. Tratando al paciente… y a la familia.

-¿A la familia?

-Sí. En muchas ocasiones, sobre todo en los casos de jóvenes menores de 18 años, la razón del conflicto está en la relación con sus padres, mayormente con la madre. Problemas de excesivo control y autoritarismo. Por tanto, no basta con convencer al enfermo de que su postura es irracional, hay que hacer que la causa desaparezca. Y eso pasa muchas veces por reeducar a los padres, por hacerles ver que los responsables de la actuación de su hijo/a es en buena medida su comportamiento. Si en el ambiente no desaparece el problema, éste no se resolverá.

-¿Y qué sucede en los casos de personas de más edad?

-En esos casos la razón del problema suele ser otra. Y hay que buscarla y tratarla. Además,  suelen plantear otros problemas: es el caso de las mujeres embarazadas. Primero, porque están poniendo en grave peligro la vida o, cuando menos, la salud del hijo que esperan. Suelen ser además casos difíciles de tratar porque ante la familia se escudan en los vómitos clásicos del embarazo para provocárselos. Y lo mismo ocurre con las mujeres de más edad, en especial cuando pasan de los 40, porque es igualmente difícil muchas veces que sus familiares lo noten. Aunque lo más grave es que eso incide en la alimentación de sus hijos, cuando los tienen, al no darles suficiente comida. Y cuando esos niños son demasiado pequeños y no tienen recursos para hacer algo por sí mismos, pueden llegar a pasar auténtica hambre.

-Entiendo. Y dígame, ¿cuál es a su juicio la solución?

-Primero, hacer entender a los familiares, médicos, psicólogos, psiquiatras, autoridades sanitarias y políticas que tanto la anorexia como la bulimia requieren fundamentalmente un tratamiento psicológico. Y segundo, adoptar medidas encaminadas a facilitar, ambulatoriamente siempre que sea posible, ese tratamiento. Para lo que hay dotar a la Sanidad pública y privada de los medios y el personal cualificado.

-Entonces, ¿cree usted que las medidas recientemente adoptadas por la comisión encargada del asunto no son útiles?
-A mi entender, no.

Trastornos alimentarios: cada vez más, una cosa de chicos
Un intenso miedo que conduce a la autodestrucción. El temor de ser -de verse o de imaginarse- gordo daña el físico y la mente de millones de personas. Los trastornos alimentarios solían ser un problema mayoritariamente de los adolescentes. Ya no. Cada vez más niños sufren de anorexia o bulimia.
Informes divulgados en Argentina, Estados Unidos y México ponen de manifiesto que estos desórdenes llegan cada vez más temprano.
Los síntomas de los desórdenes más comunes son similares (ver recuadro).
Se estima que los trastornos alimentarios afectan en todo el mundo a siete de cada 1.000 mujeres y a uno de cada 1.000 hombres.
"Tienen miedo de ser gordos"
En Argentina, según un reciente estudio de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), las consultas espontáneas en el caso de los menores de 12 años se incrementaron entre un 30% y 40% en los últimos diez años.
Causas

    Las causas exactas de estos desórdenes no se conocen, pero muchos factores juegan su rol.


    Uno de ellos se origina en la presión social, causada particularmente por los medios que idealizan el ser delgado.
 “Desde una perspectiva Psicoanalítica , este “conflicto” se ha generado en la ETAPA ORAL, y es consecuencia de la relación de la Madre con su bebé. Con una terapia Psicoanalítica, el paciente puede llegar a “encontrar” el origen de su afección y tener las herramientas para lograr lidiar con su síntoma. Teniendo en cuenta que esta  patología se origina en una etapa previa al lenguaje, el camino a recorrer no es  tan simple, pero una vez alcanzado, las posibilidades de que remita tienen una alta probabilidad de éxito”.
Lic. Diana S. Gurny

    También los expertos destacan el hecho de que perder peso puede hacer que la persona se sienta mejor y bajo control.

    El hecho de que la mayoría de los casos se presenten en la adolescencia va de la mano de que la anorexia revierte alguno de los cambios físicos que implican el paso a la adultez.

    Los especialistas también mencionan que la existencia de problemas familiares también tiene su papel pues rechazar la comida podría ser la única manera de expresar los sentimientos.

    El estado depresivo y la baja autoestima del afectado pueden generar que la motivación del atracón sea hacerle frente a la infelicidad.

    Pero también hay un componente genético familiar que también tiene su incidencia.

Incluso hay casos de niños de tres años que sufren de estos desórdenes.

"Tienen miedo de ser gordos y rechazan la comida. Hay chicos en el jardín de infantes que se meten los dedos para vomitar. No siempre existe el síndrome completo, pero es una tendencia", le dijo a BBC Mundo Mabel Bello, presidenta de Aluba en Argentina.

Bello asegura que el hecho de que haya más consultas está, en parte, relacionado con un mayor conocimiento de los desórdenes de parte de padres y pediatras.

El informe de Aluba, que tiene 10 centros en el país y realiza sus cálculos con encuestas en instituciones educativas, también constató un incremento en el porcentaje de varones afectados, del 9,5% al 12% en los últimos cinco años.

Mientras que en el caso de las adolescentes, el porcentaje se incrementó del 10% al 12%.

Bello le dijo a BBC Mundo que "la consulta espontánea en el caso de los varones aumentó casi un 50%".

La doctora atribuye este incremento a que hay más "conciencia en los padres que los varones también pueden enfermar".
De 6 a 9

En México más de cuatro millones de personas padecen bulimia o anorexia, de acuerdo a cifras de la Fundación Ellen West, un centro para el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria.

En el caso de las adolescentes, la anorexia es la tercera enfermedad más frecuente tras el asma y la obesidad.

Y aunque la edad promedio en las personas empiezan a sufrir trastornos alimentarios es 17 años, entre los 6 y 9 años el 50% de las niñas y el 30% de los niños han modificado sus hábitos alimenticios para bajar de peso.

Comer compulsivamente grandes cantidades de comida es uno de los síntomas de la bulimia.

De acuerdo al estudio realizado por la Universidad Nacional Autonóma de México, entre esos años las niñas ya presentan algunas características como fobia a la obesidad (lipofobia), insatisfacción con su propia imagen y sobrestimación de su peso.

"Lo que preocupa es que estos padecimientos son trastornos mentales con consecuencias tan graves como la muerte, por tanto la transmisión en nuestro contexto sociocultural coloca a los infantes en una situación de mayor riesgo y el incremento epidémico puede estar dándose a edades más tempranas sin darnos cuenta", le dijo a BBC Mundo la Dra. Araceli Aizpuru, directora de la Fundación Ellen West.

Aizpuru hizo hincapié en que "los niños y niñas cuentan con menos elementos relacionados con la madurez física y psíquica para hacer frente a los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria)".

La directora de la fundación dijo que la cantidad de personas que solicitan tratamiento en Ellen West muestra "datos alarmantes" sobre que estas se acercan "a edades más tempranas y al incremento de casos crónicos (con varios años de enfermedad)".
El mayor incremento
Recuperación

    El proceso de recuperación, tanto de la bulimia como de la anorexia, suele ser largo y lento.
 Es importante que el profesional sepa cuáles son los orígenes  de la enfermedad, no dando explicaciones como la moda o un capricho , la edad, imperativo social o vulnerabilidad genética. Así se pierde un tiempo valiosísimo, que no tenemos, porque la enfermedad avanza hacia la Muerte.”
Lic. Diana S. Gurny

    Por ejemplo, 30% de los anoréxicos tienen una recaída tras aparentemente haberse recuperado y necesitan una nueva terapia.
    Se estima que un 50% se recuperan completamente y entre un 30% y 40% logran tener una vida normal.

En tanto, un estudio de la Agencia para la Investigación y Calidad en el Cuidado de la Salud de Estados Unidos (AHRQ, por sus siglas en inglés) también encontró una tendencia similar.

Las hospitalizaciones por problemas causados por desórdenes alimentarios crecieron un 18% entre 1999 y 2006.

Y el mayor incremento se dio en menores de 12 años: 119%.

Pero también hubo aumentos entre las personas de entre 45 y 64 años (48%) y entre los hombres de todas las edades (37%).

Una razón para el incremento en niños podría ser, según los expertos, el mayor interés en controlar el peso, en una sociedad con altas tasas de obesidad.
Síntomas

ANOREXIA NERVIOSA

    Pérdida severa de peso
    Distorsiones e ideas falsas sobre el peso y el tamaño del cuerpo
    Obsesión con la comida y las calorías
    Preocupación con el autocontrol
    Ejercitarse excesivamente
    Aislamiento, pérdida de amistades
    Comportamiento irritable
    Vomitar en secreto
    Distorsiones o cese del período menstrual

BULIMIA NERVIOSA

    Comer compulsivamente grandes cantidades de comida (síndrome del atracón)
    Obsesión con la comida y las calorías
    Vomitar y purgarse con laxantes
    Comportamiento reservado
    Sensación de estar fuera de control
    Distorsión al período menstrual
    Autoestima muy baja