jueves, 16 de agosto de 2018

¿Quien sueña cuando yo sueño?

HACIA UNA CLÍNICA DEL SUJETO. LACAN 

**¿Adónde rastrear lo singular de la experiencia humana en un horizonte que se define justamente por la desmemoria de todo aquello que aluda a la subjetividad?
 Sabemos que algo radical de lo humano encuentra su forma de presentación clínica en aquella repetición de la historia subjetiva que llamamos transferencia. 
Algunas consideraciones respecto de la noción del sujeto en el discurso psicoanalítico.

 El sujeto según Freud
La experiencia humana que está más allá de los límites de la conciencia
Si el síntoma y el sueño, el lapsus y el chiste, interrogan y sorprenden a quienes los experimentamos, entonces resulta evidente que aquello que llamamos las formaciones del inconsciente aparezcan como retoños o derivados de una interrogante primordial. Y esta pregunta originaria no es sino la pregunta por el sujeto.

El hombre, aunque degradado ahí afuera, se siente soberano en su propia alma.


Él se ha creado en algún lugar del núcleo de su yo un órgano de vigilancia que examina sus propias mociones y acciones para determinar si armonizan con sus exigencias. Si no lo hacen, son inhibidas y relegadas sin miramientos. Su percepción interna, la conciencia, anoticia al yo de toda clase de procesos significativos que se desarrollan dentro de la fábrica anímica; y la voluntad, guiada por tales noticias, ejecuta lo que el yo ordena, modifica lo que querría consumarse de manera autónoma. (...) El yo se siente seguro de que sus noticias son completas y confiables, y seguro también de la viabilidad de sus órdenes.
Esta sensación de familiaridad se empieza a derrumbar en tanto emergen, desde lo cotidiano, las primeras incertidumbres:
¿quién sueña cuando yo duermo? ¿Quién se place en sufrir a pesar mío? ¿Quién se equivoca contra mi voluntad? ¿Quiénes reímos cuando reímos? ¿Quién habla cuando digo más de lo que yo quisiera?
En todas estas experiencias en absoluto infrecuentes, somos tomados por sorpresa y enfrentados a algo de nosotros mismos que sin embargo sentimos que no nos pertenece, que se nos escapa sin siquiera poder dar cuenta de ello, que nos devuelve una sensación de extrañeza y perplejidad. Sigamos, entonces, la reflexión freudiana, acotada esta vez a la dinámica del síntoma:
Ahora bien: en ciertas enfermedades no es así; entre ellas, justamente en las neurosis estudiadas por nosotros. El yo se siente incómodo, tropieza con límites a su poder en su propia casa, el alma. De pronto afloran pensamientos que no se sabe de dónde vienen; tampoco se puede hacer nada para expulsarlos. Y estos huéspedes extraños hasta parecen más poderosos que los sometidos al yo; resisten todos los ya acreditados recursos de la voluntad, permanecen impertérritos ante la refutación lógica, indiferentes al mentís de la realidad. O sobrevienen impulsos como si fueran de alguien ajeno , de suerte que el yo los desmiente, pese a lo cual no puede menos que temerlos y adoptar medidas preventivas contra ellos. El yo se dice que eso es una enfermedad, una invasión ajena, y redobla su vigilancia; pero no puede comprender por qué se siente paralizado de una manera tan rara.
Es así como llegamos a descubrir, en la noción misma de sujeto, la marca de la paradoja: hablamos de “sujeto” para referirnos a la experiencia de aquello que resulta ajeno a nuestra conciencia habitual, incomprensible para nuestra lógica rutinaria, informulable para lo común de nuestro discurso.
La concepción freudiana implícita del proceso por el cual el sujeto se constituye es fundamentalmente dialéctica (...), dado que el sujeto se crea y se sostiene, al mismo tiempo que se descentra, en el interjuego dialéctico de consciencia e inconsciente” .

Frente a estos hechos, la psiquiatría sin duda rechaza la idea de que unos espíritus ajenos se hubieran infiltrado en la vida anímica. Pero por lo demás se limita a decir, encogiéndose de hombros: “¡Degeneración, disposición hereditaria, inferioridad constitucional!” El psicoanálisis (...) se procura conceptos auxiliares y construcciones científicas, y por fin puede decir al yo:
* “No estás poseído por nada ajeno; es una parte de tu propia vida anímica la que se ha sustraído de tu conocimiento y del imperio de tu voluntad” .


 En un comienzo, el síntoma histérico fue el semblante de una escisión de conciencia que no tardó después en presentarse como un hecho de estructura: 






* La realidad psíquica constituida en la represión originaria de la realidad material, acto en que se inscribe para la experiencia humana la huella imborrable de la división del sujeto. Es precisamente esta escisión estructural el punto de anclaje de la noción lacaniana del sujeto.
3. El sujeto según Lacan

La infancia de un sujeto, los aparatos registradores familiares parecen sufrir los mismos mecanismos de censura y de sustitución que el análisis freudiano nos ha enseñado a conocer en el psiquismo del sujeto mismo .

* La personalidad del sujeto está estructurada como una psicosis paranoica: tal parece ser la primera de las fórmulas lacanianas.
*Segun Lacan la psicosis no es la demencia, la alienación del sujeto en la personalidad no es el traumatismo supuesto de los lóbulos cerebrales en el encéfalo, la pregunta por la subjetividad no es la respuesta de la anatomía académica.
Hay que despejar el papel que el trauma vital tiene en las psicosis .

 Hacia una clínica del sujeto

* Es imposible que resulta escuchar algo en aquello que Lacan llamará después los significantes del sujeto si no nos volvemos a su historia de vida, sus vivencias y sus traumas o heridas. 

 
Lacan concluye:
Nuestro estudio nos ha impuesto, por principio de cuentas,
* la importancia de la historia afectiva del enfermo. Y hemos comprobado que las vivencias eran tanto más determinantes de esta historia cuanto más relacionadas estaban con la infancia del sujeto .
En este sentido, sostenemos que no es caprichoso el interés del psicoanálisis en lo inconsciente, la sexualidad y la historia de nuestra infancia: es que allí se teje, íntimo y sutil, algo del orden de la subjetividad que no alcanza a ser escuchado ni por la biología ni por la psicología empírica. Al decir de Lacan, los hechos de nuestra ciencia no pueden hacer a un lado la preocupación por el hombre, por el ser humano concreto, singular y deseante; ese que al hablar se descubre extranjero en sí mismo y que al equivocarse descubre su propia verdad.
Tal es el sujeto que descubrimos finalmente en nuestro recorrido por Freud y Lacan. Un sujeto vivo que la ciencia y sus avances farmacológicos no podrán desterrar. Bajo el proyecto de refundar el psicoanálisis en el sentido común, nos resulta sugerente volver a Freud y a Lacan, no para quedarnos allí, sino para traerlos de vuelta a nuestra profunda y a la vez ominosa experiencia de lo cotidiano. Porque “lejos de discutir la utilidad de estas sustancias y de despreciar el confort que aportan, quise mostrar que no sabrían curar al hombre de sus sufrimientos psíquicos, fueran éstos normales o patológicos. La muerte, las pasiones, la sexualidad, la locura, el inconsciente, la relación con el otro dan forma a la subjetividad de cada uno, y ninguna ciencia digna de este nombre acabará jamás con ello, afortunadamente





 Lic.D. Gurny



 .
Referencias


Borges, J. L. (1944). Ficciones. En Obras Completas, tomo I (1996). Barcelona: Emecé.
Dor, J. (1994). Introducción a la lectura de Lacan II. La estructura del sujeto. Barcelona: Gedisa.
Evans, D. (1997). Diccionario introductorio de psicoanálisis lacaniano. Bs. As.: Paidós.
Freud, S. (1917 [1916]). Una dificultad del psicoanálisis. En Obras Completas, tomo XVII (1996). Bs. As.: Amorrortu.
Gárate, I; Marinas, J. M. (1996). Lacan en castellano. Tránsito razonado por algunas voces. Madrid: Quipú.
Kaufmann, P. (1996). Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis. El aporte freudiano. Bs. As.: Paidós.
Lacan, J. (1960). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. En Escritos, tomo II (1988). Bs. As.: Siglo XXI.
Lacan, J. (1962-63). La angustia. En El Seminario, tomo IX. Inédito.
Lacan, J. (1988). Escritos. Bs. As.: Siglo XXI.
Lacan, J. (1998). De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. México: Siglo XXI.
Miller, J. A. (2001). El ruiseñor de Lacan. En ‘Del Edipo a la sexuación’. Bs. As.: Paidós.
Miller, J. A. (2004). La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Bs. As.: Paidós.
Miller, J. A. (2005). Filosofía <> Psicoanálisis. Buenos Aires: Tres Haches.
Miller, J. A. (2005b). El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires: Paidós.
Nasio, J. D. (1997). Los ojos de Laura. El concepto de objeto a en la teoría de J. Lacan. Bs. As.: Amorrortu.
Ogden, T. (1992). El sujeto dialécticamente constituido / descentrado del psicoanálisis. En Libro Anual de Psicoanálisis (1992). Madrid: Libro Anual.
Oroz, R. (1990). Diccionario de la lengua castellana. Stgo.: Universitaria.
Roudinesco, E. (2000). ¿Por qué el psicoanálisis? Bs. As.: Paidós.
Roudinesco, E.; Plon, M. (1998). Diccionario de psicoanálisis. Bs. As.: Paidós.
Tendlarz, S. E. (1999). Aimée con Lacan. Acerca de la paranoia de autopunición. Bs. As.: Lugar Editorial.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Oscuridad y diversidad

Lacan:el mal entendido

Image
La oscuridad y diversidad de los asuntos humanos son tales que no se puede saber nada claramente, y si se puede, suele ser en detrimento del placer.(Erasmo – Elogio a la locura)

... Hoy escribo justamente para presentar; no la complejidad del pensamiento lacaniano en un par de líneas, sino más bien para dar algunas razones de por qué, el discurso general presenta al psicoanálisis, principalmente lacaniano, como algo tan complejo y tan inútil que es mejor ni leer y ni acercarse.
El psicoanálisis lacaniano es uno de los tantos psicoanálisis existentes. Es una escuela formada a partir del pensamiento de Jaques Lacan, psicoanalista francés cuya reflexion es una producción, un efecto del contacto con el pensamiento de grandes filósofos, antropólogos, lingüistas, etc., como Hegel, Kant, Descartes, Marx, Levi-Strauss, Saussure, etc., etc., en una época donde el estructuralismo y nuevas propuestas artísticas de estilo más rupturistas entraban en escena. Cabe mencionar que Lacan fue un psiquiatra muy controvertido por plantear ideas revolucionarias y diferentes que en los círculos académicos de su época generaban más de un descontento.
“El lenguaje no sirve”, “No hay relación sexual”, “La mujer no existe”, “El inconsciente estructurado como un lenguaje”, son algunas de las frases claves que durante años pensadores prominentes han discutido, venerado o criticado. En resumen, estemos de acuerdo o no, Jaques Lacan llegó a reformular el psicoanálisis biologicista, sobre todo positivista[1], releyendo a Freud y planteando lo que (él consideraba) el padre del psicoanálisis intentó decir y señalar con sus palabras.
Ahora bien, los alcances del psicoanálisis de Freud y Lacan han tenido un impacto que va más allá del pensamiento acerca de lo puramente psicológico, pudiendo encontrarse aplicado en ámbitos diversos como el estudio de la política, la sociología, la filosofía, la interpretación en arte, la expresión en literatura, etc. Esto, pues el pensamiento psicoanalítico es estructural, en el sentido de que se pregunta por los fundamentos que constituyen al sujeto y que lo hacen ser quien es, lo que lleva de una u otra forma a pensar que el sujeto es producto de una multiplicidad de factores político-sociales y  discursivos que interactúan en un momento determinado. De ahí que el pensamiento psicoanalítico no es sumiso a las certezas sino que, por el contrario, suele hacerse preguntas que van a cuestionar el fundamento o la raíz de esas certezas que, la mayoría de las veces sin enterarnos siquiera, van construyendo aquello que creemos es nuestra realidad y, por ende, constituyéndonos como aquello que creemos ser.
Pero no es aquí donde quiero apuntar con este ensayo sino que lo que me propongo es presentar, en forma concisa y ojala muy simple, lo que para mi constituye un mal entendido que por años se ha hecho del psicoanálisis lacaniano, un mal entendido, a saber, que tal vez no es tan inocente como parece.
En un mundo globalizado, con un capitalismo articulador de lo político-social, donde el hedonismo, la velocidad y lo práctico, parecen venir hoy a 
sustituir el pensamiento y la reflexión, por ser algo denso que merece más tiempo del que se puede necesitar para generar dinero o pagar algún preciado articulo pronto a comprar, el psicoanálisis es puesto en el lugar de lo innecesario y engorroso para enfrentarse o moverse en el mundo actual. El simple ejemplo de la inmediatez a la cual estamos acostumbrados, donde podemos tener lo que queremos en el lugar que queremos (y al costo que queramos, pagado aunque sea en cuotas) va formando una sociedad e individuos que lejos de querer detenerse, solo apuntan a conseguir placer y satisfacción inmediata[2].
Es justamente esta ceguera colectiva, este deseo por alcanzar lo simple y lo más placentero en lo inmediato lo que genera que pensamientos que requieren de mayor esfuerzo cognitivo, sean considerados como meras imposturas intelectuales[3], y no sean tomados en cuenta desde su esencia, por aquello que nos señalan y nos quieren mostrar. Alguna vez leí en Rey una frase de Lacan que siempre recuerdo: “no hablo para idiotas”[4]. Y es verdad, me di cuenta lo idiota que había venido siendo (y que aun puedo seguir siendo) y cómo, a costa de un mayor esfuerzo, podía comprender cosas realmente profundas de la constitución de un sujeto[5], de la ideología, de lo social, etc. ¿Pero quién no quiere ser idiota (pero no parecerlo) hoy en día, y disfrutar a costa del “mínimo” esfuerzo?
El segundo punto que quiero tomar es justamente las acusaciones de que Lacan era un tipo encriptado que escribía para una elite intelectual y que, tal vez ni ellos entendieron nunca lo que el propio Lacan quiso decir. La reflexión lacaniana es sumamente subversiva puesto que, al partir de ideas como que “el sujeto miente” (no por deshonestidad sino por inconsciencia), suele encontrar la quinta pata al gato, la sexta e incluso a postular que el gato que ahí se veía, que nos hicieron ver, nunca existió en la realidad. A nivel social y político esto es bastante complejo, porque hace que el individuo comience a pensar por sí mismo y, peor aún, comience a hacerse preguntas: ¿Por qué hoy los discursos mediáticos nos bombardean con “compre mas”, “sea más”, “viva mas”?¿de dónde vienen estas ideas de “pensar menos y sentir más”?¿por qué hoy en día emerge un movimiento espiritual “new age” tan llamativo?¿por qué los ambientalistas hoy parecen ser la nueva religión de estado?¿por qué el matrimonio?¿por qué…?, etc., etc. El pensamiento acerca de las estructuras mismas empuja al sujeto a ser un actor que cuestiona su mundo antes que ser un mero efecto del mercado y del Estado imperante.
Recuerdo haber escuchado gente diciéndome: “¡ah no!, Lacan es tan complicado, se da tantas vueltas para decir algo tan simple” Es justamente ahí donde aparece, por ejemplo, el sujeto globalizado que antes mencioné, ese individuo marcado por la obtención de lo sencillo y lo inmediato. El pensamiento lacaniano es complejo porque la constitución del sujeto es profundamente intrincada por una multiplicidad de discursos y creencias que sostienen la ilusión de que las cosas son como son, y como para este caso antes caricaturizado, sería que las cosas son “simples”[6].
De ahí que, para mí, este sesgo, exacerbado, es una forma de alejar a los individuos de un pensamiento y una escritura que invita a pensar. Que invita a estar totalmente atento, palabra a palabra, letra a letra, para descifrar aquello que ahí está dicho. Y recuerdo con esto a Zizek[7], quien en una conferencia en Nueva York plantea:
 “Lo admito, hay un aspecto de payaso en mí, como ellos lo ponen en el New York Time. Todo, y quizás coqueteo con eso. Pero no obstante estoy cansándome de eso, porque noto que hay un tipo de impulso terrible para hacerme ver como un hombre cómico. Y la verdadera pregunta debe ser ¿desde dónde viene este impulso? ¿Por qué es necesario retratarme así? ¿Cómo alguien puede prosperar atreves de chistes e incluso vender publicaciones? Ya ven, es mucho más de lo que puede parecer aquí. Es realmente un fenómeno complejo. Estoy tentado a decir que hacerme popular es una resistencia contra el hacerme serio”.[8]
Parece ser así como los discursos dominantes, en pos de mantener su poder, su verdad, acusan y señalan otros tipos de discursos para sacarlos del camino; y esto es lo que hoy trato de señalar, este efecto que a mi parecer ha estado y está ocurriendo, el hecho de que sea parte de un acto el desacreditar cierto tipo de pensamientos, en este caso, el lacaniano.Ya lo he dicho, el pensamiento de Jaques Lacan no es algo sencillo de comprender, sin embargo, cuando fui entendiendo (hasta hoy algunas cosas) fui también dándome cuenta que el efecto de estas lecturas puede ser profundo puesto que abren la experiencia del pensamiento a otros limites. Es una lectura que remueve, palabras que sacan el piso y proponen observar el mundo y a uno mismo desde otra perspectiva. Por eso mi invitación es, en primer lugar, a no quedarse en el prejuicio antes de hacer el esfuerzo de entender aquello que parece tan complejo (de hecho, me permito decir que Sokal[9] no leyó realmente a Lacan, y tal vez tan solo paso los ojos por algunos párrafos sin detenerse a pensar qué es aquello que ahí se quiso decir). En segundo lugar dejo la invitación a salir de la comodidad cognitiva que el sistema imperante hoy propone (impone), como método de dominación de los mecanismos de verdad que constituyen su mundo. Y por último, que si en algún momento tiene la oportunidad de leer acerca del psicoanálisis lacaniano, tome asiento, tómese su tiempo, respire, y léalo, palabra a palabra. Quién sabe, tal vez al terminar un párrafo, al desenmarañarlo, pueda usted compartir esto que aquí escribo y pienso.





Por Jorge Norambuena

[1] El retorno a Freud implicó la reconsideración de su teoría sobre otras bases, distintas del positivismo imperante en la época en la que Freud produjo su teoría y del que se desprende la raigambre biologicista. (Colaboración de María Haag)
[2] Pierre  Jacomet (2003) Lucidez del Abismo.
[3] Soka, Bricmont  (1998) Imposturas intelectuales.
[4] “Al día siguiente, afirmé ante el Gordo que los Escritos no eran más que una jerigonza. Todavía no conocía el lema de su autor: “No hablo para idiotas” ”. Pierre Rey (2010) Una Temporada con Lacan, pag. 38.
[5] Me refiero con esto al sujeto del psicoanálisis ($), atravesado por la represión primaria, dividido entre aquello que sabe y no sabe, lo que quiere y no quiere, etc.
[6] Dirá Lacan en sus Escritos (1955) “La verdad tiene estructura de ficción” 
[7] Slavoj Žižek es un filósofo e historiador natural de Eslovenia. Su obra integra el pensamiento de Jacques Lacan con el marxismo, y en ella destaca una tendencia a ejemplificar la teoría con la cultura popular [principalmente el cine].
[8] Este párrafo fue sacado del documental que lleva por nombre “Zizek”, disponible en internet en el sitio

miércoles, 1 de agosto de 2018

El Sufrimiento del hombre se resume en NO QUERER SUFRIR


Pidiendo anestesia
S.O.S HELP




Frente al estallido de las normas tradicionales al sujeto se le exige ser exitoso en múltiples registros: físico, estético, sexual, psicológico, profesional, social, etc. En un mundo fascinado por el éxito, el rendimiento y la excelencia, hay tensiones fuertes entre las metas y los logros lo cual supone sufrimientos diversos. Algo falla en esta exigencia que necesita drogas diversas y bebidas energizantes. Los duelos masivos y traumas hacen zozobrar vínculos, identidades y proyectos personales y colectivos. Hay recursos variados para evitar compromisos. En nuestra época predomina lo light que ha invadido nuestras prácticas cotidianas. Si antes era admitido únicamente en el dominio del arte, hoy es un imperativo en múltiples esferas: objetos, cuerpo, deporte, alimentación, arquitectura, diseño. Las transformaciones de la vida colectiva e individual reivindica otra modalidad de tipo “liquido” . La vida de los individuos está caracterizada por la inestabilidad, entregada al cambio perpetuo y a lo efímero. Las pesadas imposiciones colectivas han cedido a la volatilidad de las relaciones y los compromisos. Por obra del consumismo, vivimos el tiempo de la legitimación de la banalidad como valor cotidiano. Por medio de los objetos, la publicidad, los medios y la moda, el capitalismo del consumo exalta los placeres invitando a vivir solo en el presente La ideología, que se escribía con mayúscula, ha cedido el paso a una ética de la satisfacción inmediata, a una cultura lúdica y hedonista centrada en los goces del cuerpo, de la moda, de las vacaciones, de las novedades comerciales.

La fragilidad de los lazos y la facilidad actual para las desvinculaciones traen consigo unas veces las delicias de la renovación, otras la pesadilla de quedar abandonados. Todo se ha vuelto desechable: en este contexto, muchas personas tienen miedo de vivir un nuevo fracaso doloroso y no piensan sino en protegerse de sufrimientos siempre posibles en las relaciones afectivas. La soledad como consuelo: más vale estar solo que vivir conflictos agotadores y un nuevo fracaso. La libertad se transforma en miedo a las relaciones.

A su vez los consultantes que no logran eludir ciertos sufrimientos transitan de consulta en consulta. Nómades y escépticos. No creen en ningún tratamiento pero los prueban todos: homeopatía, acupuntura, hipnosis y alopatía. Pero no es imposible encontrar al psicólogo o médico que dialoga en lugar de limitarse a medicar y abolir síntomas mediante métodos sugestivos. Logrará así que su padecer se inscriba en la trama de los conflictos propios de una historia singular.

En los comienzos de un psicoanálisis lo que se escucha es la “historia oficial”. Pero esa historia es confrontada con aquella que el psicoanalista ayuda a construir. Los testimonios del pasado son los síntomas, las transferencias, las repeticiones, las formaciones caracterológicas, los sueños y también los recuerdos. En psicoanálisis, el “hacer la historia” no podría reducirse a un relato que reprodujera el pasado con fidelidad pero sin establecer una interpretación de los hechos. La historia que se va haciendo en el trabajo analítico establece relaciones entre el pasado que se evoca y su repetición. La historia se construye desde el presente. ¿Cómo? ¿Inventando un pasado? ¿Recuperándolo sin producir nada nuevo? La verdad histórica se construye partiendo de las inscripciones del pasado, pero es el trabajo mancomunado el que generará nuevas simbolizaciones. El psicoanálisis remite a una historia pero no repite una historia, en tanto a la repetición se le sumen el recuerdo y la reelaboración. Interpretaciones y construcciones le permiten al analizando apropiarse de un fragmento de la historia de su pasado libidinal e identificatorio y reconstruir su sentido con el fin de ponerlo al servicio de su proyecto de vida actual.

D.G.
  


Hoy, lo moral, lo que está bien, es ser feliz. La dictadura de la euforia sumerge en la vergüenza a los sufren. Quiere anestesia en la vida cotidiana. Simples dificultades las considera sufrimiento

¿Cómo construir un psicoanálisis contemporáneo, abierto a los intercambios con otras disciplinas y al desafío que impone cada coyuntura sociocultural? En mi libro, Encrucijadas del psicoanálisis (*), insisto en que es necesario que éste se actualice para no perder vigencia.

La clínica actual supone lidiar no sólo con enfermedades, sino con el sufrimiento (el evitable y el inevitable). ¿Quiénes nos consultan? Generalizaré: personas con incertidumbre sobre las fronteras entre el yo y los otros; con fluctuaciones intensas en la autoestima; con vulnerabilidad a las heridas narcisistas; con gran dependencia de los otros o imposibilidad de establecer relaciones significativas; con intensas angustias y temores; con apatía, con trastornos del sueño y del apetito, con desesperanza, con hipocondría, con crisis de ideales y valores y con multiplicidad de síntomas corporales.

El sufrimiento es una experiencia que confronta a una persona con la pérdida, el rechazo, la decepción que le impone alguien significativo, una actividad o ciertas pérdidas o traumas. El sufrimiento es una necesidad porque obliga a reconocer la diferencia entre realidad y fantasía. Y es un riesgo porque el sujeto, ante el exceso de sufrimiento, puede desapegarse de aquello que lo causa empobreciendo sus relaciones y su vida misma.

Una cuota de sufrimiento es inherente al vivir y soportable sin terapias y sin pastillas. Cuando la cuota se vuelve excesiva -por la duración, por la intensidad- recurrimos a respuestas elementales para atenuarla y -si pudiéramos- borrarla. La gente hoy tiene el sufrimiento paradójico de no querer sufrir ni lo indispensable.La moral y la felicidad, que estaban reñidas, hoy son carne y uña. Lo moral, lo que está bien, es ser feliz. Hemos pasado de valorar el deber a valorar los placeres. En vez de abnegación, escapismo; en vez de privacidad, violencia mediática y frivolidad. La dictadura de la euforia sumerge en la vergüenza a los sufren. El hombre actual sufre por no querer sufrir. Quiere anestesia en la vida cotidiana. Simples dificultades las considera sufrimientos. Sin embargo, reconozcamos que una dificultad sólo es preocupante cuando se pasa de la raya sea por la duración, sea por la intensidad.

"Conviértase en su mejor amigo", "Piense en positivo"... Por cualquier medio hay que "tener onda", ser divertidos. Se nos muere alguien querido, nos rechaza alguien que nos  importa, alguien hace algo que nos decepciona... Todas pérdidas. Pero también son pérdidas ser despedidos del empleo, quebrar en una empresa... Eso duele. Es un dolor sano, que a veces se intenta extirpar con distintos psicofármacos, con alcohol o con otras conductas de evasión.

Tenemos derecho a tener un techo, a evitar la intemperie. Otra cosa es que un adulto pretenda la protección que se le da al niño. El infantilismo combina una exigencia de seguridad con una avidez sin límites y evita cualquier obligación. Mi infancia desgraciada, mi madre "castradora", mi padre ausente... Al demostrar que el ser humano es movido por fuerzas que conoce pero también por fuerzas que no conoce (lo inconsciente) el psicoanálisis proporcionó a cada cual una batería de pretextos para victimizarse.

Hay corrientes filosóficas y psicológicas que no quieren hablar de conflicto. Pero el conflicto no es ni bueno ni malo. El conflicto es. El conflicto no es una pelea callejera que pudo haberse evitado. El conflicto es inevitable. El vegetal lucha para vivir, para no ser destruido por el clima, por los animales. El hombre para no ser destruido por sí mismo, por los otros o por ciertas vicisitudes propias de la vida.

El análisis de los condicionamientos sociales sobre la historia individual aporta un esclarecimiento particular sobre los conflictos "personales". Permite deslindar los elementos de una historia propia y los que comparte con aquellos que han vivido situaciones similares. Todos vivimos en un cóctel cuyos ingredientes son contradicciones sociales, psicológicas, culturales y familiares.

Las normas morales cambian de una sociedad a otra. Son muchos los que repiten que ya no hay valores. Que toda la cultura moderna se ha encaminado hacia el nihilismo. El nihilismo es precisamente esta "falta de fundamento". Es un hecho que no existe ni existió una sociedad sin valores. Esos valores, conforman la sociedad y la subjetividad.

Ahora hay familias ampliadas, nucleares, monoparentales, homosexuales, etc., y familias típicas (típicas de antes) y personas que extrañan la "familia tradicional" y a veces son intolerantes con las otras. Caídos los dogmas, tenemos que conformarnos con creencias, convencimientos, fe, teorías, hipótesis y opiniones. Y disfrutar de ellos y soportar que a veces no sepamos a qué atenernos.

Frente al estallido de las normas tradicionales, el individuo no cuenta con una guía univoca. Se le exige ser exitoso en diversos registros: físico, estético, sexual, psicológico, profesional, social, etc. En un mundo fascinado por el éxito, el rendimiento y la excelencia, hay tensiones fuertes entre las metas y los logros y ello implica sufrimientos diversos.

Algo falla en esta exigencia que necesita drogas diversas, anabólicos, bebidas energizantes. Los duelos masivos y traumas hacen zozobrar vínculos, identidades y proyectos personales y colectivos. Si ustedes quieren eludir estas crisis, tendrán que encerrarse en un bunker al que no llegue el afuera, sus turbulencias diversas, sus duelos masivos. Hemos vivido "dentro" de esa  crisis multidimensional (política, social, económica y ética) que nos asedia en las últimas décadas. La autoestima y la identidad se resquebrajan cuando la sociedad "maltrata" al sujeto.

Los pacientes, fragmentados por los especialistas, aumentan la hipocondría y van, nómades, de consulta en consulta. Nómades y escépticos. No creen en ningún tratamiento pero los prueban todos: homeopatía, acupuntura, hipnosis y alopatía. Pero no es imposible encontrar al profesional que dialoga. Será la oportunidad de hablar de su padecer e inscribirlo en la trama de una historia personal.

(*) Las encrucijadas actuales del psicoanálisis (Fondo de Cultura Económica)



Luis Hornstein