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sábado, 11 de julio de 2020
#####salud mental####
La normalidad psíquica completa no existe. Universalmente hablando, y más allá de las patologías, todos somos un poco neuróticos, todos tenemos que cuestionarnos algo de nuestro mundo interior, siempre hay algo que no anda del todo bien. Y esto es debido, como dice el Dr. Jacques Lacan, a que no somos seres completos. La incompletud es nuestra condición, también el deseo insatisfecho.
No olvidemos que según el filósofo alemán Heidegger, somos “un ser para la muerte”; y ésto nos afecta más allá de que creamos o no en Dios. Por otra parte, estamos castrados, como lo antedicho, somos incompletos.
Para Freud, el deseo busca siempre el paraíso, una satisfacción que nunca encontrará y que, en realidad, nunca encontró. Esto lo podemos leer en su trabajo”Proyecto de una psicología para neurólogos”.
Por otra parte, según Lacan(continuador de Freud y psicoanalista francés ya fallecido) la sexualidad es siempre traumática: nos marca el trauma, no hay un ser hecho para otro.
Pero Freud da una definición muy acertada, según nuestra opinión del principio de realidad (que es lo que marcaría lo que llamamos normalidad psíquica), dice que es: “el rodeo que tiene que dar el deseo para alcanzar la satisfacción”, la tolerancia a la no inmediatez.
Esto no quiere decir que la felicidad no exista, si no que existe junto al dolor. Un dolor de existir que es completamente normal.
Freud decía que el secreto de la normalidad psíquica, consiste en “amar y trabajar”. Agreguemos que también consiste en no esperar un mundo ideal, una familia ideal, un ser ideal, una pareja ideal, unos hijos ideales,etc.etc. Es decir, es muy importante la caída de las idealizaciones y aceptar las miserias del mundo y de nosotros mismos y los que nos rodean. Aceptar las diferencias, tan odiadas y rechazadas por los neuróticos, los perversos, los psicóticos y los fanáticos.
Una dosis de amor por sí mismo (la autoestima, el narcisismo atemperado) es positiva, pero un exceso de egoísmo o altruismo llevan a la enfermedad.
No hay un concepto de salud mental, es relativo.
Hay síntomas que no se curan nunca y sin embargo, esa persona puede tener una vida plena. Existe, por períodos, la plenitud.
Es muy importante para la salud mental, no estar demasiado alejado de los ideales y metas que el sujeto se ha propuesto. Pero siempre y cuando estos ideales no sean inalcanzables; si lo son, hay patología.
También es muy de destacar la tolerancia a la frustración y a los límites: cuanto más tolerante sea un sujeto, más sano va a estar.
La capacidad de reflexionar (que el psicoanálisis promueve) lleva al sujeto a la salud, a la realidad, también a despertar la imaginación (otra cosa que el psicoanálisis promueve). No nos referimos a las racionalizaciones o rumiaciones, si no al pensamiento que conduce a buen puerto.
La cultura y la creatividad, son otra de las fuentes de donde extraer salud.
Un exceso de represión va a ser siempre fallida y va a producir enfermedad; pero una represión bien instalada y analizada produce salud, y más aún el mecanismo de defensa que Freud llamó sublimación: la canalización de los deseos en el amor, el trabajo, la creación y la cultura.
Agreguemos, por último, que hay que aprender a renunciar, pero no a resignarse, la vida no tiene sentido ...si el deseo produce un "cobarde".
¿Qué es el Trauma? Es un suceso, o una serie de sucesos que acontecen en la vida de un sujeto y que se caracterizan por su intensidad, la imposibilidad del individuo para responder adecuadamente, y por las secuelas patógenas que deja en el aparato psíquico. Se trata de acontecimientos para los que el sujeto no está en modo alguno preparado a reaccionar y se defiende patológicamente, no con defensas normales; ya sea reteniendo el afecto o reprimiéndolo.
En los comienzos del psicoanálisis, Freud creyó que la descarga o abreacción del afecto sería suficiente para la cura, pero luego descubrió la inexactitud de esta creencia.
De hecho, en los pacientes que han sufrido intensos traumas, como violaciones, secuestros, consecuencias de una guerra, que he tenido la oportunidad de analizar tanto en Argentina como en España, he descartado la posibilidad de que con las descargas de afecto sea suficiente a efectos de la curación.
El paciente que sufre una neurosis traumática, puedo afirmarlo junto a otros autores, se cura gracias a la transferencia con el terapeuta. La transferencia es el vínculo, positivo o negativo que el paciente crea con su analista, volcando en él y canalizando afectos y huellas de su pasado. El analista pasa a ser como la madre, o el padre, o los hermanos, o los tíos, etc.
Esto no significa que la abreacción, la descarga, no sea importante: de hecho es indispensable, pero es insuficiente. La transferencia positiva sublimada es lo que da pie a la elaboración del trauma, dentro del vínculo con el terapeuta. Entendemos por “transferencia positiva sublimada” un tipo de vínculo amoroso pero no sexualizado con el analista, donde las intervenciones de éste son poco a poco toleradas y elaboradas junto a las interpretaciones.
Es muy importante, además, la actitud de la gente de alrededor del paciente: por ej. sería patógeno que no toleren sus descargas y sus llantos, sus momentos de no querer hablar o de necesitar imperiosamente de comunicación, es decir, la paciencia que le tenga el entorno al paciente.
El trauma es como “un cuerpo extraño” que el paciente tiene que ir digiriendo paulatinamente, poder sentirse en un vínculo donde sea escuchado y pueda hablar de aquél con libertad. La transferencia, que es esencialmente la relación con el analista, posibilita ésto y la simbolización consiguiente del hecho traumático hasta que sobrevenga la cura.
En éstos casos muchas veces he acudido a entrevistas de familia o vinculares, que son muy eficaces, porque hacen comprender al entorno como ayudar al paciente, como vincularse con él, no dejar la verdad en el silencio, no negarla (que es otro de las frecuentes maneras patológicas de reaccionar), etc.
La depresión
Ante todo, aclaremos que la depresión, no es una enfermedad, si no un síntoma. Y, como decía Sigmund Freud (el fundador y descubridor del psicoanálisis) ”Al síntoma hay que respetarlo”.Esto significa que no podemos abordarlo directamente en la cura, sino investigar sus causas, y luego, poco a poco interpretarlo.
La depresión es un estado de apatía, tristeza, pesar y a veces abandono. Puede llegar, si es severa, a la pasividad total del paciente.
Es imprescindible, que el paciente acuda a tratamiento terapéutico, sino, no saldrá de ella y puede ir a peor. en mi experiencia profesional , he observado que tiene un componente fisico irreductible a la experiencia psicanalitica, Aunque el CBD no cura la depresión, ha demostrado ser una promesa para su tratamiento. El cuerpo humano produce sus propios cannabinoides, conocidos como endocannabinoides.Estudios recientes indican que el CBD es capaz de interactuar con el sistema endocannabinoide del cuerpo para reducir los síntomas de la depresión. La investigación preclínica confirma el potencial antidepresivo del CBD. ...Independientemente de su causa, los síntomas de la depresión suelen ser bastante similares. Se caracteriza por un deterioro del estado de ánimo, pérdida de motivación, de interés y de energía, trastornos del sueño e inquietud. La depresión también conlleva problemas mentales como la pérdida de la concentración y la disminución de la capacidad de pensar. La depresión es un factor de riesgo importante para el suicidio y la autolesión, el abuso de sustancias y consecuencias negativas para la salud.
La depresión a menudo se simplifica como un desequilibrio neuroquímico y se trata como tal. Sin embargo, muchos científicos creen que las deficiencias neuroquímicas son un síntoma, más que una causa de depresión. Por tanto, muchos médicos e investigadores han centrado su interés en la prevención y en minimizar las causas o desencadenantes.El cuerpo humano produce sus propios cannabinoides, llamados endocannabinoides, ayudados por el consumo de ácidos grasos que se encuentran en alimentos como el pescado, las nueces y las semillas. Los estudios demuestran que el CBD es capaz de interactuar con el sistema endocannabinoide del cuerpo. El sistema endocannabinoide es una red de receptores celulares y moléculas que ayudan a regular las funciones humanas como el estado de ánimo, el apetito y el sueño. Al unirse a receptores específicos en el cerebro humano, los endocannabinoides aumentan la acción de la serotonina, un neuroquímico que mejora el estado de ánimo y alivia el estrés.
la depresion puede trabajarse en analisis partiendo de el concepto de que tiene un componente fisico de base, que hay que atender en primera instancia!!!!!
El CBD mejora los síntomas de la depresión al aumentar la actividad de los receptores a los que se une la serotonina. Los efectos del CBD sobre el sistema endocannabinoide y su capacidad para liberar y optimizar la serotonina son responsables de producir el efecto calmante y relajante que se asocia típicamente con el cannabidiol.Las conclusiones de los estudios científicos apoyan el uso de CBD como tratamiento potencial tanto para la depresión como para la ansiedad.Inmediatamente después de inyectar CBD a los sujetos, los investigadores notaron "acciones rápidas similares a las de los antidepresivos".....
jueves, 9 de julio de 2020
NOVELA FAMILIAR
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| “Entre el grito que nos origina y el silencio final, somos danza del significante, susurro de la lengua, prisioneros de nombres que no hemos elegido, ocupas de mitos que nos recorren mientras tratamos de librarnos de un destino que solo en tanto ilusión nos pertenece” Sefir1 Las fantasías elaboradas por los pacientes en relación con su familia interesaron a Freud desde el comienzo 1909 en su trabajo “La novela familiar de los neuróticos”. La hipótesis freudiana parte de la idea de que el desasimiento de la autoridad parental es en el individuo que crece “una de las operaciones mas necesarias, pero mas dolorosas del desarrollo”. También suele construirse una historia con situaciones traumáticas que el paciente relata o el analista infiere en los casos graves con pacientes psicosomáticos o psicóticos o niños. Y tal como la describe Freud la construcción sería el equivalente a la creación de la novela. Para Lacan hablar implica no saber lo que se dice, la articulación alrededor de lo real y del objeto a nos aportan otras vías de acceso a lo inconsciente. En la construcción de la novela individual de un sujeto, el analista pone en escena fantasías que va atribuir al pasado infantil e imaginario del paciente Si ponemos el énfasis en lo que Freud consideraba “llenar las lagunas mnémicas”, si buscamos la rememoración del recuerdo cuando hacemos una construcción, no será necesaria nuestra comprobación, para tener certeza de la elaboración. La atención flotante del analista es necesaria y se corresponde con la asociación libre del paciente para ir forjando, modificando o estructurando una realidad discursiva de la vida del mismo en el transcurso de un análisis, cuestión que se ve entorpecida cuando el analista queda fijado a una sola historia, imposibilitando que surjan otras. La noción de historia como un relato que registra acontecimientos en una sucesión temporal lineal ha ido modificándose. Será en esas revisiones constantes donde se cuestionarán los hechos apareciendo “varias historias” en un mismo plano, coexistentes y no excluyentes. Si bien en un primer momento dan figura y forma a las fantasías y deseos inconscientes, el peligro −señala Piera Aulagnier− esta en “sustituir un singular que se busca, por un universal que se posee” o se cree poseer. Los celos y la rivalidad vinculados a la conflictiva edípica aportan los elementos teóricos necesarios para entender y describir la neurosis, dándole características de fantasías universales al estilo de las fantasías originales. No alcanza con contar la historia, tiene que ser una historia donde haya afectos contrariados, frustraciones, conflictos, una forma novelada de organizarla, entramado de pasiones, diferente de una anamnesis. Freud considera que la novela familiar se constituye en varios estadios o capítulos al modo de un teleteatro. Un período inicial en el cual el niño idealiza a sus padres. Posteriormente relegado asociado al nacimiento de hermanos u otros motivos, donde aparece la crítica a sus padres. El estadío siguiente donde se constituye la novela familiar propiamente dicha, en la prepubertad, fantasías que surgen en adultos como recuerdos o asociación libre, coexistiendo con otras ideas sobre su familia. La construcción de la novela tendría el movil de librar al protagonista de sus padres menospreciados sustituyéndolos por otros de posición social mas elevada, también aparece la idea de ser hijo bastardo o adoptivo. Configurándose dos familias: la original degradada y la ficticia enaltecida. Desilusión, angustia, enigma se confunden y se matizan cuando se relata la historia familiar. Un tío mujeriego, noctámbulo, piola, puede pasar a ser un sujeto incapaz de sostener una relación amorosa y despegar del acogedor regazo de su madre, de su casa paterna para armar su vida, y no tiene expectativas laborales más allá del día a día. Una hermana casera y siempre dispuesta a cuidar sobrinos puede pasar a ser vista en su condición evitativa y aislada del otro social. Un padre que llegaba tarde todas las noches porque su trabajo lo requería puede convertirse en sospechoso de haber tenido ocultas aventuras amorosas. Una madre victimizada por su marido jugador presenta la cara de haber vivido una vida de holgura económica que le permitía hacer su vida sin privaciones. Asi sucesivos momentos de las historias donde familiares, o padres idealizados de la primera etapa de la novela, pasan a la degradación y menosprecio de la segunda parte. La creación de la novela es el exponente de la ruptura de ese orden y un intento de ligadura. Da explicaciones sobre los orígenes y forma parte del proceso ideal del yo. Una historia que se hace y se deshace en ilusiones permanentemente. Freud destaca con dos palabras diferentes la historia real y objetiva −que sería el “acontecer histórico”− y la historia vivencial −es decir, como ocurrió para cada hombre−. Así desde el punto de vista del acontecer histórico una familia es la auténtica y la otra la ficticia, la de la invención literaria. “Las dos familias son espejamientos de la propia”. Así pasamos a la tercera familia −que denomina la propia− y que proviene del encuentro de un conjunto de historia que hace aparecer de su conjunción con su nueva realidad. Como psicoanalistas solemos tener en cuenta las vivencias del paciente en relación con la historia objetiva, sin embargo no podemos quedar pregnados de ciertos hechos, lo que equivaldría a admitir una sola versión del acontecimiento y haríamos depender la dirección de una cura de ese hecho. Se pueden crear las condiciones mediante asociaciones de posibilitar la vivencia del hecho, cambiando el orden de la historia. El significado de Real o ficción no es unívoco, cambia con la cultura. El mundo del cuento de hadas no altera el mundo real, se da por descontada la magia, equivalente a la primera etapa de la novela donde el niño enaltece la figura de los padres en el rey y la reina. En la etapa de latencia la concepción de un mundo previsible y lineal es irrumpido por fantasías puberales, la novela familiar propiamente dicha por Freud. La creación de novelas forma parte de algo que contribuye al desarrollo de capacidades creativas y simbólicas. Para Maud Mannoni son signos de salud siempre y cuando no quede prisionero de su ensoñación. Es importante que tenga en lo imaginario un público a donde dirigir su escena. El público “lo otro” del narcisismo, representa para quien y ante quien se crea la novela que en la infancia son seguramente los padres. En la neurosis conviven disociadamente ambas familias sin poder crear la propia, reprimiéndose aspectos de la novela, siendo causa de síntomas y malestares. Para concluir Freud decía “repetidamente he oído expresar a mis enfermos, cuando les prometía ayuda o alivio por medio de la cura catártica, la objeción siguiente… –Usted mismo me ha dicho que mi padecimiento depende probablemente de mi destino y circunstancias personales. ¿Cómo no pudiendo usted cambiar nada de ello, va a curarme? - A esta objeción he podido contestar –No dudo que para el Destino sería mas fácil que para mi curarla, pero ya se convencerá Ud. de que adelantaríamos mucho si consiguiéramos transformar su miseria en un infortunio corriente” En la reconstrucción de su historia muchas veces el ser humano recurre a la noción de destino para explicar lo inexorable, lo que no se puede cambiar, lo repetitivo, lo que no da posibilidades y nos enfrenta a la falta de opciones. La opción de elegir una alternativa u otra conlleva siempre un significado. Los relatos basados en la noción de destino como inexorable reservan la ilusión de que los hechos hablan por si solos. Los episodios históricos no se repiten si bien se establece entre ellos una relación de transformación, y están sujetos a reconstrucción a partir de los signos perceptibles en la superficie de los hechos. Destino equivale a falta de opciones, compulsión a la repetición. El establecimiento de opciones se aproxima mas al deseo, posibilita el acceso a nuevos niveles de la realidad. El destino suele asociarse por una parte a lo biológico, a lo genético y por otra a los grandes acontecimientos sociales, como si la propia historia del sujeto se moviera entre esas dos variantes. Cada intervención del analista abre nuevas opciones, nada hay fuera de la historia a pesar de ser escrita luego de los acontecimientos, desde lo actual es posible reordenar e interpretar los hechos pasados y darles nuevos sentidos. A la historia propia de la familia que el sujeto relata no la equiparamos con la de la realidad histórica objetiva o con la verdad material, sino con la realidad individual abierta a nuevas experiencias en la que cada uno va encontrando y perdiendo lugares en una reconstrucción continua. La historia familiar no es una verdad inmutable, pues la significación creativa de las producciones fantaseadas destaca que de la familia con la que se convive y de la ficticia surge la propia historia familiar. Después de todo como dice el dicho popular “a la familia uno no la elige” y ya que esto ocurre es necesario hacer algo con ello. Bibliografía Aulagnier, Pierra. “Vías de entrada en la psicosis” n/A n° 7 1994 cap 3 Mexico Ed. Siglo XXI Freud, Sigmund. “La novela familiar de los neuroticos” AE IX Moisés y la religión monoteísta AE Mannoni, Maud. Amor odio separación Bs. As. Ed. Nueva Vision 1994 Winnicott Donald. Realidad y juego Barcelona Gedisa 1982 Turjansky D. “La novela familiar... otra historia”. Revista de psicoanálisis APA n° 3 julio 2002 1 Schoffer Wechler La metáfora milenaria Ed. Paidos. Bs. As. 1993 pag 19 |
sábado, 24 de agosto de 2019
PERE·VERSION DEL PADRE
LAS MASAS SUJETAS
A LA FASCINACION DEL AMO
El discurso del poder y
la fascinación del padre
En el
orden social y político se gestan estructuras colectivas, y el lugar del
líder varía de una estructura a otra. Cuanto más encarne el lugar del amo
superyoico gestado en una voz imperativa, sus seguidores serán pasibles de
hipnotismo colectivo. A la inversa, si un líder es convocado en relación
a un ideal elegido en función de una comunidad de principios e intereses,
donde funciona un pacto ético que permite acuerdos y desacuerdos, la
participación colectiva promoverá el sentimiento individual y el acto
individual.
Puede suceder que una masa elija su líder como efecto ante un fantasma de caos y deriva donde prevalece el pánico. Esa estructura del poder se sustenta en el discurso del canalla, donde puede retornar el peligro de un líder que usurpe el lugar de un goce arbitrario y desmedido. La canallada es una curiosa operación que se produce cuando el discurso del poder se muestra como el mito de un discurso unívoco marcado por la voluntad de dominio, que se ofrece destinado a dominar a través de la fascinación, como un lugar donde se perfila “la verdad de Dios”.
El discurso político del canalla, que podríamos llamar “discurso del dominio”, se muestra sólidamente engarzado en la verdad de su metalenguaje: sabe lo verdadero acerca de lo verdadero, intenta borrar la diferencia que cruza al Otro, eliminando toda posible subjetividad. Erigiéndose como dueño de una verdad trascendental, nos reduce a la ignorancia de que esta trascendencia es meramente ilusoria. Freud introduce la figura de un padre terrible, padre ideal, padre de la horda primitiva, excluido de las leyes que gobiernan el comportamiento de la masa; es la figura de excepción, entendida como un amo que centraliza el poder; su discurso lo propone exceptuado del orden establecido. Esta característica del líder guarda estrecha relación con el papel del hipnotizador, ya que el procedimiento hipnótico tiene el fin de sustraer el interés del sujeto hipnotizado de todo aquello que no sea la figura del hipnotizador. De este modo consigue ubicarse en un lugar consistente, que promueve la dialéctica del amo y el esclavo.
Jacques Lacan, en sus discusiones con George Bataille en el Colegio de
Sociología, preguntaba: ¿cómo se construye el amor de las masas por sus
tiranos?; ¿por qué toda liberación es imposible fuera de una adhesión a
la ley? Lacan planteaba, frente a Michel Foucault y Jean-Paul Sartre, la
cuestión de la esencia de la libertad humana desde el punto de vista del
descubrimiento freudiano. ¿Cómo un sujeto puede aspirar a la libertad cuando
está determinado por su inconsciente, que le impide ser libre de sus actos y
de sus palabras? El advertía que, sin embargo, el inconsciente no le prohíbe
“jamás, comprometerse en favor de un combate por la libertad”.
La pasión por el poder que emana del goce perverso del padre lleva a los hijos a sostener un sistema que en otras condiciones no tendría posibilidad alguna. Freud deduce que el lazo amoroso sostenido en la identificación al líder tiene como efecto lo que él denomina “servilismo nacional”, que se despliega cuando el temor por el retorno del goce ilimitado del líder impone la pregunta de cómo acotarlo en su arbitrariedad. Ante el surgimiento de la serie sacrificial de padre e hijos se instala el tiempo de la fratría, tiempo del imperio de la ley donde se instituye en el inconsciente la sed de justicia; cuando los hijos de un padre arbitrario descubren que son hermanos, su unión se convierte en una cuestión de supervivencia.
Lacan subraya la energía que gastamos para probarnos que todos somos hermanos, lo cual se hace evidente donde hay un padre para salvar o para matar. La ley de la fratría retorna, de acuerdo al mito de Tótem y Tabú, con el padre muerto, donde se consuma el crimen del padre y se rememora el pacto de los hijos, cuyo efecto es la homogeneidad de un estilo que diluyelo distintivo, lo subjetivo. Esta energía, que subraya Lacan, en descubrirnos hermanos, nos da alguna idea de lo es que la fraternidad: tanto empeño en demostrar que somos todos hermanos prueba que no lo somos. El encarnizamiento en la fraternidad reconoce un solo origen de lo fraterno: la segregación.
Otra alternativa, ante el temor por el retorno de un goce perverso y arbitrario del líder, es la crítica a cualquier tipo de organización: supone que, no habiendo estructura, no hay riesgo de un líder que la utilice en su beneficio. El extremo de esta posición es el anarquismo. Los que mantienen este discurso hacen una afirmación absoluta de los derechos del sujeto en relación a los otros: todo lo que dicen vale, porque lo dicen; su palabra presentifica lo incastrable del Otro, ya que su discurso es incriticable.
En el Mayo Francés del ‘68, Lacan dictó su seminario “L’Envers”: ante un
auditorio atravesado por el pensamiento maoísta, afirmó que la revolución
acaba por engendrar un amo más feroz que el abolido y subrayó que las
protestas habían llevado a la universidad a suprimir la antigua función del
maestro para sustituirla por un sistema tiránico, fundado en el ideal de la
comunicación y la relación pedagógica.
Lacan había negado todo apoyo a la izquierda proletaria, más bien desempeñó respecto de ella el papel de un padre severo. Advirtió que el callejón sin salida de la revolución es que, en su tentativa de sacar al sujeto de la servidumbre, crea un tirano tan feroz como el que quiere abolir.
La única manera de desbancar a un canalla es no dejandose seducir por su discurso,como hacen sus patéticos seguidores, cosa que es bastante díficil de hacer sino se toma conciencia de que los otros somos el "alimento" del que se "nutre" para gozar de su poder de convencimiento, lo que le permite erigirse como dueño de una verdad trascendental, nos reduce a la ignorancia, ya que "su" verdad es meramente ilusoria.
"Muerto el perro se acabó la rabia" .
El refran muerto el perro se acabo la rabia, se suele aplicar
cuando alguien como por ejemplo de la mafia como vito corleone lo matan,
viene la calma y la paz a eso se refiere el dicho ya que vito corleone
es el capo de la mafia, y cuando lo matan todo queda en paz. al eliminar la causa de un problema se elimina con el al problema en si.
El discurso del poder y
la fascinación del padre
![]() |
| "El discurso del dominio intenta borrar la diferencia, eliminando toda subjetividad" |
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Puede suceder que una masa elija su líder como efecto ante un fantasma de caos y deriva donde prevalece el pánico. Esa estructura del poder se sustenta en el discurso del canalla, donde puede retornar el peligro de un líder que usurpe el lugar de un goce arbitrario y desmedido. La canallada es una curiosa operación que se produce cuando el discurso del poder se muestra como el mito de un discurso unívoco marcado por la voluntad de dominio, que se ofrece destinado a dominar a través de la fascinación, como un lugar donde se perfila “la verdad de Dios”.
LOS CANALLAS intentan
manipular al otro alegando saber lo que es bueno para él. Dice así: “Toda
canallada se basa en querer ser el “DUEÑO”de alguien para manipular sus
deseos…proclama la verdad desde el lugar del PODER para operar sobre los
deseos del otro”
El discurso político del canalla, que podríamos llamar “discurso del dominio”, se muestra sólidamente engarzado en la verdad de su metalenguaje: sabe lo verdadero acerca de lo verdadero, intenta borrar la diferencia que cruza al Otro, eliminando toda posible subjetividad. Erigiéndose como dueño de una verdad trascendental, nos reduce a la ignorancia de que esta trascendencia es meramente ilusoria. Freud introduce la figura de un padre terrible, padre ideal, padre de la horda primitiva, excluido de las leyes que gobiernan el comportamiento de la masa; es la figura de excepción, entendida como un amo que centraliza el poder; su discurso lo propone exceptuado del orden establecido. Esta característica del líder guarda estrecha relación con el papel del hipnotizador, ya que el procedimiento hipnótico tiene el fin de sustraer el interés del sujeto hipnotizado de todo aquello que no sea la figura del hipnotizador. De este modo consigue ubicarse en un lugar consistente, que promueve la dialéctica del amo y el esclavo.
Jacques Lacan, en sus discusiones con George Bataille en el Colegio de
Sociología, preguntaba: ¿cómo se construye el amor de las masas por sus
tiranos?; ¿por qué toda liberación es imposible fuera de una adhesión a
la ley? Lacan planteaba, frente a Michel Foucault y Jean-Paul Sartre, la
cuestión de la esencia de la libertad humana desde el punto de vista del
descubrimiento freudiano. ¿Cómo un sujeto puede aspirar a la libertad cuando
está determinado por su inconsciente, que le impide ser libre de sus actos y
de sus palabras? El advertía que, sin embargo, el inconsciente no le prohíbe
“jamás, comprometerse en favor de un combate por la libertad”. La pasión por el poder que emana del goce perverso del padre lleva a los hijos a sostener un sistema que en otras condiciones no tendría posibilidad alguna. Freud deduce que el lazo amoroso sostenido en la identificación al líder tiene como efecto lo que él denomina “servilismo nacional”, que se despliega cuando el temor por el retorno del goce ilimitado del líder impone la pregunta de cómo acotarlo en su arbitrariedad. Ante el surgimiento de la serie sacrificial de padre e hijos se instala el tiempo de la fratría, tiempo del imperio de la ley donde se instituye en el inconsciente la sed de justicia; cuando los hijos de un padre arbitrario descubren que son hermanos, su unión se convierte en una cuestión de supervivencia.
Lacan subraya la energía que gastamos para probarnos que todos somos hermanos, lo cual se hace evidente donde hay un padre para salvar o para matar. La ley de la fratría retorna, de acuerdo al mito de Tótem y Tabú, con el padre muerto, donde se consuma el crimen del padre y se rememora el pacto de los hijos, cuyo efecto es la homogeneidad de un estilo que diluyelo distintivo, lo subjetivo. Esta energía, que subraya Lacan, en descubrirnos hermanos, nos da alguna idea de lo es que la fraternidad: tanto empeño en demostrar que somos todos hermanos prueba que no lo somos. El encarnizamiento en la fraternidad reconoce un solo origen de lo fraterno: la segregación.
Otra alternativa, ante el temor por el retorno de un goce perverso y arbitrario del líder, es la crítica a cualquier tipo de organización: supone que, no habiendo estructura, no hay riesgo de un líder que la utilice en su beneficio. El extremo de esta posición es el anarquismo. Los que mantienen este discurso hacen una afirmación absoluta de los derechos del sujeto en relación a los otros: todo lo que dicen vale, porque lo dicen; su palabra presentifica lo incastrable del Otro, ya que su discurso es incriticable.
En el Mayo Francés del ‘68, Lacan dictó su seminario “L’Envers”: ante un
auditorio atravesado por el pensamiento maoísta, afirmó que la revolución
acaba por engendrar un amo más feroz que el abolido y subrayó que las
protestas habían llevado a la universidad a suprimir la antigua función del
maestro para sustituirla por un sistema tiránico, fundado en el ideal de la
comunicación y la relación pedagógica.Lacan había negado todo apoyo a la izquierda proletaria, más bien desempeñó respecto de ella el papel de un padre severo. Advirtió que el callejón sin salida de la revolución es que, en su tentativa de sacar al sujeto de la servidumbre, crea un tirano tan feroz como el que quiere abolir.
La única manera de desbancar a un canalla es no dejandose seducir por su discurso,como hacen sus patéticos seguidores, cosa que es bastante díficil de hacer sino se toma conciencia de que los otros somos el "alimento" del que se "nutre" para gozar de su poder de convencimiento, lo que le permite erigirse como dueño de una verdad trascendental, nos reduce a la ignorancia, ya que "su" verdad es meramente ilusoria.
"Muerto el perro se acabó la rabia" .
domingo, 18 de agosto de 2019
L@ Ignorancia
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Freud, Lacan, el odio
Texto de
Serge Cottet
Partiremos
de una cita paradójica de Lacan en el Seminario 1:
Tal vez sea más difícil hacerles entender esto último
porque, por razones que quizá no son tan agradables como podríamos creer,
conocemos menos hoy el sentimiento de odio que en las épocas en que el hombre
estaba más abierto a su destino.*1
Es cierto que hoy en día otros pretendientes a la
barbarie menos dubitativos sobre su destino no se quedan atrás. Lo que se apaga
ahí, puede arder en otro lugar. A lo mejor conviene poner en tensión la pasión
odiosa con la agresividad racista que, por su parte, no retrocede.
Hermanos enemigos: narcisismo de la pequeña diferencia
Recordemos que Freud, en El malestar en la cultura,
considera que el malestar crece, la civilización comienza con el odio al padre (Vaterhass)
y las masas humanas están cada vez más invadidas por la pulsión de muerte y la
agresividad, por el hecho de la represión que no cesa de crecer del goce. El
odio edípico juega su partida en la constitución de las masas y le pone fin el
sentimiento de culpa común que genera el crimen; como esa culpabilidad no se
funda en ninguna ley, hay que admitir que no tiene como causa más que el amor
al padre. Ese odio al padre es estructurante, permite la identificación de
todos los individuos de una comunidad con el ideal del padre muerto. Comienza
con el odio y termina en la masa; pero ese odio no desaparece y arma las
rivalidades entre las comunidades. Es la identificación segregativa. El otro
fronterizo, el hermano enemigo, se convierte en el factor unificador del grupo.
Distinguiremos entonces, con Freud, el odio al padre del odio narcisista en
juego en la paranoia, hasta el odio puro de la pulsión de destrucción.
Empecemos por esa mediación que juega el padre en el
odio de los hijos entre ellos; está completamente desnudada, sobre todo, en el
fantasma “Pegan a un niño”, en particular en el júbilo odioso que experimenta
uno de los hermanos al ver a su hermano golpeado por el padre. Una de las
variantes esenciales de ese enunciado reconstruido por el análisis es: “El
padre pega al niño que yo odio”. Lacan considera: “Henos aquí, entonces,
llevados por Freud desde el punto inicial hasta el corazón mismo del ser, donde
se sitúa la más intensa cualidad del amor y del odio”.2
Tratándose de hermanos enemigos, el narcisismo de masa
gana sobre los celos edípicos. En varias ocasiones, Freud pone como ejemplo a
esos hermanos enemigos, “españoles y portugueses, alemanes del Norte y del Sur,
ingleses y escoceses, etc”.3 Freud no está muy convencido, falta valor
explicativo: a grosso modo, es el estadio del espejo. Podemos, sin
embargo, observar que las pequeñas diferencias no son tan pequeñas como
parecían y presentan una gran diversidad. ¿Qué decir, por ejemplo, hoy de los
tutsis y los hutus, de los vietnamitas y los camboyanos, de suníes y chiíes?4
Hay una
modalidad del odio particularmente apta para resolver las tensiones entre
comunidades aparentes: el antisemitismo.5 Ahí los alemanes del norte y del sur se
reconcilian. Según Freud, los judíos son tratados como una minoría extranjera,
pero es principalmente su debilidad numérica lo que incita a perseguirlos con
el objetivo de crear “un sentimiento de solidaridad en las masas”.6 El criterio del narcisismo de las
pequeñas diferencias se aplica difícilmente a los judíos cuya obstinación, que
desafía toda comprensión, hace objeción a lo imaginario del semejante. Hacen
mancha en el cuadro de los fieles, por no haber reconocido, a diferencia de los
cristianos, la muerte del padre.
Sin embargo, el mito de los hermanos enemigos insiste.
Los filósofos no han desconocido esa paradoja concerniente al objeto privilegiado del odio, “que no es el extranjero más lejano, sino,
paradójicamente, el ser casi idéntico –apenas diferente”–.7 Una vez no hace costumbre, Jankélévitch
cita a Freud en Moises y el monoteísmo.8 Añade: “Porque no odiamos lo
absolutamente Extranjero, sino un padre, un
próximo, un hermano, y nuestra propia esencia en la esencia coesencial de ese
próximo y en la esencia confraterna de ese hermano”.9 El filósofo del Casi nada, de lo
infinitesimal, de lo imperceptible, busca el rasgo diferencial.
Antisemitismo
Ese punto de vista encuentra su punto culminante en el
análisis que Jankélévitch hace del racismo, que distingue del antisemitismo. En
el racismo, dice,
la alteridad es visible
a primera vista: la estúpida superioridad del blanco en relación al negro. En cambio, el antisemitismo se dirige a otro
indiscernible de sí mismo. Es el malestar del semejante respecto del casi semejante:
“La zona de la tensión pasional por excelencia, es la zona en la que cohabitan
los pueblos hermanos y los hermanos enemigos. El judío es el hermano enemigo”.10 Ningún rasgo diferencial pertinente
puede definirlo. Las diferencias alegadas son irrisorias; esta ausencia de
rasgo distintivo hace en efecto del judío un “hombre sin cualidades”. Pero hay
un resto que el filósofo no distingue: un real del nombre; el nombre del judío,
designando un paria, el objeto de un fantasma: objeto a. Ese punto de
vista es ampliamente desarrollado por François Regnault en estos términos:
“El judío es el objeto a de Occidente”.11
Partiendo de la estructura del fantasma, S/◊ a,
F. Regnault demuestra que Occidente, el cristianismo mantienen con el judío una
relación de inclusión y de exclusión que no agota la agresividad del estadio
del espejo: ya se trate del desconocimiento de sí mismo en el otro o que el
afecto reenvíe al odio de sí, como a menudo dicen, con Sartre, a propósito del
escritor fascista Pierre Drieu La Rochelle. Más allá del desgarro mortal del narcisismo, ese otro
debe ser un desecho, un kakon, un objeto a. La relación de
extimidad implica esta disimetría.
El filósofo está más cerca de lo real cuando señala la
paradoja de un odio no motivado empíricamente como el del inferior por el
superior, o del explotado, sino el odio inexplicable del superior por el inferior, “no
porque uno es rico y poderoso sino porque es pobre y está solo”.12 Esa paradoja la desarrolla Hannah Arendt,
poco dada a la exégesis de las pasiones, en relación al antisemitismo. El
desclasamiento de los judíos durante el desmantelamiento del Estado nación,
favorece el antisemitismo.13 Considerados primero en Alemania como
explotadores y opresores, se convierten en parásitos: “La riqueza sin el poder
y una reserva altanera sin influencia políticas son sentidas como privilegios
de parásitos, inútiles e intolerables”.14 La fascinación por el judío, “la ambigua
gloria” precede a las grandes masacres.15 H. Arendt descalifica la tesis del chivo
expiatorio y de la víctima inocente con el pretexto de que se apunta a un modo
de goce; más que un crimen como en el antisemitismo del siglo XIX,
NI CHIVO
EXPIATORIO NI VICTIMA INOCENTE, EL JUDIO ES UN VICIO , (alcoholismo) :
A cada crimen su castigo; un vicio sólo puede ser exterminado.16 La inclusión/exclusión de ese desecho hace que una
sociedad que se había mostrado preparada estructuralmente para aceptar el
crimen bajo la forma del vicio estaría rápidamente dispuesta a lavarse de su
vicio acogiendo abiertamente criminales y cometiendo crímenes.17
Esta tesis sociológica no tiene en cuenta las fuentes
más oscuras que, Lacan recuerda, implican a ese Otro malo: la maldad divina. El
“sentimiento antisemita” nace en esa zona sagrada, “casi prohibida, articulada
allí mejor que en ninguna otra parte, y no sólo articulada sino viva, siempre
presente en la vida de ese pueblo en la medida en que subsiste por sí mismo en
la función que, a propósito del a, ya he articulado con un nombre –el
nombre del resto”–.18 En ese fantasma, todas las fomas del
objeto a son movilizadas para identificarlo en su modo de goce (la nada,
el seno, el desecho, la mirada).19 La introducción del objeto a resuelve
el enigma de una diferencia significante supuestamente imperceptible.
El odio racista, lo sabemos, se analiza pues a partir
del fantasma y no del mero prejuicio.
Hay que implicar, en él, al cuerpo, la proximidad del
cuerpo del otro como lo que hay de más concreto en el odio. Como en Spinoza,
los afectos pasivos no son más que el efecto de un cuerpo sobre el nuestro.20 La uniformización contemporánea de los
goces refuerza ese choque intrusivo, desnuda una segregación que no aparecía
“cuando no nos mezclábamos”.21
En efecto, “el advenimiento de una sociedad de
hermanos, acompañada del hedonismo feliz de una nueva religión del cuerpo”,
como subraya Éric Laurent,22 se ve enfriado por las consecuencias que
Lacan extrae: lo que “arraiga en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el
racismo”.23
Volvemos así al real hacia el que apunta el odio. La agresividad
narcisista sigue dependiendo de lo imaginario del cuerpo despedazado:
“Imágenes de castración, de eviración, de mutilación, de desmembramiento, de
dislocación, de destripamiento, de devoración, de reventamiento del cuerpo”.24 Sin embargo, el odio va más lejos:
apunta al goce incluido en el cuerpo a destruir. Es lo que Maupassant
ilustra en su cuento San Antonio:25 un prusiano de la guerra de 1870,
colocado por su oficial en casa de unos paisanos normandos, es alimentado más de
lo que puede soportar, como un cerdo; cebado hasta lo insoportable, al final es
desangrado a golpe de horca. La hostilidad que suscita como enemigo no es nada;
de hecho es callado y buen chico; es necesario ese cebamiento para que
cristalice ese odio feroz.
El odio persigue
a su víctima más allá de la muerte. No es suficiente que quiera del otro “su
envilecimiento, su pérdida, su extravío, su delirio, su negación total, su
subversión”.26 En Kant con Sade, Lacan evoca una
dimensión del odio en la que la víctima es perseguida más allá de la
destrucción de su propio cuerpo: continúa más allá de la muerte en la
eternidad. Más allá de su existencia, apunta a su ser. De ahí el tema del odio
de Dios hacia su criatura. Ahí aún, Lacan toma prestado de Sade ese tema de una
maldad que persigue a su objeto hasta el infierno. ¿Cuál es el sujeto de ese
odio? ¿Dios mismo, o nosotros mismos, los hombres que odiamos a Dios?
Es lo que enmascara el inconsciente:
Se nos explica el infortunio de Cristo por la idea de
salvar a los hombres, me parece más bien que se trataba de salvar a Dios, dando
de nuevo un poco de presencia, de actualidad a ese odio a Dios respecto al
cual, con razón, nos mostramos un poco remolones.27
Sobre ese sujeto del odio, Lacan añade que:
Estamos tan sofocados por esto del odio que nadie se
percata de que un odio, un odio consistente, es algo que se dirige al ser,
al ser mismo de alguien que no tiene por qué ser Dios.28
Amor, odio, ignorancia
El paradigma que constituye en psicoanálisis el odio
paranoico, puede encontrar ahí los límites de su extensión. Es un odio
implicado en el amor. Está incluso constituido por ese desconocimiento. En el
caso de Aimée, el odio hacia la perseguidora reposa en esa estructura de desconocimiento.
La intensidad del odio es relativa a ese desconocimiento de su amor por las
actrices: “Esas perseguidoras, las ama, no son más que imágenes”.29 Después, lo que es rechazado y
desplazado sobre las actrices es también un fantasma de infanticidio también
desconocido: amor, odio e ignorancia forman un nudo más complejo que la
transformación del amor en odio. Se trata de un falso amor completamente saturado
por la pasión narcisista. Esto es aún más cierto del objeto malo (kakon)
del esquizofrénico, para el que un odio puro, indialectizable con el amor, se
reduce a la extracción en el semejante del objeto a. Cierto que “no
se conoce amor sin odio”,30 si el amor se pretende sin límite: es el
“odioenamoramiento”.31 En cambio, hay un odio puro que jamás se
transformará en amor, pero que, por el contrario, puede proceder de él. Como
para Spinoza, la intensidad del odio se enriquece con el antiguo amor en el que
el deseo, indestructible, se había investido.32
Hemos dicho que el odio se dirige al ser, es decir,
que continúa más allá de la existencia del objeto al que apunta. En el odio, el
sujeto se iguala al ser del objeto a destruir. El ejemplo simple que toma Lacan
es ilustrativo:
En una época en que tenía conserje, cuando vivía en la
rue de la Pompe: aquel hombre nunca fallaba a una rata. Tenía por la
rata un odio igual al ser de la rata.33
Lacan enuncia un vínculo entre el ser del sujeto y el
odio:
“(Más) odia,
(más) es”.34 De hecho, sostiene que solo estamos
seguros de nuestro ser cuando no pensamos.35 Si conjugamos las dos proposiciones, de
la imbecilidad al odio, la consecuencia es buena. Es suficiente garantizar el
ser no por el pensamiento sino por el goce: donde gozo, no pienso.
No necesitamos pensar para odiar, a condición de que
el sentimiento de existir sea enteramente función del odio. Gilles Deleuze
recuerda las últimas páginas de la Ética de Spinoza: “La mayoría de los hombres
no se sienten existir más que cuando padecen. No soportan la existencia más que
al padecer”.36 Dicho de otra forma:
A la inversa, H. Arendt sostiene en La banalidad
del mal, que hay
que empezar por pensar para ser capaz de odiar. Así, Eichmann no es
un monstruo sino un engranaje pasivo de una máquina de muerte que hace objeción
al pensamiento.
¿A pensar qué? En el otro, en el sufrimiento del otro. No hay afecto sin intersubjetividad,
no hay intersubjetividad sin otro, y no hay otro sin pensamiento. Entonces no
hay odio, si el otro no existe. Los filósofos, decididamente, tienen problemas
con el odio.
Emmanuel Lévinas, ciertamente, por el contrario, en
sus discusiones con Heidegger, invoca un pretendido “mal elemental”
desencadenado por el nazismo en simpatía con el carácter totalitario de la
ontología. El nazismo “se inscribe en la ontología del ser preocupado por el
ser”.38 Sin dar demasiado crédito a esta lógica
que hace preceder el mal radical de una preocupación por el ser, preferimos
sacar las consecuencias más funestas de esa monstruosidad contemporánea
que en un momento dado Lacan llamó:
“Los ideales de
nada”.39
1* Recientemente fallecido, Serge Cottet fue
psicoanalista en París y Analista Miembro de la Escuela (AME) de la ECF y la
AMP.
Lic. Diana S. GURNY, El subrayado y fotografias
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