domingo, 2 de octubre de 2016

Freud etapas psicosexuales-Estudios sobre la teoria del Apego



Estudios sobre el tema del "colecho" y "amamantamiendo a demanda"
Estamos hablando de patologías Graves y que no tienen cura pero si se pueden prevenir. Recientemente se ha reintroducido el colecho en la cultura occidental por los partidarios de la crianza con apego, que incluyen el colecho entre las prácticas naturales para una crianza saludable y feliz de los niños. Se habla de innumerables beneficios para promocionar esta práctica, pero dado la falta de estadísticas fiables estos beneficios aún no han podido ser comprobados. Uno de los beneficios a los que aludo es el de la prevención de la muerte súbita en bebes, "patología" a la que la ciencia aún no ha dado respuesta. Y lo más contradictorio, es que los mismos mentores del colecho lo nombran como beneficio secundario y a su vez como posible causa del mismo.O sea que el colecho podría prevenir la muerte súbita o provocarla. James McKenna, antropólogo de la Universidad de Pomona, Universidad Politecnica, realizó un estudio comparativo sobre el tema en diferentes culturas, en la que no ha hecho intervenir los factores psicológicos sino los ambientales.Los promotores del colecho no hablan de los riesgos de asfixia,de los mayores riesgos en los prematuros, falta de intimidad de la pareja parental, falta de relajación e insomnio de los padres, y los problemas psicológicos resultantes de esta práctica que junto con el amamantamiento a demanda conllevan a niños y posteriormente adolescentes a ser dependiententes emocionales tener personalidades inmaduras, potenciales problemas de socialización, depresión, personalidades agresivo-demandantes sumados a todas las patologías derivadas de la no superación de la etapa oral como la anorexia-bulimia, tabaquismo, alcoholismo, como las más graves y destacables.

Cualquier consulta : freud.diana@gmail.com Psicológicamente hablando

Freud etapas psicosexuales – Fijaciones
Cuando las necesidades no se satisfacen

Un niño en cierta etapa de su vida tiene ciertas necesidades y las frustraciones vienen cuando sus necesidades no se satisfacen. Estas frustraciones hacen que el pequeño se quede estancado en cierta etapa.
Si el niño no atraviesa normalmente por esas etapas y resuelve sus conflictos durante su desarrollo, el niño se verá afectado en su edad adulta. Estas frustraciones o fijaciones pueden ocurrir en alguna de las etapas psicosexuales de Freud. Estas fijaciones pueden afectar al niño en su vida, emocional y social en su futuro.
La homosexualidad esta relacionada con frustraciones y fijaciones en cualquiera de las etapas. Las fijaciones hacen que el individuo tenga problemas para establecer nuevos vínculos emocionales. El quedarse fijo en una etapa del desarrollo psicosexual, sea la oral, anal, fálica, latente o genital y no avanzar hacia la otra etapa puede afectar el desarrollo emocional y social del niño.

Hay que tener mucho cuidado y paciencia en el período en que un niño está siendo entrenado para ir al baño porque si se le asusta, se le castiga o se le amenaza si no aprende al paso que los padres quieren que el niño aprenda, una fijación puede tomar lugar y traer consecuencias en su edad adulta.
De acuerdo a Freud, la fase oral del desarrollo comienza con el nacimiento y continúa durante los primeros dieciocho meses de vida.
La primera etapa del desarrollo abarca los aspectos físicos de succión, tales como la boca, la lengua y los labios.
En esta fase de la vida, la succión equivale a la alimentación y la comodidad.   Los niños que no superan  esta etapa experimentan  “fijación oral” y son propensos a comer en exceso, al alcoholismo,anorexia /bulimia, tabaquismo , consumo de drogas o a comerse las uñas.
Según Freud y de acuerdo a su teoría, estos individuos se convierten en personas dependientes de otras.
Los individuos que tengan fijación en esta etapa son  pesimistas y agresivos con otras personas.
Se creía que el principal conflicto que ocurre durante esta fase es el destete del niño del pecho de la madre.
        Las etapas psicosexuales de Freud están altamente relacionadas con las etapas del desarrollo humano. En la edad entre los 0 meses y el primer año, el niño solo siente satisfacción por medio de lo que se lleva a la boca. Por ahí satisface también sus instintos sexuales. Cuando llega a la edad de los dos años y empieza a ser entrenado a ir al baño a hacer sus necesidades, su satisfacción sexual es gratificada por medio del uso de sus órganos genitales cuando evacua. El ser humano alcanza su satisfacción sexual por medio de la masturbación o de las relaciones sexuales hasta que llega a la edad de la pubertad o sea la adolescencia.
        Las fijaciones en las etapas psicosexuales de Freud tienen repercusiones en los adolescentes y en los adultos si no son resueltas durante la infancia.

domingo, 25 de marzo de 2012

Lo que quiere Una Mujer


Se terminó el misterio. Se ha descubierto qué desea una mujer y Página/12 lo revela en forma exclusiva: sepa el lector por qué, “a pesar de los orgasmos, sigue dudando”, sepa por qué “la primera decepción viene de la madre”, sépalo todo. Si el lector no encuentra su respuesta, deberá intentarlo nuevamente.


¿Cuál es el lugar de la mujer? ¿Mejor estar sola que mal acompañada? ¿Qué quiere una mujer? ¿Gozan de lo mismo el hombre y la mujer? Con estos interrogantes comenzamos nuestro camino.
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Freud considera que, para una mujer, el hombre es fundamentalmente un padre, y, sobre todo, el padre del amor. O bien, peor, puede ser una madre, con los reproches de ella hacia él que esto ha de acarrear.
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Si él es para ella un padre o una madre, hará de la mujer misma un niño, ella quedará acoplada toda su vida al superyó. Freud cree que lo mejor que puede pasar es que un hombre, para una mujer, sea un niño: si lo es, como dice Colette Soler, traerá la paz, pero no la pasión.
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¿Qué es una mujer para un hombre? Una mujer para un hombre es el falo, o un objeto, o el síntoma, según Jacques Lacan. Según Freud, una mujer es, para el hombre, una madre o una puta; en este último caso, no satisfará al amor sino sólo al goce.
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Las niñas están prometidas al lugar del objeto, señalado por el discurso. Una niña puede convertirse en mujer, pero no parte de una respuesta acerca de cómo serlo: deberá recorrer un camino sinuoso, con obstáculos; será necesario que la niña cambie de zona erógena, de objeto, que cambie de meta pulsional, que pase de las pulsiones activas a las pulsiones pasivas para, finalmente, situarse como objeto.
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Freud se pregunta cómo un sujeto puede querer asumir este lugar de objeto: ¿cómo alguien puede subjetivar un rol que el discurso mismo no presenta como del máximo valor? De allí el acento freudiano sobre el dolor irreparable de la privación a la que la niña debe enfrentarse.
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Requisito de la transmisión de la feminidad es castrarse de madre a hija, hacerse objeto de desecho, borrarse como cosa que completa a la madre, para aceptar el vacío del objeto.
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La pregunta acerca del deseo materno es constitutiva de toda subjetividad.
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Como dice la humorista y escritora Gabriela Acher: “Yo soy insatisfecha por parte de madre”.
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En el libro de Marcela Serrano, Nosotras que nos queremos tanto, Sara, profesional exitosa, madre soltera, le pregunta a su propia madre: “¿Nunca te dieron ganas de volver a casarte?”. “Noooo, m’hijita: todos los hombres son malos; y los que no lo son, se mueren.”
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La madre deberá tramitar y aceptar su propia castración, para luego introducir en ella a su hija, sin hacer de la misma el objeto que complete su propia falta. Es, en la madre, el pasaje en la madre de tener el falo a ser un sujeto deseante: deseante de un hombre.

La madre está condenada a recibir el reproche porque está en el lugar del Otro de la demanda, de la demanda de amor, que es imposible de satisfacer: como tal, va a ser necesariamente decepcionante; la primera decepción viene de ella.
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Pero, también, la mujer encuentra en la madre la mirada que constituye el primer espejo: la transmisión de la feminidad es narcisizante.
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En el mito de Baubo, mito de la melancolía original de la mujer, Deméter ha perdido a su hija Perséfone, arrebatada por Hades, Dios de los Infiernos. En su camino se encuentra con otra mujer, Baubo, quien la consuela haciendo el gesto de levantarse las vestiduras para mostrarle su desnudez: le muestra lo que a ella también le falta, la reconforta con lo que no tiene. Con ese gesto, Baubo provoca la risa de Deméter, lo cual significa la salida del duelo por la hija perdida. Ese acto hace caer el luto.
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La risa caracteriza la posición de la mujer con respecto a la castración de la madre, que no es otra que su propia castración.
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En el hombre hay conjunción del goce y la satisfacción narcisista. En cambio, el goce femenino sobrepasa a la mujer, no la identifica: a pesar de los orgasmos, seguirá dudando sobre si es una verdadera mujer. Ella se fuerza por identificarse por el amor de un hombre: lo que espera de un hombre es que la haga valer como deseable, lo que quiere de un hombre es su deseo; ser dicha, ser reconocida como aquella que causa el deseo de un hombre. El narcisismo femenino es un narcisismo del deseo.
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Para Lacan, el goce netamente femenino no está regulado por la castración: puede ser experimentado, pero se torna indecible; la mujer es amiga de lo real.
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¿Qué quiere una mujer? Puede encontrarse la condición femenina, no en lo que la represente en el discurso sino en el lugar que ella pueda encontrar en el deseo (que es deseo sexual). Una mujer no puede decir lo que es como mujer sino lo que desea. Puede decir que lo que le falta es un hombre pero, a la hora de encontrar una respuesta que designe la relación entre hombre y mujer, como relación de deseo sexual, el lenguaje desfallece. No hay respuesta que indique la manera más segura de situarse para encontrar un partenaire con el que la relación de deseo esté garantizada, ni señal para una satisfacción que se conjugue con la satisfacción del otro.
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¿Qué quiere una mujer? Ella se sitúa entre hacer gozar y ser amada. Se confronta a ser dividida por el goce del partenaire, a ser sobrepasada por su propio goce y a una exigencia de amor imposible de satisfacer.
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Una mujer desea lo que no tiene, a partir de aceptar que ella no lo va a tener nunca, reconociendo que el varón es quien lo tiene y, por lo tanto, que en él está el símbolo de lo que es deseable para ella.
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Una mujer también quiere hacer hablar, que es hacer desear.
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Pero cuando los hombres ven a las mujeres desde la lógica masculina, desde la lógica fálica, dicen: “El deseo femenino es posesivo, ellas quieren castrarnos, atarnos, tenernos a su servicio, quieren quitarnos hasta la palabra, buscan en nosotros lo que les falta...”. Y eso, para un hombre neurótico, es demasiado, es angustioso, es insoportable.
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Las mujeres existen una por una, de manera singular, sin tener nada en común, no sólo con el hombre sino tampoco con otras mujeres.
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Los hombres, en cambio, quedan definidos en su condición sexual por la referencia al falo; de allí la queja tan frecuente de las mujeres, luego de una decepción amorosa: “Todos los hombres son iguales, lo único que quieren es eso”.
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El amor no resuelve la contradicción de los goces.
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El goce femenino es en exclusión: la mujer siempre está en soledad, mal acompañada. Para Colette Soler, la mujer cuya fórmula es “mejor mal acompañada que sola” ha comprendido que estamos siempre mal acompañados, incluso cuando estamos acompañados de lo mejor. Nunca se produce la fusión, la unión de los sexos.
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“Cuando miro hacia el pasado, el jardín me parece un sueño. Era hermoso, encantadoramente hermoso, pero ahora se ha perdido y ya no lo veré más.
He perdido el jardín pero lo he encontrado a él, y estoy contenta. Me ama tanto como puede, yo lo amo con toda la fuerza de mi naturaleza apasionada, y pienso que esto es propio de mi edad y de mi sexo.
Si me pregunto por qué lo amo, encuentro que no lo sé, y realmente no me importa mucho saberlo; supongo que esta clase de amor no es producto del razonamiento y las estadísticas. Pienso que así debe ser. Amo a ciertos pájaros por su canto, pero no amo a Adán por el suyo. Sin embargo, le pido que cante, porque quiero aprender a gustar de todo lo que le interesa.
No es por su inteligencia que lo amo, no, no es por eso. No hay que culparlo por su inteligencia tal como es, porque él no la hizo.
No es por sus maneras graciosas y consideradas ni por su delicadeza que lo amo. No es por su laboriosidad. No, no es eso. Pienso que es algo que lleva consigo, y no sé por qué quiere ocultármelo. Es mi única pena.
No es por su caballerosidad que lo amo. No, no es eso. Entonces, ¿por qué lo amo? Simplemente porque es hombre, pienso. Es fuerte y buen mozo, lo amo por eso y lo admiro y estoy orgullosa de él, pero podría amarlo sin estas cualidades. Sí, pienso que lo amo simplemente porque es mío y es hombre. Sencillamente llega y no puede explicarse. Soy Eva, sólo soy una chica y la primera que ha analizado esta cuestión.” Mark Twain, “Después de la caída”, en Diario de Adán y Eva.











Por Miriam Britez, Graciela Etchegoyen,

Marta Fargiano, Libia Nijamkin y
Patricia I. Torres *

Tres psicoanalistas conversan: el padre




Para hablar del padre y de la función paterna, hay que empezar por distinguir el padre genético del padre de la nominación, que es quien trasmite el nombre, que reconoce al niño como su hijo en el hilo de las generaciones.

Es frecuente que, poco después del parto, la madre caiga en la cuenta de que ha dado a luz a un ser biológico, y que sola no puede hacer de él un ser humano. Entonces hay un hombre a quién dirá: “no puedo”, y que le va a contestar, en nombre de la sociedad humana: “no estás sola”. A este hombre le llamaremos padre real. Aunque este acontecimiento pueda suceder en otros momentos, digamos que lo más corriente es que ocurra cuando una mujer pide el reconocimiento, la mediación con el mundo, al nacer el niño. La madre dice “sola no puedo” ante ese niño de carne y hueso.

Existen también mujeres que no quieren saber nada de su impotencia, en las que el deseo de asegurar su poder mítico absoluto, es decir un poder de vida y muerte, es el más fuerte. Este, aunque permanezca borrado de la conciencia, tiene efectos de lo más nefastos. Lo podrán reconocer al cabo de un trabajo psicoanalítico, ahí es cuando articulan la importancia del nombre como algo que las desata, las despega del niño. El niño es efecto del deseo de un hombre por una mujer y de una mujer por un hombre, y no un objeto deseado, una coartada o una razón, es puro efecto del deseo.

Algunas mujeres viven de manera muy determinante el momento en que se le da al niño el nombre y apellido, lo que tiene un efecto de separación, de corte… indispensable. No hay un ser humano que no tenga nombre. Esto me hace pensar en los campos de concentración, en el intento de anular a los seres identificándolos con una matrícula: un número es algo intercambiable, y anula la filiación de un ser, eso por lo cual está introducido en su historia, en el orden simbólico, en la humanidad.

Una de las particularidades de la paternidad es que sea un hombre real, concreto, sea o no el genitor, el que soporte esa función simbólica.

Se suele decir que el psicoanálisis fue inventado en un momento en que la figura del padre decaía; me parece que la ley francesa de 1972, que instituye que la madre tiene capacidad para rehusar al padre, complica lo que anteriormente era el padre en nuestra sociedad, es decir el marido de la madre.

Leí un libro cuya tesis era: “Hoy en día, ya no hay padres, pero esto no tiene ninguna importancia, su función está retomada por distintas instancias de la sociedad.” Pues no, cualquier cosa no puede reemplazar al padre, tiene que estar encarnado por hombres… o mujeres a lo mejor, pero jamás será un ordenador lo que reconozca al hijo. El hombre está predispuesto a ocupar esta función de testigo, de paladín de la sociedad, del mundo simbólico, justamente porque él no puede tener hijos, por eso, por ser completamente impotente en lo que dar a luz se refiere, una mujer puede decirle su impotencia, y esperar una respuesta.

Curiosamente, un niño puede funcionar muy bien con un padre indigno: Hay veces en que uno se dice, “con un padre así …”. En realidad el niño se da cuenta que hay un hombre que ha aceptado ocupar un cierto lugar, tomar un papel imposible en cierto modo, (pues hacerse cargo del mundo simbólico es una misión imposible) respondiendo de ello y significando: éste es mi hijo o ésta es mi hija (esto es angustioso, pero no impide vivir). Son padres que liberan a su hijo de la angustia, a pesar de sus defectos, su indignidad, y al contrario, hay padres perfectos, modelos, que no tienen esa función de liberación de la angustia.

Se puede hacer más fácilmente el duelo por el padre ideal con un padre que no se toma por el ideal. El riesgo con esos hombres un poco sub-hombres es el lugar dejado a la madre.

No digo que eso sea fácil; me he encontrado varias veces con situaciones en que el padre era desastroso y el niño podía decir: “Ha tenido la valentía de reconocerme. No habrá hecho otra cosa más en su vida, pero eso si lo ha hecho.” Hay ahí algo difícil, complicado, pero que se puede conllevar.

¿Sería eso lo que transmite el padre?

Diría que es una función esencial del padre, el dar a conocer al hijo: “No podrás escapar a la angustia, pero es llevadero, se puede soportar”. En mi análisis personal, he hecho la experiencia de lo fundamental que es para mí que un padre se pueda reír con su hijo, es el símbolo de la función paterna, es decir, el padre que se apaña con su angustia, demuestra al niño que es superable, y comparte con él esta experiencia.

Cualquier padre es insuficiente, cualquier pretensión a encarnar al padre ideal es irrisoria.

Podríamos decir, como M. Safouan, que los padres completamente devaluados o los padres irreprochables son dos catástrofes equivalentes.

El padre real es el que se hace testigo, o portavoz, de la existencia y la función simbólica de la nominación. Es algo totalmente inalcanzable, misión imposible como decíamos, lo que va a dar sus límites a la pretensión de estar identificado con el padre ideal. En una vida se pueden encontrar sustitutos de padre real, personas que cumplen esta función. Es el que va a significar que hay que renunciar al padre ideal, hacer el duelo de esta figura. El padre ideal es también una fabricación del niño, lo labra a la medida de lo que no encuentra. Y será éste con quién el niño será siempre completamente ambivalente, el padre del crimen del padre; ése es, y gracias a Dios que el niño puede retorcerle un poco el cuello.

El padre que ríe con el niño, el padre real, es el alter ego, el semejante, otro hombre, con quién se puede rivalizar, con quién se puede tratar de hombre a hombre, o de hombre a mujer.

De hombre a hombre sí, pero no de hermano a hermano. Un hermano puede muy bien ejercer de padre, pero si un padre hace de hermano, de amiguete, no funciona. El padre que quiere hacer de hermano con su hijo es el que escamotea la relación con la madre, con la mujer.

Se habla siempre de la relación de la madre con el padre, pero mucho menos de la del padre con la madre.

Diría con la mujer, la madre como mujer del padre, sabiendo que puede haber disyunción entre los dos. El padre puede querer a otras mujeres y esto puede funcionar muy bien, no diré que sea la solución más fácil, pero no es patógena en sí.

En relación con esa doble función que ejerce el padre, portavoz del mundo simbólico, y hombre de una mujer, me parece que hoy en día, como portavoz sigue funcionando, pero como hombre de la mujer… ahí está más desenfocado. Las mujeres se quejan más de haber perdido algo del lado de los hombres que del lado de los padres, ¿No creéis? No se puede decir de una madre que rivaliza con el padre, pero sí de una mujer con un hombre. Y ellas se quejan de los efectos de esta rivalidad.

Si hay rivalidad en la familia, es una rivalidad por el amor del niño.

A los padres les toca soportar la ambivalencia del niño más que a las madres.

No estoy segura…

Sí, más ambivalencia sí. Hay algo incondicional en el amor por la madre, el amor por el padre tiene siempre algo ambivalente, en todo caso para el chico. Para las chicas es más ambiguo, me gusta mucho la palabra de M. M. Chatel, “ravage” (estrago) para calificar la relación madre-hija: tanto odio, es también “demasiado amor”. Y por el padre se siente amor y odio a la vez, lo que es distinto, y él tiene que hacerse continuamente con esta ambivalencia y conformarse con ella.

Creo que hay en el odio por el padre algo estructurante, le permite a uno desatarse, independizarse, cuando el odio por la madre es algo que te ata, algo devastador.

Una de las cosas que me parecen importantes para los padres actuales es que quieren que se les ame, en vez que se les respete o se les tema. Quieren ser amables y tener todo lo que hace falta para ello.

Una de las dificultades de los padres es aguantar la irremediable ambivalencia. El aceptar ser amados, mediante un odio inevitable. El padre real ha de hacer la diferencia entre el estatuto de padre real, y el de padre ideal. Únicamente en la medida en que puede hacer esta diferencia la ambivalencia que se proyecta en él es aceptable.

Daniel Bordigoni, Jean-Paul Ricoeur y Marie-Ange Lebas-Royer, Francia

Diván el Terrible

jueves, 5 de enero de 2012

“Ya la maté, dame un beso”

EL FEMICIDA Y SU FANTASMA

Por Sergio Zabalza *

Los recientes casos de femicidios y asesinatos de criaturas llevan un sello de época que reclama, al menos, la formulación de algunas conjeturas capaces de orientarnos en medio del horror que nos provocan. Porque el punto que reúne los rasgos subjetivos y estructurales del ser hablante con los signos de nuestro tiempo –sean éstos la declinación del padre, el machismo asesino o las particularidades de las actuales relaciones amorosas– coincide con la condición erótica que –tal como lo planteó Freud– divide a la mujer entre la madre y la puta. Estos hombres que matan niños y mujeres no acceden a tal diferencia: para ellos las mujeres son todas madres y los hijos, una prolongación del cuerpo que los supo albergar.
Por algo, según Lacan, el paradigma de la mujer es Medea, ese personaje mitológico que, para vengarse de la infidelidad de su marido, opta por matar a los hijos que ambos habían concebido. La metáfora que encarna este relato es el de una hembra capaz de separarse de su rol de madre: amenaza intolerable para el macho enquistado en su posición de hijo.
“Ya está, ya la maté, vení, dame un beso, vieja”, dijo, según testimonió después su madre, Marcelo Tomaselli, el hombre de General Pico que asesinó a su esposa después de que ella lo perdonara por haberla violado. La necesidad del reconocimiento materno después del pasaje al acto habla por sí solo. Para este hombre, no había separación posible de la amenaza incestuosa.
¿A quiénes matan pues estos asesinos de niños y mujeres? ¿Pueden separar, en su realidad psíquica, a la madre de la mujer y a la mujer del niño? Mi conjetura es que no. Los crímenes que provoca el machismo asesino representan el fallido intento de neutralizar a una madre que, en el fantasma del hombre, aparece como total y omnipotente. Poco importa si la mujer, actualizada en carne y hueso, es una mujer débil o sometida.
Se trata de la ausencia de la función paterna, cuya nota esencial consiste en producir esa separación que brinda un lugar al sujeto. Desde esta perspectiva, padre es quien no le teme a Medea, es decir, un hombre que no retrocede frente a ésa cuya condición de madre no le impide también ser mujer.
* Psicoanalista. Hospital Alvarez.

martes, 13 de diciembre de 2011

Por la raja de tu falda yo Tuve un piñazo con un Seat Panda


El amor light no compromete
La vocación contemporánea de lo rápido, ligero, flacucho, descartable y breve, se llama –a la americana- “light” y connota inmediatamente a la delgadez con que hay que aproximarse al consumo de los alimentos y, si es posible y por transición, al resto de los objetos domésticos: porque “que no engorde” quiere decir “que no haga mal”, “que no me caiga pesado”, “que no empache”, o –a nuestra criolla- “que no me joda”.
El lector atento sabrá rápidamente llevar esto al plano de las relaciones vinculares, especialmente el amor de pareja, donde el “que no me joda” salta inmediatamente al “que no me demande”. Y aquí tenemos pues el escenario del amor-líquido (como se definió no hace mucho desde ciertos autores como Zygmunt Bauman) que no quiere decir más que eso: efectivo, práctico (como el dinero-liquido) pero sin grandes inversiones.  Sabrá también el lector observar inmediatamente que de lo que estamos hablando es de una inversión narcisística(egocéntrica) donde el otro no cuente demasiado. Es decir, donde la castración( o sea el necesitar a otro para que nos complete, nuestra “media naranja” en términos cotidianos) no preste oídos. Porque, justamente, el “que no me demande” implica –ipso facto- considerar a otro –obviamente- mudo.  De allí que decimos en psicoanálisis que la relación perfecta sería con aquel partenaire donde el sexo y la palabra no se interpongan (y nos estamos refiriendo al sexo y a la palabra "plena", que demandan; no a cualquier sexo, no a cualquier palabra).
Por ello hoy encontramos en la jerga cotidiana los significantes “amigarches” o “touch and go”, y voces similares que connotan a la mudez de la palabra (a lo que Lacan llamó “palabra vacía(el blablablá) para oponerla a la “palabra plena”decir algo contundente), es decir: a la mudez de la castración.  Porque, efectivamente, lo "light" implica no sólo lo efectivo-rápido, sino –y ante todo- el goce sin Ley, es decir, lo que cualquier niño –por su lógico estado de prematuración- sólo puede apenas esbozar.
Pero de un adulto (de un sujeto cuyo fantasma* se supone constituido y cuya neurosis se supone relativamente analizada) se espera algo más; ya que la relación amorosa no puede librarse de los dos vaivenes que la sostienen: amar y ser amado.  Si se estereotipa el vínculo y siempre es el mismo partenaire quien ama o quien es amado, cae por su mismo peso: el peso a que cualquier tope narcisistíco(egocéntrico) llega.
*la fantasía es una actividad psíquica presente en la vida corriente (juego de los niños, ensueños diurnos, elaboración secundaria del sueño, creatividad en el artista, disfrute de las producciones del arte) que puede en determinadas condiciones generar síntomas neuróticos(“enfermos”), constituyendo un estadio preliminar de los mismos. Fueron un día fantasías conscientes, sueños diurnos, y han sido luego intencionadamente olvidadas, relegadas a lo inconsciente por la 'represión' [...] la fantasía inconsciente integra una importantísima relación con la vida sexual del individuo, pues es idéntica a la que él mismo empleó como base de la satisfacción sexual. El contenido de las fantasías inconscientes en los neuróticos es similar a las situaciones creadas por los perversos para su satisfacción sexual en la realidad.
El niño, como sabemos, sólo puede ser amado: su prematuración le impide amar, excepto con ciertos artilugios (miradas, sonrisas y engaños imaginarios) que realiza para ser amado y protegido: es decir, para ser el FALO.(lo más deseado por todos)  Pero para amar (adultamente) es necesario un proceso simbólico y aceptar la Ley de la Castración(la Ley de la Cultura) que se juega: es decir, colocarse en posición femenina, de objeto; por eso Lacan –citando a Sócrates- ha bien descripto todo esto en lo que se denomina Metáfora Amorosa: pasar de amado a amante, y viceversa; en la oscilación de la evolución del vínculo.  Y, para eso, es necesario dejar la mudez de lado y escuchar, justamente y recíprocamente, al otro. De allí que en el amor se juega la escucha para con el otro; de allí que –y sobre todo en los peores momentos- el sujeto-amante demandará ser-amado.
La Metáfora Amorosa connota a la Metáfora Paterna; es decir: a la Castración. Substitución que aún el niño no puede efectivizar convenientemente (o el perverso adulto, o el neurótico con fallas en dicha Metáfora) y que por eso busca relaciones -y no sólo amorosas- donde el sostén sea sencillo y no demande demasiado esfuerzo para con el otro. Porque, de todos modos, son los mismos sujetos que sí están dispuestos a esforzarse por ellos: van al gym todos los días, concurren a sus clases de baile, estudian hasta medianoche, madrugan para no perder su puesto de trabajo que les ocasionaria una castración mayor, gastan su sueldos en coiffeir y belleza, y van con su Ipad, sus gafas RayBan polarizadas y su descapotable, corriendo de un lado al otro, siempre -obviamente- por ellos.

Como se ve, en el opuesto extremo de la mudez, está el habla. Y de allí la lógica demanda en juego. Por eso hablar implica una dinámica (castratoria)donde te pones en juego. Hoy escuchamos muy cotidianamente la insistencia no ya de sujetos que se quejan porque sus parejas no los escuchan sino, paradójicamente, de sujetos que no quieren ser demandados, es decir: alojados. Justamente para que la “justicia direccional del vínculo” –si se me permite este forzamiento- no se precipite en algo “injusto”: “Yo no te rompo las pelotas, entonces vos no me las rompas a mi”-.
De aquí también que lo “light” se conjuga con la liviandad de la palabra; y por eso hoy los facebook abundan de “amigos” a los que nadie ve ni verá en su devota vida; o los sujetos prefieren reunirse con otros donde el sexo (que incluye cualquier tipo de satisfacción más allá de lo genital) sea rápido y sin grandes cuestiones palabreras: mientras la voz no toque las puntas de lo real, todo marchará más que bien… Son por lo general sujetos a los que todo les da lo mismo: de allí que también si sostienen algún vínculo no habrá lugar para escalas axiológicas; nada valoran, excepto su EGO: sujetos no sólo sordos, sino ciegos: que no pueden ver ni siquiera el esfuerzo que el partenaire pueda llegar a hacer en cada caso, ya que lo que siempre priva es el propio YO. Sujetos cuyas únicas prioridades son siempre ellos.
Como se ve, esta contemporaneidad no es nueva: se trata siempre de hacerle pito-catalán a la castración; de gozar (comer, coger, manejar, etc.) sin Ley; es decir: de “recuperar” el otrora niño (y el consecuente goce incestuoso) donde se deambula por el paraíso de los juegos, los saltos, los deleites, incluso los usufructos de los bienes (goce deriva justamente de “usufructo”); pero sin que medie coto ni compromiso alguno.
Como en los bazares chinos –donde todo es de plástico o a lo sumo de poca duración- el sujeto abre su kiosquito del “no sufrir más por amor” endosando, al mismo tiempo, la castración al otro (mecanismo típicamente perverso) y confundiendo, por supuesto, el amor-a-sí-mismo con el “dar lo que no se tiene”: es decir, su propia castración. De allí que ciertos vínculos son capaces de resignificarse (los “ex” que antes eran unos infelices de mierda o unas locas histéricas, hoy –que ya no demandan- son buenas oportunidades de goce sin Ley (hasta se escucha decir: “nada mejor que coger con tu ex”) e incluso proyectarse en mayor tiempo que cuando la castración de ambos se jugaba en el mismo). Como dijimos up supra, sólo un niño es acreedor de un goce con poca Ley, de allí también que Freud los ha bautizado como perversos polimorfos. Un niño que siempre espera recibir del otro (del amante activo) su cuota de amor incondicional.

El "amor light" es el amor-que-no-engorda pero el narcisismo de quien hace la dieta-anticompromiso cada vez se pone más gordito que nunca.(Su Ego cada vez se hace más grande, cada vez “se la cree” más) Es el amor infantil, de pleno goce.

 I. La sexualidad masculina en cuestión

Las motivos que llevan a una persona a solicitar una consulta no son tan variados como se cree. En el fondo, se relacionan con los principales capítulos de la existencia: la sexualidad en la pareja, los lazos afectivos en el seno de la familia, las relaciones en el trabajo, los fracasos en la esfera emocional que se acumulan constantemente a lo largo de su vida, temores injustificados que dificultan y limitan nuestras propias acciones, la presencia de los síntomas que impiden el logro de determinados objetivos. Ahora si debiera ubicar el malestar en general en los tiempos actuales referido con más frecuencia como motivo de consulta, entonces sostengo que es sin dudas la cuestión preocupante de las problemáticas sexuales de los hombres. Aquí resulta indispensable aclarar que la clínica psicoanalítica en tanto clínica de la sexuación va más allá que la sexualidad, es decir que no puede reducirse a temas como la impotencia y la eyaculación precoz, sino que toca puntos del ser mismo del sujeto en sus elecciones profundas e inconscientes. De manera flagrante, el problema mayor, y que amenaza con agravarse, es la pérdida progresiva de parámetros que definan el carácter masculino del hombre. Es uno de los grandes sufrimientos que encuentro cotidianamente en mi práctica: muchos hombres consultan por impotencia sexual, eyaculación precoz y, más ampliamente, por dificultades para encontrar su lugar de hombre en la pareja, de padre en la familia o de patrón en la empresa.

Desde la decadencia de la autoridad paterna iniciada en los años setenta hasta nuestros días, en los que vemos cuestionada la transmisión automática del nombre del padre a sus descendientes, o incluso recientes procesos biotecnológicos que permiten producir un ser humano prescindiendo del sexo masculino, el hombre está dolorosamente desestabilizado en su ser viril. Ya no logra ubicar los límites de su identidad.

Tradicionalmente, en la sociedad patriarcal, los hombres representaban los valores de autoridad y de combatividad, mientras que las mujeres encarnaban el hogar, la disponibilidad de la madre y de la esposa que sostiene y acompaña. Al adquirir una autonomía personal, profesional y financiera, las mujeres trastornaron radicalmente el esquema y debimos, y debemos todavía, volver a pensar por completo la organización social. La “leyes del mercado han contribuido a este cambio drástico en las relaciones hombre .mujer.
Desde que la mujer arribo a la libertad sexual. Lo observamos en la clínica y también en una discoteca. El hombre arribo a su falta de compromiso con una pareja. Los hombres ya tienen lo que desean sin grandes sacrificios. Ya no hay necesidad de casarse para tener sexo, las mujeres
Apelando a la igualdad de derechos, acceden al sexo sin trabas culturales y sociales, y el sujeto masculino ya no tiene que asumir compromisos para obtener lo que desea de las mujeres, En nuestras sociedades contemporáneas somos muchos los que constatamos las mutaciones, pero ignoramos totalmente sus consecuencias. ¿Qué forma revestirá la relación de un hombre y de una mujer en el año 2050, por ejemplo? Es un enigma fascinante saber qué lazos inéditos inventarán los hombres y las mujeres para amarse.