miércoles, 22 de febrero de 2017

El Amor Light No compromete





Lo pesado de lo liviano
El peso de vivir para Kundera está en toda forma de constricción:
la tupida red de constricciones públicas y privadas que termina por envolver
toda existencia con nudos cada vez más apretados.
Su novela nos demuestra cómo en la vida todo lo que elegimos y apreciamos
por su levedad no tarda en revelar su propio peso insostenible.





La vocación contemporánea de lo rápido, ligero, flacucho, descartable y breve, se llama –a la americana- “light” y connota inmediatamente a la delgadez con que hay que aproximarse al consumo de los alimentos y, si es posible y por transición, al resto de los objetos domésticos: porque “que no engorde” quiere decir “que no haga mal”, “que no me caiga pesado”, “que no empache”, o –a nuestra criolla- “que no me joda”.
El lector atento sabrá rápidamente llevar esto al plano de las relaciones vinculares, especialmente el amor de pareja, donde el “que no me joda” salta inmediatamente al “que no me demande”. Y aquí tenemos pues el escenario del amor-líquido (como se definió no hace mucho desde ciertos autores como Zygmunt Bauman) que no quiere decir más que eso: efectivo, práctico (como el dinero-liquido) pero sin grandes inversiones.  Sabrá también el lector observar inmediatamente que de lo que estamos hablando es de una inversión narcisística donde el otro no cuente demasiado. Es decir, donde la castración no preste oídos. Porque, justamente, el “que no me demande” implica –ipso facto- considerar a otro –obviamente- mudo.  De allí que decimos en psicoanálisis que la relación perfecta sería con aquel partenaire donde el sexo y la palabra no se interpongan (y nos estamos refiriendo al sexo y a la palabra "plena", que demandan; no a cualquier sexo, no a cualquier palabra).
Por ello hoy encontramos en la jerga cotidiana los significantes “amigarches” o “touch and go”, y voces similares que connotan a la mudez de la palabra (a lo que Lacan llamó “palabra vacía” para oponerla a la “palabra plena”), es decir: a la mudez de la castración.  Porque, efectivamente, lo "light" implica no sólo lo efectivo-rápido, sino –y ante todo- el goce sin Ley, es decir, lo que cualquier niño –por su lógico estado de prematuración- sólo puede apenas esbozar.


Pero de un adulto (de un sujeto cuyo fantasma se supone constituido y cuya neurosis se supone relativamente analizada) se espera algo más; ya que la relación amorosa no puede librarse de los dos vaivenes que la sostienen: amar y ser amado.  Si se estereotipa el vínculo y siempre es el mismo partenaire quien ama o quien es amado, cae por su mismo peso: el peso a que cualquier tope narcisistíco llega.
El niño, como sabemos, sólo puede ser amado: su prematuración le impide amar, excepto con ciertos artilugios (miradas, sonrisas y engaños imaginarios) que realiza para ser amado y protegido: es decir, para ser el FALO.  Pero para amar (adultamente) es necesario un proceso simbólico y aceptar la Ley de la Castración que se juega: es decir, colocarse en posición femenina, de objeto; por eso Lacan –citando a Sócrates- ha bien descripto todo esto en lo que se denomina Metáfora Amorosa: pasar de amado a amante, y viceversa; en la oscilación de la evolución del vínculo.  Y, para eso, es necesario dejar la mudez de lado y escuchar, justamente y recíprocamente, al otro. De allí que en el amor se juega la escucha para con el otro; de allí que –y sobre todo en los peores momentos- el sujeto-amante demandará ser-amado.

La Metáfora Amorosa connota a la Metáfora Paterna; es decir: a la Castración. Substitución que aún el niño no puede efectivizar convenientemente (o el perverso adulto, o el neurótico con fallas en dicha Metáfora) y que por eso busca relaciones -y no sólo amorosas- donde el sostén sea sencillo y no demande demasiado esfuerzo castratorio para con el otro. Porque, de todos modos, son los mismos sujetos que sí están dispuestos a esforzarse por ellos: van al gym todos los días, concurren a sus clases de baile, estudian hasta medianoche, madrugan para no perder su puesto de trabajo que les ocasionaria una castración mayor, gastan su sueldos en coiffeir y belleza, y van con su Ipad, sus gafas RayBan polarizadas y su descapotable, corriendo de un lado al otro, siempre -obviamente- por ellos.
Como se ve, en el opuesto extremo de la mudez, está el habla. Y de allí la lógica demanda en juego. Por eso hablar implica una dinámica castratoria. Hoy escuchamos muy cotidianamente la insistencia no ya de sujetos que se quejan porque sus parejas no los escuchan sino, paradójicamente, de sujetos que no quieren ser demandados, es decir: alojados. Justamente para que la “justicia direccional del vínculo” –si se me permite este forzamiento- no se precipite en algo “injusto”: “Yo no te rompo las pelotas, entonces vos no me las rompas a mi”-. 
De aquí también que lo “light” se conjuga con la liviandad de la palabra; y por eso hoy los facebook abundan de “amigos” a los que nadie ve ni verá en su devota vida; o los sujetos prefieren reunirse con otros donde el sexo (que incluye cualquier tipo de satisfacción más allá de lo genital) sea rápido y sin grandes cuestiones palabreras: mientras la voz no toque las puntas de lo real, todo marchará más que bien… Son por lo general sujetos a los que todo les da lo mismo: de allí que también si sostienen algún vínculo no habrá lugar para escalas axiológicas; nada valoran, excepto su EGO: sujetos no sólo sordos, sino ciegos: que no pueden ver ni siquiera el esfuerzo que el partenaire pueda llegar a hacer en cada caso, ya que lo que siempre priva es el propio YO. Sujetos cuyas únicas prioridades son siempre ellos.
Como se ve, esta contemporaneidad no es nueva: se trata siempre de hacerle pito-catalán a la castración; de gozar (comer, coger, manejar, etc.) sin Ley; es decir: de “recuperar” el otrora niño (y el consecuente goce incestuoso) donde se deambula por el paraíso de los juegos, los saltos, los deleites, incluso los usufructos de los bienes (goce deriva justamente de “usufructo”); pero sin que medie coto ni compromiso alguno. 
Como en los bazares chinos –donde todo es de plástico o a lo sumo de poca duración- el sujeto abre su kiosquito del “no sufrir más por amor” endosando, al mismo tiempo, la castración al otro (mecanismo típicamente perverso) y confundiendo, por supuesto, el amor-a-sí-mismo con el “dar lo que no se tiene”: es decir, su propia castración. De allí que ciertos vínculos son capaces de resignificarse (los “ex” que antes eran unos infelices de mierda o unas locas histéricas, hoy –que ya no demandan- son buenas oportunidades de goce sin Ley (hasta se escucha decir: “nada mejor que coger con tu ex”) e incluso proyectarse en mayor tiempo que cuando la castración de ambos se jugaba en el mismo). Como dijimos up supra, sólo un niño es acreedor de un goce con poca Ley, de allí también que Freud los ha bautizado como perversos polimorfos. Un niño que siempre espera recibir del otro (del amante activo) su cuota de amor incondicional.

El "amor light" es el amor-que-no-engorda pero el narcisismo de quien hace la dieta-anticompromiso cada vez se pone más gordito que nunca. Es el amor infantil, de pleno goce, que -de todos modos, inocentemente- construye un sujeto jactado de lo hediondo pero intrincado en los laberintos más superyoicos del goce del Otro; de allí que nuestros fantasma de neurótico nos hace a veces creer que el perverso está por fuera de la angustia. He aquí lo fatigoso, lo pesado, de la liviandad. Oxímoron mediante: lo obeso de lo "light".

marcelo augusto pérez
Lo light que engorda

Preguntas FrecuenteS



    ¿Qué es ser Lacaniano?
   ¿Para qué sirve analizarse y cuánto dura un análisis?
    ¿Cuándo se utiliza el diván?
    ¿Cómo se supervisa un caso?
    ¿Por qué alguien puede elegir un analista y no otro?
1- ¿Qué es ser Lacaniano?
La pregunta es oportuna en varios sentidos.  Primero, en un sentido técnico e histórico.  Segundo, en un sentido coloquial.  Comienzo por este último.  Parecería que hay siempre que contestar con la archifamosa respuesta que Lacan dio en la oportunidad que le preguntaron si había un nuevo pensamiento lacaniano en el mundo.  Él contestó: yo soy freudiano.  Se sabe que esta respuesta tiene varias connotaciones.  Primero que él no podía contestar de otro modo cuando su tesis histórica social reza retornar a Freud.  Segundo que la idea es que en esa respuesta se escuche la protesta hacia el postfreudismo, Anna Freud a la cabeza, donde se ha querido unir la causa freudiana a una pedagogía y hasta a un simbolismo infantil de fuerte estirpe.  La idea es que al decir “yo soy freudiano” se escuche “no hay otra manera de leer a freud más que la que lacan ha hecho”. Sabemos que Lacan ha inventado, a ciencia cierta, algo más que una letra; algo más que el objeto-a (que no deja de ser letra): ha inventado mucho y se ha forzado para que sus inventos clínicos estén adheridos a la enseñanza del Maestro Vienés. Pero hay algo que a veces no entiendo y es esa manía de muchos lacanianos contemporáneos que se privan de llamarse lacanianos porque parecería que están violando la palabra del Maestro Francés.  Seamos realistas: Lacan era Freudiano; nosotros –quienes adherimos a la causa freudiana leída por Lacan- somos lacanianos.  Me parece que esa especie de prurito de obviar el mote; es un inmenso prejuicio de pensar todo lo que la palabra Lacaniano tiene implícita en su connotación social y, sobre todo, en sectores reaccionarios del mundo.

Pasemos al otro punto; el técnico, que –obviamente- se relaciona con este. Porque algunos –y no sólo gente no relacionada al campo psicoanalítico sino los propios analistas- creen que ser lacaniano es tener un consultorio en cierto barrio, moverse o gesticular como Lacan, cortar la sesión a los diez minutos o quizás incluso vestirse de negro.  Personalmente sé de colegas que piensan así aunque no lo dicen, obviamente… La alienación es total.  Pero veamos: Lacan iba a visitar a sus pacientes, si era necesario; Lacan hacía sesiones de hora y media; Lacan también escandia las sesiones –pero no es lo mismo un corte no programado que atender diez o veinte minutos en forma standard-; Lacan fue quien pronunció “no me imiten; no busquen Amos…”; Lacan tenía pacientes cara-a-cara por años enteros… etc.
Por supuesto, sabemos que cuánto más alienado está el sujeto –en este caso el analista que pretende ser más Papista que el Papa- más inseguro se encuentra… por eso se cometen disparates tales como no dar un vaso de agua; o no hablarle al paciente en el ascensor; o no contestar un llamado telefónico; etc, etc, etc… Muchos etcéteras que uno se va enterando con el correr de la vida y que uno no puede creer que sea cierto.  Incluso analistas que se rajarían la vestidura si tienen que besar a un paciente; cuando en realidad  -como todo contexto- en Buenos Aires hasta la policía se besa en la calle cuando se saluda; y es mucho más ridículo no besar a un adolescente o a un paciente de nuestra edad; que estrecharle la mano con esa frialdad que nada tiene que ver con un procedimiento de escucha.
Yo creo que ser lacaniano es –precisamente- posicionarse con una escucha diferencial que, ipso facto, implica un procedimiento ético de lo inconsciente freudiano.   Una escucha, una lectura del texto del analizante, que no excluye el hecho de escuchar un pedido de ayuda puntual –e incluso si es necesario un consejo oportuno sin por esto hacer conductivismo o algo por el estilo- o manejar ciertos semblantes que, en cada momento de un análisis, sean necesarios para llevar a cabo una inscripción significante.  Un analista lacaniano no es un ogro serio, apático o frío… quienes se posicionan en ese estereotipo incluso diría que ni siquiera es por mimesis sino por síntoma. Y, como siempre, no asombra encontrar analizantes que pagan por eso y se sienten orgullosos de tener un analista tan cero pasional –que nunca demuestra un compromiso afectivo con nada- y que incluso posee su consultorio con una asepsia parecida a un quirófano.   Como decía Leo Mashlía, que el analista ponga cara de culo no quiere decir que ejerza la neutralidad.
 2- ¿Para qué sirve analizarse y cuánto dura un análisis?
Vayamos de entrada a una cuestión obvia pero necesaria de aclarar: el psicoanálisis no sirve para dejar de sufrir: lo que Freud descubre es que el cuerpo –el aparato psíquico- es un lugar de conflicto por definición… por eso Lacan ha dicho: el cuerpo está hecho para gozar.  Gozar demasiado es un problema… Acarrea culpa, enfermedad, muerte. Por eso los neuróticos escapan a eso con un deseo siempre insatisfecho… La Histérica es la figura por excelencia de este principio lacaniano.  Pero una vez a Freud una paciente le preguntó que podría hacer el psicoanálisis por ella; y él respondió con una frase hoy muy conocida: “pasar de la miseria neurótica a la desdicha –o al infortunio, depende la traducción- cotidiano…” Es decir: una cosa es sufrir como un neurótico desdichado ad infinitud y otra cosa es poder soportar el sufrimiento que toda vida conlleva desde su primer grito.

Quien ha realizado un análisis siempre advertirá que algo se ha modificado; aunque no sepa bien qué… Ahora, el paciente llega, vía la angustia, con un síntoma.  Y, en ese caso, uno podría afirmar que si ese síntoma que lo hacía sufrir desaparece –o se transforma- entonces hay una cura.  Esto lo digo con cierto entrecomillado porque a mi juicio el análisis no cura nada; ni mucho menos previene.  La estructura no tiene cura ni se puede prevenir lo inconsciente.  Por otro lado hablar de cura es ya posicionarse desde un lugar médico, científico.  La cura está en oposición a la enfermedad; y yo afirmo que la enfermedad no existe, y menos la enfermedad-mental como cientos de cientos de congresos, auspiciados por analistas, se encargan de proclamar y titular en sus encuentros: está bien para un Estado hablar de Salud Mental; pero me parece que el analista que habla de eso –y que además dicta congresos sobre eso- no tiene la menor idea de lo que descubrió Freud. Eso sí: la enfermedad no existe pero sí existen los enfermos; los que se saben enfermos… Lo explico rápido: una persona puede ser paralítica; puede incluso haber tenido cinco o diez operaciones de cáncer; puede tener toda la dentadura cariada; y no considerarse enferma.  Otra, puede no tener nada científicamente comprobable por análisis, radiografías, etc; y sentirse enferma. Simple.  Como dice Georges Canguilhem, la enfermedad es un concepto vulgar y no científico.
 Finalmente; un análisis no debe ser simplemente un procedimiento de lectura sobre el texto del analizante.  Debe servir para inscribir algo en el orden de lo que Lacan llamó “un nuevo significante”… y la función le corresponde al analista… por ahí pasa mucho el famoso “horror al acto” que hace que se abandone la partida.  Yo hasta diría que un análisis, si bien no pretende discurrir sobre el pasado sino sobre el presente; tiene que modificar el pasado.  Sino es imposible la inscripción.  Y aquí radica, creo, esa famosa frase de Freud de los tres imposibles: educar, gobernar y analizar.  Pero en eso estamos, porque hay deseo.

Es decir que el nuestro es un oficio imposible que trata de modificar algo del pasado para inscribir algo en el presente con el objetivo –no de recordar- sino de olvidar: la histéricas sufren de reminiscencias; famoso apotegma de Freud.
 Con respecto a la duración; habría que hablar del comienzo.  Creo que depende de cómo comienza, cuánto dura y cómo termina.  Por eso cada analista deberá hacerse cargo de esto para cada caso.  Uno como analista debe, es un derecho y una obligación ética, insistir sobre el motivo de consulta –sobre el síntoma charlatán que debe ser desplegado- y no dar por supuesto absolutamente nada.  Hay pacientes que tienen muchos problemas: adicciones, falta de trabajo, soledad, ansiedad, miedo a volar, o incluso –lo digo irónicamente pero para que se entienda el concepto- tienen que tomar el colectivo a las cuatro de la mañana para ir a trabajar… muchos problemas… Eso no quiere decir que estén sentados frente a nosotros para resolver ESOS problemas… quizás vengan para hacer el duelo de la muerte de un ser querido o para poder dar la última materia de la facultad.  Hay que preguntar y no dar por supuesto.  Es como si llegase un gasista a la casa de uno y este profesional, con cierta tendencia a hacer de todo un síntoma, comienza a oler gas en las escaleras… pero cuando llegar le dicen que lo contrataron para cambiar  la garrafa porque está muy dura la manija… Digo una boludez para que se entienda lo siguiente: esa familia está acostumbrada a vivir con la pérdida de gas (quizás incluso se muera de eso); es decir tiene una manera de gozar… pero lo que le importa es que alguien le de vuelta la manija de la garrafa para poder seguir cocinando…  Ahora claro: con el correr de un análisis la idea es que la familia cocine y no se ahogue… es decir, se modifique algo en el orden de ese goce.  Por eso se podría diferenciar la demanda del síntoma.  Sabemos que hay cosas que al paciente lo está matando lentamente; incluso cosas nimias como que tenga 30 años y siga viviendo con sus padres; pero no tenemos la lámpara mágica como para adivinar científicamente si eso le impide ser feliz.  Algunos sujetos mueren felices, aunque prematuramente.
El final de un análisis depende, pues, de la apertura.  De pensar que todo síntoma esconde algo en el orden sexual, de la satisfacción sustitutiva. En pensar que el goce fálico del síntoma puede transformarse en Otro Goce que de lugar al término creado por Lacan: el sinthôme.
El famoso escrito de Freud, “Análisis Terminable e Interminable” creo que hay que leerlo de  dos maneras: el análisis es interminable porque uno siempre habla; por tanto siempre cometerá fallidos, producirá sueños y hará síntoma. Pero uno no siempre le habla a un analista.  En la fórmula creada por Lacan del Discurso Amo; en la zona inferior (donde se lee el matema del fantasma) tenemos la economía del síntoma y su atravesamiento… Uno siempre habla pero no siempre le habla a un analista.  Y hablarle al analista no es hablar a un cura, no es una simple confesión.  El analista, a diferencia del cura, sabe que cualquier cosa que uno diga va a ser usado en su contra.  “Tu eres Eso” –dirá Lacan; es decir que el analista –muy antipáticamente- propone que al rol de víctima con el que el paciente se muestra; se le devuelva su responsabilidad frente al conflicto.  A diferencia del cura; el analista cree y debe hacer creer al analizante, en lo que Freud ha llamado inconsciente.  A diferencia del cura, el analista sabe que el paciente dice más de lo que dice, o de lo que calla.
Se podría decir, también, que en cada sesión debería haber un final de análisis.
3- ¿Cuándo se utiliza el diván?

El diván no es un mueble de decoración.  Esta aclaración obvia no la es tal cuando uno escucha a colegas que están tan preocupados por el tipo o estilo de diván que van a poner en su consultorio. Incluso, por extensión metafórica, llamamos diván a una cama; y –como decía Lacan- mejor tener una cama porque se trata de “problemas de cama”…  Por lo tanto el diván requiere de cierta muñeca del analista.
Hay pacientes que no quieren usarlo nunca; y otros lo piden en la primera entrevista.  De estos últimos son de los que hay que estar más advertidos; porque responder a esa demanda puede ser muy iatrogénico; por más que uno sepa que ese paciente ya hizo diván con otros analistas.
El analista no trabaja con el saber del otro; ni del otro analista ni de un médico.  Debe escuchar a cada paciente como si fuese la primera vez; aunque ese paciente estuviese hace años en análisis.
No nos va a sorprender que un paciente que dice haber tenido muchos análisis previos con diván; y que pida el diván en la primer entrevista; después de dos o tres entrevistas previas comience a faltar o a desplegar resistencias típicas de todo neurótico.
Particularmente yo no ofrezco el diván si no estoy bastante convencido de que el analizante quiere laburar de verdad.  Y esto es un tema; porque un pedido de análisis es, ante todo, una demanda de amor.  Es decir entonces que el analizante –en un principio- está ahí para ser amado, no para hacer análisis. Y si es neurótico entonces es como un niño que pide los brazos.  ¿Y, entonces, cómo vamos a recostar a un niño? ¿Cómo vamos a privar de la mirada nuestra a alguien que necesita no sólo ser escuchado, sino ser mirado?  Es un punto delicado saber cuándo el paciente está en condiciones de prescindir de la mirada del Otro. Y también es un tema delicado hacer un diagnóstico de estructura.
Analistas que se estereotipan llevando a todos los pacientes a diván en tres o cuatro encuentros; realmente están cometiendo una atrocidad. Y esto no sólo se hacía en una época muy lacaniana en Argentina, sino que se sigue haciendo aún. El psicoanálisis es –por definición- el caso por caso.  Es como decir: “a ningún paciente beso, a todos les doy la mano…”-  Decir “ningún”, decir “todos” es ya no hacer psicoanálisis: eso es estadística pura.
A veces en los controles se escucha que el analista dio un pase a diván sin saber ni cuándo ni porqué lo hizo.  Contar un sueño, asociar un fallido, llegar puntual a la consulta, no es un principio de pase a diván.  Eso es quedarse en el registro simbólico-imaginario.  Hay que ver el real de cada caso.  He conocido psiquiatras que trabajan con diván sin siquiera ser analistas a los que le he preguntado cómo llevan al paciente al diván y me han contestado: “lo llevo… después de algunos encuentros…” Bue… una escala zoológica bastante amplia.
Por otro lado, no hacer el pasaje a diván porque el paciente no quiere es también otro tema delicado.  Hay analistas que dan el pase a diván sin previo aviso. Yo no hago eso. Más bien invito al paciente al diván una sesión antes; para estudiar la reacción o los comentarios posibles.  Si bien a veces puedo llegar a ofrecerlo sin discutirlo; tampoco puedo obligar a un paciente a volar en avión si tiene fobia a las alturas… Es, como siempre, el caso por caso.
A veces –y esto también se escucha en los colegas- se tiene el paciente en diván pero no hay análisis en absoluto; y a veces se está analizando muy bien sin la utilización del diván.  “Analizar bien” es un tema a discutir pero básicamente quiere decir: el paciente hace algo con el goce que lo perturba.
 4- ¿Cómo se supervisa un caso?
A veces me han llegado mails para supervisar por escrito; otras veces a través de un MSN… es todo un tema.  A ver: consideremos que hay dos maneras básicas de control: el analista lleva el caso con apuntes escritos y lee cosas frente al analista-de-control; o bien el analista DICE, deja caer, el caso frente a su analista.  Por supuesto yo creo en este segundo método ya que el análisis es siempre del sujeto que tenemos enfrente… es como suponer sino que la Madre de la que habla el paciente es la Madre de la realidad y no de su fantasma.
Un control es un análisis en si mismo.  Primero porque no se analiza en sí “el caso” sino el real de analista.  Segundo porque el analista escucha a su colega y no “el caso”.  Tercero porque lo que está en juego es la operación transferencial y técnica de ese análisis en particular que se trae a supervisión. De hecho funciona perfectamente como un análisis común: se puede cortar la sesión, hacer asociar un fallido del analista-supervisante; etc. Como dijo Lacan, el análisis es análisis a secas.  Yo creo que es tan así que cuando un analista lleva a supervisar un caso, no es en cualquier momento cronológico; sino en un momento lógico donde el caso está haciéndole síntoma.  Por tanto, hay un real del analista en juego. Por tanto es perder tiempo, o hacer simplemente discurso universitario, que el analista que pide control lea el caso: el caso tiene que ser ofrecido sin leer a la escucha del colega elegido en transferencia, como todo análisis.  Y el analista tiene que leer el discurso que se despliega frente a él.  Leer un caso, traerlo escrito, es ya otro síntoma.  De hecho se le pide al analista que no lo haga; pero tampoco podemos obligarlo… si es tan imperativo para él –y a veces tan justificable como “no me quiero olvidar de nada”- por algo es; lleva a interpretarlo.

También es cierto que hay colegas que hacen psicoanálisis grupal; o supervisiones colectivas, etc… Pero, en lo particular, no creo que eso sea realmente eficaz.  Estamos olvidándonos de que también el colega tiene un fantasma.  Y hace síntoma.
5- ¿Por qué alguien puede elegir un analista y no otro?
Por varias razones.  Si de “elección” hablamos, lógico; porque muchas veces –obras sociales mediante- el paciente no puede elegir mucho. (Aunque sabemos que uno siempre elije).
En general la elección más consciente suele caer en pensamientos tales como “vive cerca”; “cobra poco”; “cobra mucho y debe ser bueno”; “se parece a un novio que tuve”; etc etc.  Esas son justificaciones.  Pero, como sabemos desde Freud, la elección comienza en otro plano.  Con el correr del tiempo uno debería advertir que algo más de lo imaginario se juega en ese “espejo”… Es decir; es como pensar que una persona se enamora de la otra por el color de pelo o por la altura o por si tiene mucha o poca teta.  Se necesita algo más que eso… o algo menos.  Es cierto que como dijo Lacan el analista tiene que “tener tetas”; pero se está refiriendo a poner-el-cuerpo y a algo en el orden de lo imaginario.  Pero la elección pasa por otro plano más sutil. El paciente que nos escucha, nos ve en una conferencia; o incluso se topa con nosotros en el pasillo del edificio cuando sacamos la basura; está registrando otra cosa y no simplemente el plano imaginario.  Se entra quizá por eso: “viste de corbata, debe ser serio” o “viste simple, debe ser al pan pan y al vino vino…”  o “vive en villa freud: debe saber mucho…”  Pero hay algo en otro orden que incluso el paciente desconoce y que transfirió inevitablemente en la persona del analista.

A veces impacta advertir que nuestro consultorio tiene a todos los pacientes con cierto común e inconsciente denominador, más allá del sufrimiento lógico y de las diferencias de cada caso.  Con el correr del tiempo yo puedo darme cuenta que ese común denominador pasa por cierto Rasgo Unario de identificación inconsciente.
Sin embargo, es cierto, el orden imaginario cuenta mucho.  Hay pacientes que nos elijen por haber leído un escrito; otros porque somos jóvenes; otros porque somos viejos; otro porque somos del mismo sexo; etc
Cuando llega a mi consulta un paciente que ha leído algo mío yo suelo preguntar qué, porque muchas veces eso ya habla de cierto malestar; pero igual el paciente en general no va a decir exactamente qué línea (del escrito o del trazo de mi persona) ha hecho que me visite para desplegar su dolor.

Creo que lo importante es que, más allá de ese imaginario, el paciente perciba que las dudas de su elección son coherentes; que entregar su angustia y su síntoma a un desconocido no es cosa de todos los días; que tiene derecho a saber cómo trabajamos; y, fundamentalmente, que nos perciba honestos.  Honesto no quiere decir que no vamos a hacer cierta trampa si es necesario (porque también semblantear un objeto es ya hacer-como-si; y eso no lo hacemos porque somos mentirosos en sí mismo sino porque estudiamos el caso por caso y consideramos que muchas veces es necesario decir cosas que –si fuese un amigo por ejemplo- no la diríamos; está dentro de la maniobra transferencial del análisis); honesto quiere decir que no le estamos vendiendo ninguna panacea universal, ninguna píldora de la felicidad; ni queremos hacerle perder tiempo ni especular con su dolor.


 

Respondidas por: Marcelo A. Pérez


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miércoles, 15 de febrero de 2017

El síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple


El síndrome de Ulises.
El Síndrome de Ulises es un cuadro reactivo de estrés ante situaciones límite que no pueden ser elaboradas, no es el duelo migratorio clásico, sino una variante extrema de este duelo que afecta a los inmigrantes en situación extrema del siglo XXI. Es importante remarcar que El Síndrome de Ulises no es un trastorno mental, sino un cuadro intenso de estrés.     

Las relaciones entre el estrés social y la salud mental constituyen un tema cada vez más relevante en la investigación y en la atención clínica (mobbing, burn-out…) pero si existe un área en la que los estresores psicosociales poseen una dimensión cuantitativa y cualitativamente relevante y difícilmente discutible desde la perspectiva de sus relaciones con la salud mental esa área es la de las migraciones del siglo XXI. Emigrar se está convirtiendo hoy para millones de personas en un proceso que posee unos niveles de estrés tan intensos que llegan a superar la capacidad de adaptación de los seres humanos. Estas personas son las candidatas a padecer el Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple o Síndrome de Ulises ( haciendo mención al héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros lejos de sus seres queridos). El conjunto de síntomas que conforman este Síndrome constituyen hoy un problema de salud mental emergente en los países de acogida de los inmigrantes.


 En este trabajo se postula que existe una relación directa e inequívoca entre el grado de estrés límite que viven estos inmigrantes y la aparición de sus síntomas psicopatológicos. El Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple se caracteriza, por un lado, porque la persona padece unos determinados estresores o duelos y, por otro lado, porque aparecen un amplio conjunto de síntomas psíquicos y somáticos que se enmarcan en el área de la salud mental (ámbito que es más amplio que el de la psicopatología, tal como analizaremos en el apartado 3 . 5)

Entendemos por estrés “un desequilibrio sustancial entre las demandas ambientales percibidas y las capacidades de respuesta del sujeto” y por duelo “el proceso de reorganización de la personalidad que tiene lugar cuando se pierde algo significativo para el sujeto”. Podríamos establecer una correlación entre los dos conceptos señalando que “el duelo es un estrés prolongado e intenso”.

Tal como planteamos, existirían 7 duelos en la migración: la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riegos para la integridad física. Estos duelos se darían, en mayor o menor grado en todos los procesos migratorios, pero no es lo mismo vivirlos buenas condiciones que en situaciones extremas.
Consideramos que habría que diferenciar desde la perspectiva de la dificultad en la elaboración del duelo, y por lo tanto en su potencialidad psicopatógena, tres tipos de duelos:
            
 •El duelo simple: es aquel que se da en buenas condiciones y que puede ser elaborado.
 •El duelo complicado: cuando existen serias dificultades para la elaboración del duelo
•El duelo extremo: es tan problemático que no es elaborable, dado que supera las capacidades de adaptación del sujeto. Este sería el duelo propio del Síndrome de Ulises
           
 Así, en relación al duelo por la familia que se vive en la migración, 1) el duelo simple se daría, por ejemplo, cuando emigra un adulto joven que no deja atrás ni hijos pequeños, ni padres enfermos, y puede visitar a los familiares. 2) el duelo complicado sería aquel en el que se emigra dejando atrás hijos pequeños y padres enfermos, pero es posible regresar, traerlos…, y 3) el duelo extremo se daría cuando se emigra dejando atrás la familia, especialmente cuando quedan en el país de origen hijos pequeños y padres enfermos, pero no hay posibilidad de traerlos ni de regresar con ellos, ni de ayudarles.
            Malos tiempos aquellos en los que la gente corriente ha de comportarse como héroes para sobrevivir. Ulises era un semidios que, sin embargo, a duras penas sobrevivió a las terribles adversidades y peligros a los que se vio sometido. Pero las gentes que llegan hoy a nuestras fronteras tan sólo son personas de carne y hueso que sin embargo viven episodios tan o más dramáticos que los descritos en la Odisea. Soledad, miedo, desesperanza, ..las migraciones del nuevo milenio que comienza nos recuerdan cada vez más los viejos textos de Homero “ ...y Ulises pasábase los días sentado en las rocas, a la orilla del mar, consumiéndose a fuerza de llanto, suspiros y penas, fijando sus ojos en el mar estéril, llorando incansablemente...” (Odisea, Canto V). O el pasaje en el que Ulises para protegerse del perseguidor Polifemo le dice “preguntas cíclope cómo me llamo…, voy a decírtelo. Mi nombre es Nadie y Nadie me llaman todos…” (Odisea Canto IX). Si para sobrevivir se ha de ser nadie, se ha de ser permanentemente invisible, no habrá identidad ni integración social y tampoco puede haber salud mental.
            Habría que diferenciar tres aspectos en el debate sobre la problemática en salud mental de estos inmigrantes, en situación extrema, y así hemos estructurado este trabajo,  por un lado:
            • Estudio de los estresores, que son los que delimitan el Síndrome
            • Por otro lado el estudio de los síntomas (Síndrome es conjunto de síntomas)
            • En tercer lugar el diagnóstico diferencial de la sintomatología que presentan con otras alteraciones psicológicas que se dan en los inmigrantes.
Delimitación de los estresores y duelos de los inmigrantes en situación extrema

            1. 1. Haremos referencia en este apartado a los estresores que delimitan y definen el Síndrome que estamos abordando. Ya hemos señalado que el Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple se define precisamente por sus estresores (tal como su propio nombre indica) por lo que consideramos muy importante delimitarlos, dado que si no, carecemos de criterios para identificar el cuadro. Por otra parte, es importante señalar que no se trata tanto de describir los estresores de los inmigrantes del siglo XXI ( dado que son conocidos, y en nuestro medio son muy relevantes los trabajos de Aparicio 2002, Arango 2002, ) sino de delimitarlos específicamente desde la perspectiva de sus relaciones con la salud mental. Estos estresores serían:
            a. La soledad. La separación forzada de la familia y los seres queridos
            En primer lugar el duelo por la familia que tiene que ver con la soledad y la separación de los seres queridos, especialmente cuando se dejan atrás hijos pequeños (o padres ancianos y enfermos) a los que no puede traer consigo, ni ir a visitar porque habría la imposibilidad del retorno a España al no tener papeles. Por otra parte, el inmigrante, tampoco puede volver con el fracaso a cuestas de no haber podido salir adelante en la migración. Sin embargo, esta situación no tan sólo afecta a los sin papeles, ya que también hay inmigrantes que no pueden traer a su pareja y a sus hijos por otras causas, como por ejemplo porque aunque tengan papeles no tienen los requisitos económicos básicos que se requieren para autorizar la reagrupación familiar: si se trabaja en condiciones de explotación es muy difícil tener el nivel de vida y de vivienda que se requiere para que el notario autorice la llegada de los familiares. Y por otra parte aún tenemos constancia de casos en los que poseyendo papeles, teniendo el nivel de vida requerido se ponen a los inmigrantes de todo tipo de pegas para evitar la reagrupación familiar.
            La soledad forzada es un gran sufrimiento. Se vive sobre todo de noche, cuando afloran los recuerdos, las necesidades afectivas, los miedos…Además los inmigrantes provienen de culturas en las que las relaciones familiares son mucho más estrechas y en las que las personas, desde que nacen hasta que mueren, viven en el marco de familias extensas que poseen fuertes vínculos de solidaridad, por lo que les resulta aún más penoso soportar en la migración este vacío afectivo.
            Este duelo tiene que ver con los vínculos y el apego, con el dolor que producen las separaciones.
            b. duelo por el fracaso del proyecto migratorio
            En segundo lugar el sentimiento de desesperanza y fracaso que surge cuando el inmigrante no logra ni siquiera las mínimas oportunidades para salir adelante al tener dificultades de acceso a “los papeles”, al mercado de trabajo, o hacerlo en condiciones de explotación. Para estas personas que han realizado un ingente esfuerzo migratorio (a nivel económico, de riesgos físicos, esfuerzo…) ver que no se consigue salir adelante es extremadamente penoso. Por otra parte ligando lo que señalamos con el apartado anterior, hemos de decir que el fracaso en soledad aún es mayor. Y además si el inmigrante decidiera regresar, la vuelta siendo un fracasado resultaría muy penosa: hay incluso zonas de Africa en las que se considera que quien ha fracasado en la migración lo ha hecho porque es poseedor de algún maleficio por lo que sería visto con temor, como alguien peligroso si regresara
                c. La lucha por la supervivencia
             El inmigrante en situación extrema ha de luchar asimismo por su propia supervivencia. Habría dos grandes áreas:
            c. 1. -La alimentación: muchas veces estas personas se hallan subalimentadas. Además, se ha de tener en cuenta que, en general los inmigrantes son un colectivo que se alimenta mal, ya que envían casi todo el poco dinero que tienen a sus familiares en el país de origen (lo cual no deja de ser una muestra de su generosidad y de la intensidad de sus vínculos). El resultado es que tienden a comer alimentos de baja calidad con muchas grasas saturadas, bajo índice de proteínas…A esto se le ha de añadir que, con frecuencia, no les es fácil reproducir en la sociedad de acogida los hábitos alimentarios saludables que tenían en la sociedad de origen. También se ha de tener en cuenta que puede existir una interrelación entre subalimentación y fatiga, cefaleas…síntomas a los que más adelante haremos referencia
            c. 2. La vivienda. Este es otro gran problema de este colectivo de personas. No es extraño encontrar casos de viviendas en las que se hacinan muchos inmigrantes a precios abusivos. El hacinamiento se sabe que es un factor de tensión y de estrés. (Se calcula que el espacio vital que necesita una persona no debe ser inferior a 15 metros cuadrados, espacio que va mucho más allá de lo que viven estas personas) A estas situaciones habría que añadir el relevante colectivo que habita en infravivienda (vivienda a la que le faltan elementos básicos como techo, alguna pared, etc) o sencillamente vive en la calle (al menos durante cierto tiempo)
            d. El miedo.
- y en cuarto lugar el duelo por los peligros físicos relacionados con el viaje migratorio (las pateras, los yolos, los camiones, etc), las coacciones de las mafias, las redes de prostitución , etc. Además, en todos los casos el miedo a la detención y expulsión (en España se expulsa a un inmigrante cada 5 minutos, según datos oficiales), a los abusos…
            Se sabe que el miedo físico, el miedo a la pérdida de la integridad física tiene unos efectos mucho más desestabilizadores que el miedo de tipo psicológico, ya que en las situaciones de miedo psíquico hay muchas más posibilidades de respuesta que en las de miedo físico. A nivel biológico sabemos que el miedo crónico e intenso fija las situaciones traumáticas a través de la amígdala y da lugar a una atrofia del hipocampo (en veteranos de la guerra de Vietnam o en personas que han sufrido en la infancia abusos sexuales se ha detectado hasta un 25% de pérdida). También habría pérdidas neuronales en la corteza orbitofrontal. Sabemos que a través de un circuíto están interconectada la amígdala, los núcleos noradrenérgicos y la corteza prefrontal, áreas muy importantes en la vivencia de las situaciones de terror. (Sendi 2001)
            Además se sabe que el estrés crónico da lugar a una potenciación del condicionamiento del miedo, tanto sensorial como contextual, respondiéndose con miedo ante las situaciones de estrés futuras. Este dato es importante en los pacientes con Síndrome de Ulises ya que se hallan sometidos a múltiples estresores que les reactivan las situaciones de terror que han sufrido anteriormente.
            Una de las situaciones de miedo más visibles y conocidas actualmente en España por la opinión pública es el viaje en pateras en la zona del estrecho y en Canarias. La asociación de amigos y familiares de las víctimas de la inmigración clandestina (AFVIC) habla de unos 4000 muertos en el Estrecho de Gibraltar desde 1994 en que llegó la primera patera. Como se ha dicho a veces el estrecho se ha convertido en una gran fosa común. Recientemente los colectivos que llegan en patera se han ampliado incluso a inmigrantes de Latinoamérica y Asia. Sin embargo, situaciones de peligro se dan también en otras zonas del mundo y así, por ejemplo, en América, en la frontera México-USA, la situación es aún mucho peor y se calcula que mueren al menos 1000 personas al año, unas 3 al día.
            De todos modos sabemos que la mayoría de los inmigrantes llegan por otras vías. Podríamos decir que no vienen muchos en patera, pero que sí que muchos mueren así. Otros inmigrantes llega en grupos organizados, “demasiado” organizados, podríamos decir: son recluidos en pisos, lonjas…. Viven amenazados, con documentación falsa, chantajeados por las mafias, las “contection man”.
            Tal como señala J. Vázquez y el SAMFYC (2005) en sus trabajos en Almería, en la atención primaria el paciente que se atiende con más frecuencia no es el inmigrante que acaba de llegar en la patera, sino ya familias de origen inmigrante instaladas en España y que se encuentran en otra fase del proceso migratorio.
            El miedo es perceptible también en los niños inmigrantes cuyos padres no tienen papeles. Vemos incluso niños asustados porque sus padres se retrasan apenas un rato en llegar a casa ya piensan que quizás los han deportado y que se quedarán sólos aquí. Y en este caso obviamente no estamos hablando de fantasías infantiles de abandono y persecución en el sentido kleiniano, sino de realidades bien objetivables, es decir de auténticas situaciones traumáticas.
            El miedo se halla relacionado con la vivencia de situaciones traumáticas, con los peligros para la integridad física. De todos modos, la desesperación puede más que el miedo y estas personas, siguen llegando.
            Esta combinación de soledad, fracaso en el logro de los objetivos, vivencia de carencias extremas, y terror serían la base psicológica y psicosocial del Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Multiple (Síndrome de Ulises).
            1.2. Factores que potencian el efecto de los estresores del Síndrome del Inmigrante con estrés crónico y múltiple (Síndrome de Ulises).
            Pero además estos estresores se hallan potenciados por toda una serie de factores:
            a. -la multiplicidad: no es lo mismo padecer uno que muchos estresores. Los estresores se potencian. Ya hemos señalado en el apartado anterior: soledad, fracaso, miedo…
            b.-la cronicidad: no es lo mismo padecer una situación de estrés unos días ó unas semanas que padecerla durante meses o incluso años. El estrés es acumulativo. Muchos de estos inmigrantes desarrollan auténticas odiseas que duran años. Podemos decir que más que tener un mal día, tienen una mala vida
            c-La intensidad y la relevancia de los estresores: lógicamente hacemos referencia a estresores límite, a un estrés crónico múltiple y extremo. No es lo mismo el estrés de un atasco de tráfico, o de unos exámenes (que son algunos de los estresores que suelen utilizarse como referencia en los medios académicos) que la soledad afectiva, las vivencias de terror…, que son estresores de una gran intensidad y relevancia emocional.
            d-la ausencia de sensación de control: si una persona padece estrés pero conoce la manera de salirse de él reacciona de modo más sereno que cuando no ve la salida al túnel en el que se halla inmerso. Hay un experimento clásico en el que se somete a una situación de ruido intenso a dos grupos de personas: un grupo con la posibilidad de controlarlo cuando lo desea y el otro sin poder controlarlo. Obviamente, el grupo que podía controlar el estrés tenía menos alteraciones a nivel de la ansiedad, tensión arterial, etc. (Vander Zanden 1994)
            e. La ausencia de una red de apoyo social. Porque, qué organismos se hacen cargo de estos inmigrantes?. (Cebrian J. A y colab 2000) Dado que estas personas no existen a nivel legal, hay muchas más dificultades para que puedan ser sujetos de ayudas. Por otra parte, como es sabido, a mayor cronicidad de una problemática también hay un menor mantenimiento de las redes de apoyo. De todos modos, tal como han señalado J. Aguilar (2003) o E. Gómez Mango (2003), estos pacientes en realidad son más viajeros que inmigrantes, porque en la situación en la que se encuentran aún no han acabado de llegar al sociedad de acogida. Aún no se han instalado, siguen de viaje.
            f. Hay que tener en cuenta que a estos estresores señalados se le han de añadir los estresores clásicos de la migración: el cambio de lengua, de cultura, de paisaje….magníficamente estudiados por Francisco Calvo (1970), Jorge Tizón y colab (19939, León y Rebeca Grinberg (1994)… entre otros. En definitiva, los duelos clásicos de la migración, que por supuesto siguen estando ahí, y que son también fundamentales para el bienestar psicológico de la persona que emigra, pero que en la migración actual a la que estamos haciendo referencia, han quedado relegados en segundo lugar a pesar de su importancia por los nuevos estresores límite a los que hemos hecho referencia. En otros trabajos (Achotegui, 2000, 2002) he agrupado estos duelos básicos en 7 áreas: familia y amigos, lengua, cultura, tierra, estatus social, contacto con el grupo nacional y los riesgos físicos.
            Como ejemplo de esta nueva situación, un inmigrante al que preguntábamos acerca del aprendizaje de la nueva lengua nos decía: cuando se vive escondido, en el trabajo clandestino se habla muy poco, sabe Vd?¡ No es fácil responder cuando te dicen algo así. Habría que señalar también que hay dos palabras que estas personas utilizan con mucha frecuencia: sufrimiento y vida¡
            g. El círculo se cierra si además la persona comienza ya a tener una serie de síntomas como ocurre al padecer este Síndrome y las fuerzas para seguir luchando comienzan a fallarle. El inmigrante padece en este caso toda una sintomatología que tiene un efecto incapacitante. Se halla inmerso en un terrible círculo vicioso. Como señala Z. Domic (2004) estas personas tienen la salud como uno de sus capitales básicos y lo comienzan a perder.
            h. Y a toda esta larga cadena de dificultades se ha de añadir por desgracia aún una más: el sistema sanitario, que debería ayudar a estas personas no siempre los atiende adecuadamente : -hay profesionales que por prejuicios, por desconocimiento de la realidad de los inmigrantes, incluso por racismo, desvalorizan la sintomatología de estas personas (lo cual desgraciadamente tampoco es tan sorprendente si vemos que la propia Organización Mundial de la Salud no tiene programas de salud mental para los inmigrantes) -otras veces esta sintomatología es erróneamente diagnosticada como trastornos depresivos, psicóticos, enfermos orgánicos…padeciendo tratamientos inadecuados o incluso dañinos y siendo sometidos a todo tipo de pruebas, incluso cruentas y con efectos secundarios( aparte del gasto sanitario innecesario que conlleva)
            Consideramos que estos inmigrantes viven una de las peores pesadillas imaginables: estar sólo, en peligro, sin recursos, sin ver salida a la situación, encontrarse mal, pedir ayuda y que no entiendan ni sepan ayudarte. Seguro que hay pesadillas peores, pero nos falta imaginación para describirlas. En nuestro trabajo en salud mental con población inmigrante desde 1980 no habíamos visto nunca las situaciones de estrés límite que hemos visto en los últimos 5 años.



Joseba Achotegui
Profesor Titular de la Universidad de Barcelona. Director del SAPPIR Director del Postgrado “Salud mental e intervenciones psicológicas con inmigrantes, refugiados y minorías” de la Universidad de Barcelona.