martes, 19 de septiembre de 2017

El DOLOR para el Psicoanálisis



Fibromialgia, un cuerpo sufriente que pide a "gritos de dolor", Ser Escuchado.

La fibromialgia es un padecimiento recurrente en  la  clínica el  que me llevara a pensar al dolor como un entrecruzamiento posible entre cuerpo y subjetividad. Me ha guiado en estas reflexiones el texto de Santiago Castellanos “El dolor y los lenguajes del cuerpo”.La fibromialgia es un “síndrome crónico”, que se manifiesta generalmente  en mujeres, establecido y reconocido por el Colegio Médico Americano y por la Organización Mundial de la Salud a principios de la década de los 90. Su característica principal es un dolor generalizado en el cuerpo, que suele acompañarse de otros síntomas entre ellos fatiga, depresión cefaleas, falta de atención y memoria, etc.Si bien el dolor que aqueja y del que se queja el sujeto es real, al mejor estilo de las histéricas de Freud, no se encuentra en el cuerpo de estas pacientes lesión orgánica que justifique dicho dolor.

Para Freud el dolor es una irrupción de grandes cantidades de energía, así en su “Proyecto de psicología para neurólogos” nos dice que esta irrupción deja una marca, una huella en las neuronas de recuerdo .Entonces en las neurosis para Freud se produce el mecanismo de la conversión, por lo que al lugar de los dolores psíquicos advienen los dolores físicos. 
 

En esta línea podemos considerar el dolor corporal como una satisfacción sustitutiva de una pulsión reprimida. ¿Cómo entender el dolor como síntoma?

De lo que se trata, según Santiago Castellanos es de entender que el síntoma al igual que los sueños, es algo descifrable, que tiene un sentido pero no es sólo esto. También hay que entenderlo como una sustitución de aquello que está reprimido, como una sustitución de una satisfacción sexual que puede perturbar las diferentes funciones del cuerpo.

Hablamos de cuerpo, funciones de cuerpo, dolor en el cuerpo, pero ¿qué  es el cuerpo para el psicoanálisis?  El cuerpo para el psicoanálisis no es anatómico, sino el resultado de un encuentro, del encuentro del organismo con el lenguaje.


Antes de nacer a cada ser viviente se lo espera de una manera particular, se lo espera con un nombre, un sexo, sueños, ideales, esperanzas, etc. De este modo cada “organismo” circula en el discurso de los padres antes de nacer, incluso antes de ser concebido. Y al circular en el discurso de los padres pierde su condición real de organismo y se constituye como sujeto.

Entonces, es por la incidencia del significante sobre el organismo que el cuerpo biológico deviene un cuerpo erógeno, es decir un cuerpo simbólico que se prestará como superficie topológica de inscripción a recibir la marca del significante y hará síntoma

Ya Freud había constatado en su experiencia clínica que las palabras tienen una carga afectiva, que es libidinal, por lo tanto podemos decir con Lacan que portan una carga de goce. Desde el punto de vista del goce, la forma en que los significantes son “encarnados” en el cuerpo dependerá de la singularidad de cada parletre. “En el análisis se tendrá que dilucidar esas experiencias de goce, que son tan particulares, que solamente el analizante puede dar cuenta de la trama por la que se encarnan en el cuerpo”.

De modo que si el significante tiene efectos de goce no solo de significado y de lo que se trata en la experiencia analítica es del sentido de lo que se dice pero, sobre todo del goce que lo inspira, podemos decir con Castellanos que el dolor sería la expresión de este goce a la deriva en el cuerpo.

Es en el seminario XX donde finalmente Lacan conceptualiza las fórmulas de la sexuación y las nombra como tal. En el capítulo VII nos las presenta en un cuadro de doble entrada donde coloca  en virtud  de la función fálica, el ado  masculino y el lado femenino.



Hay un modo de gozar para todos los que hablan, es el goce al que siempre le falta algo, justamente por el hecho de hablar. A este goce se lo ha llamado goce fálico y en este sentido todos los que hablan (y no son psicóticos) gozan de este modo, no son hombres sino que gozan  del “lado hombre”.

Pero hay un  otro goce, un goce loco, un goce deslocalizado para el cual no hay significante universal, estrago del cual solo una mujer puede hablar. Para Castellanos, lo que se presenta en el cuerpo como dolor en la fibromialgia es este goce femenino, que al no tener la localización estable de la sexuación masculina desestructura los equilibrios libidinales propios de la mujer.

“Nada dice que es una mujer más que su goce y este goce es el que, entre otras cosas trae a algunas mujeres al psicoanálisis puesto que produce estragos, y dado que el psicoanálisis es el único que ha podido situar sus coordenadas, es el único que puede tratarlo de acuerdo a su singularidad.”
 



 El texto de Liliana Bosia, nos introduce en un tema fundamental que recorre a diario nuestra práctica analítica.

¿Bajo qué concepto de dolor operamos los analistas, a la hora de escuchar el cuerpo sufriente? ¿de qué cuerpo habla el psicoanálisis?

Sabemos que el dolor se encuentra presente tanto en el síntoma histérico, en el fenómeno psicosomático, en la hipocondría, y en variadas afecciones que toman al cuerpo como protagonista en tanto espacio privilegiado donde lo real sin ley se presenta para ser escuchado, alojado, de un modo diverso a la manera en que intenta abordarlo la ciencia y, seguramente también, múltiples terapias alternativas que se proponen como un ideal de eficacia para darle sentido o solución.

Más allá del interesante ejemplo que nos trae L. Bosia sobre la fibromialgia, me pregunto si cierto estatuto del dolor –sobre todo aquel que no logra ingresar, por ejemplo, en la maquinaria del síntoma histérico- no es en sí mismo la expresión de ese goce a la deriva en el cuerpo que se manifiesta en fenómenos diversos, inexplicables y que, solo a condición del encuentro con un analista, logran despejar su función a nivel de la singularidad del caso.

Un “verdadero sinsentido encarnado” por ejemplo, es la expresión utilizada por una joven mujer que, en una lucha contra un dolor inexplicable y al borde del pasaje al acto, llega a articular frente a un analista lo que tiene para decir justo en el momento en que los médicos “la abandonan”.

Allí, el misterio del cuerpo que habla, anteriormente amordazado antes que escuchado, puede comenzar a localizar discursivamente el contexto en el que había surgido el dolor; momento de ruptura radical en su vida, correlativo a la supresión de un medicamento regulador del apetito que cumplía una función de anudamiento muy precisa para el sujeto y del cual no se había separado durante muchos años…

El “dolor inexplicable” encuentra ahora, a la luz de una escucha analítica, el alojamiento conveniente de lo que hay para decir sobre esa experiencia siempre al borde de lo inefable; un dolor absolutamente singular, que transmite cabalmente “los embrollos de lo verdadero en su relación con lo real”.

Editado por la Lic.Diana S Gurny 
Inspirado en el texto de Liliana Bosia

NEL Santa Cruz

El dolor a la deriva: Comentario al escrito de Liliana Bosia

Beatriz García Moreno

Asociada NEL-Bogotá



Liliana Bosia en “El estatuto del dolor para en psicoanálisis” se detiene en el dolor que invade al cuerpo, que no se focaliza, ni se calma con analgésicos, el dolor de la fibromialgía que de acuerdo con Santiago Castellano en “El dolor y los lenguajes del cuerpo”[i], es un síntoma transclínico que el psicoanálisis puede tratar por la palabra que permite su desciframiento y también, dar cuenta del goce que entraña. El cual, siguiendo al mismo autor, puede pensarse desde la lógica de lo femenino que va más allá del falo[ii].

Habrá que mirar caso por caso para determinar de qué goce se trata, cómo está o no implicado el falo,(el objeto de deseo que somos para los demás), cuáles estructuras clínicas participan, pero quizás uno de los puntos más importantes que este acercamiento a la fibromialgia evidencia, es que es un síntoma generalizado de la época, que lleva a consulta a muchas mujeres, que denota la caída del nombre del padre, y queda cuenta de un cuerpo embrollado y desbordado en padecimientos ligados a satisfacciones pulsionales que lo hacen ajeno, y que lleva a los sujetos a consulta en busca de significantes que lo puedan contener, orientar y dar forma.

La fibromialgia desafía el discurso de la ciencia empeñado en reducir el cuerpo a un organismo máquina que puede tratarse con medicamentos; la lógica que emplea relacionada con fórmulas universales para un tratamiento indiferenciado, no da resultado. El sujeto sufriente con su síntoma se resiste a ser forcluido y parece pedir a gritos que se le escuche de otra manera, en su singularidad, y es el dispositivo del psicoanálisis que Freud inventó para escuchar el cuerpo fragmentado, afectado de las histéricas afectado de deseo sin cauce, y de goce sufriente, el que se revela como posibilidad de dar cauce a una palabra que busca fluir, desembrollarse.

La fibromialgia actual, en tanto dolor expandido, deslocalizado, que se ofrece como cuerpo sin unidad, deformado, que grita y habla sin orden previsto, demanda del espacio del psicoanálisis en busca de la palabra plena que le de la posibilidad de desanudar el dolor. Dolor que, dice Castellanos, parece estar ligado con pérdidas fundamentales, con deseos sexuales no resueltos, con la inexistencia de significante que puedan en formarlo de forma consistente, y ello requiere del espacio analítico donde puede ser escuchado y encontrar la posibilidad de otro anudamiento y algún modo menos sufriente para la satisfacción de la pulsión.

Se habla de la fibromialgia como expresión de la feminización del mundo, de lo que algunos han relacionado con la carencia de nombre del padre, con la subida al poder y a la participación en los espacios de lo público de las mujeres, y también con un mandato al goce[iii].  En relación con este último, el mandato al goce se manifiesta en el dolorgoce que se ensaña en el desgarramiento del cuerpo por el dolor; por un dolor de “cauce oculto”, como diría el poeta César Vallejo, invasor, amo y señor del cuerpo. Se trata de cuerpos que se autoconsumen en su propio dolor-goce, cuerpos habitados por un amo cruel que se impone, presos de satisfacciones pulsionales ligadas al dolor y el sufrimiento. Parecería tratarse de cuerpos gozados por el padre insaciable de Totem y Tabú[iv], de cuerpos dóciles ante esa invasión que gozan de su propio consumo, pero que también sufren con el dolor que no cesa de escribirse.












El dolor a la deriva: Comentario al escrito de Liliana Bosia

Beatriz García Moreno
Asociada NEL-Bogotá

Parafilias: en busca de la excitación.


Supongamos que,en una situación ficticia, dos personas se conocen y se atraen.  Sin embargo, una de ellas se activa sexualmente con parámetros digamos que, poco habituales. Es más que una simple inclinación. Es una necesidad de gran intensidad que requiere ser cubierta. Además, tiene carácter reiterativo y precisa objetos o situaciones concretas para que se produzca excitación sexual.
handcuffs-921290_1920 Se trata de buscar placer más allá del acto sexual en sí por lo que la otra persona puede no comprender e incluso rechazar este patrón de comportamiento. Es más, algunas parafilias, como la pedofilia o la zoofilia, además de estar mal vistas socialmente, están penadas jurídicamente debido al agravio ocasionado. Otras, como el fetichismo o el voyeurismo, son practicadas con cierta normalidad por personas de a pie sin el requisito de padecer trastorno mental mental alguno.  Cierto es que la mayoría de las veces son actividades practicadas en secreto puesto que se desvían de la norma en cuanto a la práctica del sexo se refiere. Siempre y cuando ambas partes acepten libremente, estén de acuerdo y con sus capacidades intelectuales intactas, la práctica de alguna parafilia no debe haber motivo de intervención de ningún tipo.
Existe, por otro lado, un componente cultural por el que algunas parafilias muy mal consideradas en una cultura, son de práctica común y normalizada en otra aunque suele ser en casos de tribus o grupos minoritarios en zonas que aún conservan un carácter indígena.
Generalmente, las parafilias es un trastorno eminentemente masculino (exceptuando el masoquismo que tiene igual prevalencia en ambos sexos)y como tal debe ser tratado. En relación al tratamiento, intervendrán la psicología, la psiquiatría e incluso, la criminología. La gravedad del trastorno deberá ser, en todo caso, valorada por un profesional.  Con frecuencia, una tercera persona resulta damnificada o sufre perjuicio de algún tipo.
Como consejo para el desarrollo comprensión del sexo con naturalidad es importante enseñar a gestionar la información sexual desde la infancia, adaptándola siempre al nivel de desarrollo psicoevolutivo del niño. No perdamos de vista que, en cualquier caso, las parafilias se consideran una desviación de la norma de grado variable y, por lo tanto, un trastorno de tipo sexual. La clave es delimitar hasta qué punto interfiere en la vida de una persona y en sus relaciones con los demás. La compulsividad será una variable importante a tener en cuenta a la hora de valorar el nivel de importancia e incidencia de una parafilia dada. Asimismo, habrá que valorar si la persona tiene problemas para mantener sexo convencional satisfactorio, por tanto, la parafilia es definida también por su exclusividad a la hora de mantener relaciones sexuales.
Después de lo expuesto, os revelamos que esta ficción es más real de lo que piensas. Cualquiera de tus amigos o vecinos pueden practicar alguna sin que nunca lo sepas. No es un trastorno del siglo XX sino que, lo largo de la historia, desde el principio de los tiempos, se han practicado parafilias, llegando incluso a ser reflejadas en diversas manifestaciones artísticas internacionales.


Publicado por María Gómez


¿Existe realmente la media naranja?

Hay teorías sobre la frustración que se refieren especialmente a las expectativas de tal forma que cuando una persona forma expectativas demasiado altas frente a cualquier circunstancia de cualquier ámbito, acaba de frente contra el muro de la realidad causando la frustración.
Muchas parejas acaban rompiéndose porque acaban frustradas la una de la otra o una sola parte. Esto se puede deber a muchos motivos pero vamos a analizar un tema muy recurrente en el mundo de lo sentimental, de las parejas, se trata del tema de la Media naranja.
absolutmarbellapuertobanus Cuando una persona pone las más altas expectativas en su nueva pareja pensando que es media naranja por su forma de ser, de sentir, de actuar, etc, es fácil que estas se desmoronen y acabe habiendo una tremenda frustración cuando empiecen a aparecer las diferencias entre ellos.
Muchas personas son incapaces de tolerar estas diferencias y aceptarlas y acaban con esa supuesta media naranja.
Esto nos lleva a la pregunta de si realmente existe la media naranja o es un mito que nunca se llega a alcanzar del todo.
La media naranja es esa persona que esperamos durante años y años y que se supone que nos complementa al cien por cien. Pensemos en la mitad de una naranja juntándose con la otra mitad de esa naranja. Todo encaja y eso es lo que esperamos de nuestra pareja.
Pero la realidad es que la complejidad de la mente y de las emociones humanas es tan grande que encontrar a otra persona que complemente perfectamente con la nuestra psicología es casi como ganar una lotería.
Hay otra parte que hace que desmitifiquemos todo esto de la media naranja y es el tema de que media naranja es algo incompleto y una persona se puede valer por sí misma a lo largo de la vida sea del sexo que sea. No se necesita de la otra parte realmente para poder realizarnos en la vida como queramos.
Se trata de un pensamiento que nos da un diagnóstico de lo vacíos que realmente nos sentimos. Un vacío que queremos llenar desde fuera con otra persona pero esto es un error bajo el punto de vista del equilibrio psicológico y emocional porque se depende demasiado de esa otra persona para nuestra supuesta felicidad y la desaparición de la misma de nuestras vidas supondría un revés inaguantable.
Por otro lado de forma más practica en el mundo de las relaciones de pareja el pensar en la existencia de la media naranja hace que la relación se encuentre siempre en jaque ya que en cualquier fallo o falta de consenso y de acuerdo se puede venir todo abajo. Todo por unas expectativas demasiado altas al respecto de lo que es una relación de pareja.
Abogamos por vivir las relaciones de forma más realista de acuerdo a lo que verdaderamente podemos esperar de la otra parte de la pareja y lo que la otra parte puede esperar de nosotros. De esta manera podréis ir buscando la adaptación entre los dos poco a poco hasta que con el paso de los años pueda parecer realmente que sois la media naranja del otro. Pero algo parecido requiere un trabajo entre ambas partes.





Publicado por Israel Rios

Cómo saber que alguien no te quiere


Esto del Amor y las relaciones es algo que nos supera muchas veces como seres humanos ya que una de las emociones más negativas a nivel de como afecta a nuestra autoestima es la del desamor.

Cuando estamos enamorados
nos ponemos un filtro que nos hace ver cosas que no hay o no ver la realidad de lo que está sucediendo. A veces es común que una persona enamorada no se de ni cuenta de que la otra persona en realidad no la ama.
test-tu-pareja-te-quiere-o-esta-a-tu-lado-por-interes-300x209 Para darnos cuenta de esto podemos seguir una serie de pistas que al ponerlas todas juntas nos darán como resultado la conclusión de que la persona amada no nos corresponde en ese mismo sentimiento.
Aunque esto será muy doloroso debemos de poner tierra de por medio cuanto antes con esa persona para que cada uno pueda empezar cuanto antes una nueva vida.
Otro capítulo será el de conocer las estrategias para que todo este dolor se pase lo antes posible y que además sea una experiencia que nos sirva como aprendizaje en el camino de nuestra vida.
Debemos de ver lo positivo de tal forma que cuanto antes nos demos cuenta de los verdaderos sentimientos de la otra persona antes evitaremos problemas mayores como bodas, hijos y este tipo de compromisos mayores que hagan que una ruptura sea algo realmente difícil.
Sin embargo, al hacerlo con tiempo nos encontramos con una manera mas rápida de acabar con la relación por mucho que queramos a esa persona y sin que quede nada que lo haga más difícil.
Tengamos en cuenta que querer a alguien que no nos quiere va mermando nuestra autoestima hasta límites peligrosos para nuestro propio bienestar y felicidad.
Es mejor cortar por lo sano cuanto antes cuando observemos alguno de los siguientes síntomas que nos dicen que la otra persona no nos quiere:
Cuando te hace sentir mal por pedile que pase algo de tiempo contigo.
Su reacción ante decisiones importantes para tu vida es de indiferencia, simplemente no le importa.
Cuando tu opinión no cuenta para nada en sus decisiones.
Cuando necesitas a esa persona al lado no puedes contar con ella porque siempre tiene otras cosas más importantes para hacer.
No tiene los detalles típicos de las personas enamoradas.
No hace ni el mínimo esfuerzo por aparentar siquiera que le interesa algo que le estás contando incluso cuando es algo importante para ti.
Sientes a cada momento como si estuviera por encima de tí, como si tuviera todo el poder sobre nosotros. Efecto producido por una disminución progresiva de la autoestima.
Si hacer lo mejor para ti le va a suponer ponerlo por delante de sus propias necesidades nunca lo va a hacer.
Los comentarios que hace son siempre negativos cuando se dirigen a nosotros, rara vez son positivos y lo hace incluso en público.
No se divierte estando contigo sin embargo si lo hace con otras personas.
Normalmente en un altísimo porcentaje de las veces eres tú quién contacta con la otra persona.
En definitiva, aquí tenemos algunas señales que nos deben de hacer pensar que la otra persona no nos quiere y por lo tanto, lo mejor es abandonar esa relación.



Publicado por  la Lic.Diana S Gurny el 19 de septiembre 2017.




  Publicado por Israel Rios el 15 de marzo de 2016

Goce fálico


Publicado por Betina Ganim
Es claro que los analistas lacanianos hablamos del goce a veces con demasiada liviandad; otras veces confundiendo a qué nos referimos cuando hablamos de goce, y está bien entonces que pongamos los puntos sobre las íes y revisemos los conceptos siempre que podamos; que volvamos una y otra vez si es necesario -no hay por qué avergonzarse de ello. Peor es la posición de quienes piensan que ya saben…
goce falico Así que, en principio, cuando hablamos de “goce fálico” tenemos que diferenciarlo de la expresión “goce del Otro”.

El goce fálico es el goce del Uno, en tanto tiene su lugar en el propio cuerpo. El goce fálico está tomado de un órgano del cuerpo, que también está presente en las mujeres, por supuesto.
EL GOCE FÁLICO ES UN GOCE DEL CUERPO PROPIO, ya sea que hablemos de goce fálico o de goce pregenital; son goces que tiene que ver con el propio cuerpo.
Ahora bien, la expresión “goce del Otro” nos lleva a otro análisis del tema. Se trata de otra cosa; en principio de cómo el sujeto puede vincularse con el cuerpo del Otro, digamos con el goce de otro cuerpo, porque no es algo evidente. No es obvio que uno goce del cuerpo del otro.
Entonces, ¿qué queremos decir con esto?
Lacan mismo decía que era difícil saber qué es esto de gozar de otro cuerpo. De hecho una repuesta sería por ejemplo cortar el cuerpo del otro en trozos…algo que no es para nada aconsejable!!
El cínico, pr ejemplo, rechaza el goce del Otro para quedarse con el mito, para quedarse solo con el goce fálico.
Ese goce “pregenital”, goce fálico, lo que llamamos el goce del objeto a, ese goce no es para nada en sí mismo lo que nos permite vincularnos al Otro sexo; para nada.
Y esto ya lo había descubierto Freud con la pulsión, cuando decía que no importa el objeto en sí al que la pulsión se dirige.
Es así que Lacan ubica esto en la trayectoria que va alrededor del objeto, pero que su finalidad está puesta en la trayectoria misma.
Bien, entonces, podemos decir que para vincularse desde el goce pulsional al Otro, la vía que existe es la del amor.
Y esto ya anuncia problemas…Es que en sí, la expresión “goce del Otro” es siempre un problema, porque podemos ubicar el goce fálico, pero la vinculación con el goce del Otro siempre entraña complicaciones.
Por ejemplo, en las mujeres es un problema, cuando están ubicadas del lado del goce fálico y no pueden dar lugar al otro goce. Y esto no significa que la mujer no soporte la frigidez. De hecho la soporta mejor que el hombre su impotencia…
Es más, son los hombres los que suelen tener problemas a la hora de soportar la frigidez vaginal de sus mujeres…
La cuestión que quiero dejar sentada es que siempre la vinculación al Otro sexo es problemática, y siguiendo a Lacan esta complicación es porque “no hay relación sexual”…
Para aclarar este tema podeis leer "no hay relacion sexual" en mi blog.



























FUENTE: MILLER, J-A. “Conferencias Porteñas” Tomo I

domingo, 17 de septiembre de 2017

Que duele más el dolor físico o el dolor emocional

¿Qué duele más, dolor emocional o físico?



Ahora, gracias a la nueva tecnología, los científicos están confirmando que el sufrimiento emocional realmente puede doler físicamente.Ya lo dicen las canciones y los poemas: el amor duele


El cerebro procesa el dolor físico en la corteza singular anterior, y también el dolor emocional.

Las nuevas investigaciones cerebrales revelan que la misma parte del cerebro que procesa el dolor físico también se encarga de procesar el dolor emocional.



“Esto va a doler”. Una combinación adecuada de palabras puede potencializar una sensación, cambiar nuestra forma de percibir, e inclusive nuestra forma de caminar. Y un estado emocional puede hacer que un dolor se vuelva crónico. Cuando vamos a recibir una inyección, por ejemplo, una simple advertencia sobre lo que vamos a sentir pude causar más dolor. Nuestros cerebros anticipan el dolor y activa la sensación incluso antes de que la aguja haya penetrado la piel.

En la última década, los científicos han demostrado que nuestra sensación de dolor es mayor si nos avisan anticipadamente del estímulo y es posible inducir malestar apenas mencionando algo que lo causa. Un grupo de investigadores holandeses de la Universidad de Radboud Nijmegen realizó un estudio en 2011 con más de un centenar de voluntarios, sometiéndolos a una serie de pruebas. Expuestos a la misma sustancia, a los que se les advirtió que iban a sufrir un picor fuerte no pararon de rascarse, y algo similar ocurrió a los que se les advirtió sobre el dolor.

Las palabras pueden predisponernos, porque crean expectativas. Estas modifican las emociones y esto influye el dolor, picazón y otras circunstancias. En la Universidad alemana de Jena, el investigador Thomas Weiss demostró recientemente que hablar de dolor alimenta el dolor mismo. A través de imágenes de resonancia magnética funcional, Weiss encontró que cuando los voluntarios fueron expuestos a palabras como “atroz”, “insoportable” o “punzante”, activaron la llamada “matriz del dolor“, la misma región del cerebro que trabaja ante los estímulos nocivos.



– “En estudios anteriores”, recuerda, – “también hemos visto que cuando aplicábamos un estímulo doloroso después de someter a los pacientes a palabras “nocivas”, éstos calificaban el dolor como más intenso”.

Investigaciones paralelas a las de Weiss demuestran que en el llamado “dolor social” también participan regiones del cerebro relacionadas con el dolor. Varios estudios recientes indican que cuando una persona se siente abandonada por el grupo, o una ruptura amorosa sucede, se activa la misma matriz cerebral. Las sensaciones físicas y emocionales se mezclan hasta el punto de que el malestar causado por un insulto -según un estudio de la Universidad de Kentucky- pueden ser aliviado por aquellos que toman una dosis regular de paracetamol. La prueba de que el dolor social y el dolor físico se retroalimentan está en las palabras que usamos todos los días. El lenguaje está salpicado con frases como “me rompió el corazón” o “puñalada por la espalda”, que hacen referencia al dolor físico real, en términos relacionados con juicios morales, como cuando hablamos de algo que nos pone “enfermos” o “repugnancia” y sentimos ganas de vomitar.

Este factor social y emocional está ayudando a resolver una de los grandes interrogantes que intrigaban a los médicos en casos de dolor crónico. ¿Por qué, ante la misma lesión, algunos pacientes tuvieron dolor de por vida y otros no? En algunos casos, la ausencia de daños físicos resulta desconcertante. Analizando con un escáner la respuesta al dolor de las personas que han sufrido una lesión en la espalda, observaron que el factor emocional es determinante. Las personas que tienen una relación más estrecha entre la corteza frontal y el núcleo accumbens, responsables de las emociones y la motivación, son más predispuestas al dolor crónico. Tanto así, que los científicos pudieron predecir con un 85% de precisión quien lo desarrollaría una vez que la herida había cicatrizado

¿Cómo puede contribuir el psicoanálisis en el abordaje del dolor?

Creo puede hacerlo en dos planos: el conceptual y el clínico.
Comenzando con el plano conceptual, nos puede servir recordar que el psicoanálisis surgió hace ya un siglo a partir de algunos obstáculos que se le presentaban a la medicina al enfrentarse con patologías como la histeria, cuya sintomatología no se correspondía con los circuitos neuronales y anatómicos esperados, y por lo tanto no cedía ante las terapéuticas implementadas.
Sin embargo, un médico se detuvo a escuchar algo más en aquellas mujeres "simuladoras", no pretendiendo encajarlas en determinados parámetros científicos, sino a la inversa, produciendo nuevas hipótesis a partir de lo que su sintomatología rebelde denunciaba; tomando a esta última como un enigma que cuestionaba su saber científico, un enigma a descifrar.
Así fue que el psicoanálisis se inauguró ocupándose de lo que era desconocido y por lo tanto despreciado, de lo que no coincidía con lo objetivamente comprobable.
¿Y qué es lo que se descubrió?
Que esas mujeres que no tenían "nada" (nada orgánico), tenían algo, decían algo:
que su padecimiento era verdadero, ya que tenía que ver con una verdad, que no era la de la ciencia, sino la suya propia. Sus síntomas tenían un significado; eran por lo tanto una forma de lenguaje.
Y esto, ¿en qué nos puede servir hoy día, habiendo avanzado tanto la biología y las especialidades médicas?
El problema es que cada avance trae consigo nuevos impasses, siempre rompiéndonos la ilusión de que alguna vez dilucidaremos los misterios de la vida.
¿Podrá seguir sacando provecho la ciencia médica de la ciencia psicoanalítica cuando de impasses se trata?
Creemos que sí, ya que esa es nuestra especialidad: ocuparnos de lo que no marcha, de lo que molesta, de lo discordante.
Y si hay algo discordante es el dolor. El dolor nos saca de todas nuestras casillas
.
Dice el poeta y dibujante satírico alemán Wilhelm Busch, acerca del dolor de muelas: "Concentrándose está su alma, en el estrecho hoyo de su molar".
Y concentrándonos nosotros en el concepto de dolor, vamos a hacer una división en dos tipos de dolor que llamaremos primario y secundario.
El dolor primario es un mecanismo de defensa normal por todos conocido. Es el dolor como señal de alarma, que nos advierte de un peligro mayor, y que lo vemos en el acto reflejo cuando nos quemamos.
Pero este simple mecanismo neurológico, ya desde la más tierna infancia está unido a un llamado de atención normal hacia la persona que cuida al niño. Este, al quemarse automáticamente quita por reflejo la mano, pero también corre a llamar a la madre a pedirle que haga algo con eso que le pasó. Es también un pedido de cuidado, un llamado de atención primario, donde ya podemos ir viendo cómo lo afectivo se va entrelazando con lo neurológico.

En esta aparentemente simple escena familiar, podemos ver cómo se van sentando las bases de la comunicación cada vez más compleja entre dos personas, cómo la madre debe ir decodificando lo que el hijo le expresa, y cómo éste va a ir aprendiendo a responder a las situaciones dolorosas según las respuestas dadas por su madre.
De esta manera, a lo largo de la vida, se van entrelazando las distintas experiencias con el dolor, gestándose así la manera especial en que cada uno se relacionará con él.
El dolor que llamamos secundario, ya es un trastorno, y es el que nos preocupa, el dolor rebelde. Y es muy acertado este adjetivo, porque justamente señala por un lado, la rebeldía del dolor al ser abordado científicamente. Pero desde el psicoanálisis nos interesa detenernos en otra rebeldía. ¿Cuál?
La de la persona que padece el dolor.
Parece obvio, pero en el marco de una creciente especialización y objetividad, a veces nos estorba la persona, su subjetividad. ¿Por qué? Porque miente, simula, habla de más, habla de menos, desobedece al médico, se contradice, quiere llamar la atención, etc., etc..
Así somos los seres humanos. Para nuestra desgracia y nuestra suerte, no encajamos en ningún modelo teórico- científico. Somos como un chancho engrasado, siempre nos escabullimos. Y el psicoanálisis propone que en lugar de querer enlazar al chancho, tratemos de escuchar qué está queriendo decir con todas esas idas y vueltas, qué le está sucediendo a ese sujeto con nombre y apellido, ya que en realidad, no es contra la ciencia ni contra el médico su rebeldía, sino que es contra situaciones que lo abruman, y a las que responde como puede, pidiendo ayuda, haciendo un llamado de atención secundario, más complejo.
Además de ser alguien con todas sus contradicciones, ese sujeto que está padeciendo, es único, y a pesar de que tenga el mismo dolor que- según las estadísticas- tiene un porcentaje X de sus congéneres, éste tiene que ver con su historia, con su particular manera de ubicarse en el mundo y su red social;su dolor dice algo específico.
Al tomar al dolor como una forma de lenguaje, nos introducimos en uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: lo inconsciente.
En los actos fallidos, los lapsus linguae, los sueños, vemos claramente una presencia psíquica de algo desconocido a nuestra conciencia, que sin embargo forma parte de nosotros mismos y nos lleva a actuar, haciéndonos tropezar muchas veces con la misma piedra.
Aparece como nuestra parte loca, porque no se maneja con el tiempo, el espacio ni la lógica con la que estamos acostumbrados en nuestra vida consciente y social. Pero sin embargo participa de ella y se hace sentir a través de los lapsus y sueños citados, y especialmente - para nuestro interés- a través de los síntomas.
El síntoma para el psicoanálisis coincide en parte con el síntoma para la medicina, pero además de buscar la causa, nos interesa el sentido, además de ser algo dictaminado desde un orden científico en base a un "deber ser lo sano", escuchamos cómo el sujeto hace devenir síntoma una dolencia. El síntoma se caracteriza por ser desajustado, inapropiado, saliéndose del código cultural y científico compartido. Por eso el significado no se lo podemos dar a priori, desde nuestro saber científico, sea médico o psicológico, sino que cada vez, ante cada paciente, tenemos que volver a preguntarnos qué le sucede a ese sujeto en particular, debiendo descubrirlo en cada caso.
Por eso, es tan importante para nosotros, la queja con la cual el paciente llega a la consulta, ya que da cuenta de una fisura en la subjetividad, y ésta es el principal motor de una posible cura.
Aunque nos parezca desproporcionada, aunque sepamos que es una queja estéril, sabemos también que el primer paso es escucharla y darle importancia; luego vendrá cómo permitir que se vaya transformando en una actitud más productiva.
Aquí nos adentramos en otro de los conceptos fundamentales de nuestra especialidad: la llamada transferencia, introduciéndonos en el segundo plano que hablábamos al principio: el clínico.
El fenómeno transferencial incluye la relación profesional-paciente pero es algo más.
Tanto en la consulta médica como psicoanalítica, es muy común ver que al ser atendido bien, ser escuchado, el paciente se cura en forma temporaria o tiene una mejoría, pero muchas veces vuelve con los dolores. Sabemos que aquél es el aspecto de sugestión del fenómeno transferencial, que no sólo no basta, sino que es necesaria mucha cautela en su utilización.
¿Qué importancia tiene ésto? Decíamos antes, que es fundamental tratar a ese paciente como una persona con una historia particular, dentro de la cual su síntoma, en este caso el dolor, será un capítulo más. También será un capítulo de su vida, decidir hacer la consulta para confiarse a alguien que se supone que sabe sobre su dolor.
Aquí comienza el fenómeno que llamamos transferencia. El paciente deposita expectativas desmedidas o no, en la persona del médico, y le transfiere poderes, deseos, y también formas de vincularse a las que está acostumbrado con sus seres queridos a lo largo de su historia familiar.
El paciente tiende inconscientemente, y en su fantasía, a colocar al médico en determinadas posiciones y roles que él necesita.
El médico a su vez, muchas veces se ve desbordado por esta carga afectiva que le demanda atención y lo distrae de su objetivo de curación. Otras veces, en lugar de rechazar estas actitudes, el médico con muy buena voluntad trata de ayudarlo con afecto, pero muchas veces esto no basta o no resulta, ya que generalmente lo que el sujeto quiere, siempre es otra cosa distinta a la que se le da, llegando a veces a extremos más complicados en que el paciente en lugar de idealizar al médico, lo hace responsable de sus dolores y culpable de no curarlos, no reconociendo su propia tendencia inconsciente a seguir manteniéndolos, lo que puede explicar la rebeldía de los síntomas.
El manejo de todas estas vivencias fantaseadas depositadas sobre el médico, es algo difícil, que requiere un profundo estudio de la historia del paciente, ya que es una repetición de las formas de vincularse que ese sujeto aprendió en el correr de su vida.
Además, dependerá de la estructura psíquica del paciente, la manera en que transferirá sus vivencias sobre el profesional que lo atiende.
Así vemos que manejar el fenómeno transferencial no es solo escuchar, comprender y tratar bien al paciente, sino que es una herramienta específica utilizada por el psicoanálisis, poniendo lo dificultoso de ese vínculo al servicio de la curación.
El manejo de esta transferencia consiste en analizar en qué lugar- o lugares, en distintos momentos del tratamiento- se ubica inconscientemente el paciente y coloca igualmente al psicoanalista.
Cuando se considera pertinente, se interviene con otra herramienta técnica: la interpretación. Esta es una intervención que apuntará a ayudar al sujeto a comprender que ese síntoma que él no sabe de dónde viene, y que lo revive en la relación transferencial, es un capítulo de su biografía, y que vinculándolo con los distintos aspectos de su vida, puede llegar a cambiar algunos de éstos que le están causando daño.
Lo original que sigue proponiendo el psicoanálisis, es considerar, enfrentar y manejar toda esta variedad de situaciones y proyecciones afectivas que realiza el paciente en relación al profesional que lo atiende, aprovechando esas actitudes para conducirlo hacia la curación.


¿
Cuál es en definitiva el aporte que hace el psicoanálisis en este abordaje necesariamente interdisciplinario de la persona que padece dolor?
Conceptualmente, aborda el factor personal en el dolor, sustentándose en un cuerpo teórico-clínico específico.


Clínicamente, a través de un minucioso trabajo con las intensas resistencias psíquicas, conmueve la predisposición inconsciente del sujeto a atarse a sus dolores, y a soportarlos pasivamente.
Consideramos de suma importancia que el paciente, a partir de la inclusión del punto de vista psicoanalítico, tome conciencia de que ese dolor que lo hace padecer, viene de su historia y de sí mismo, y que él mismo es una pieza fundamental y responsable en el proceso terapéutico que lo llevará a su curación. 




























Notas

1 Trabajo inspirado en parte de la ponencia en las"Primeras Jornadas uruguayas para el estudio y tratamiento del dolor". Organizadas por la Asociación Uruguaya para el estudio del dolor, 27 al 28 de Julio de 1995. Sala 19 de Junio. .
Psic. María Isabel Riva-Zucchelli.








Las palabras no sólo cambian lo que percibimos, sino también lo que hacemos. Una de las técnicas más utilizadas por los magos es el “estímulo prime”, que consiste en la exposición del sujeto a algunos estímulos que van a condicionar su respuesta. Los magos utilizan estos recursos psicológicos para condicionar nuestra respuesta en algunos trucos, como aquellos en los que se nos pide que pensemos en un número que previamente han inculcado en nuestra mente de manera sutil. Los efectos de “estímulo prime” actúan en el nivel inconsciente e influyen en nuestra manera de actuar y hasta en nuestros juicios de valor. En una de las primeras pruebas de este fenómeno algunos voluntarios fueron expuestos a palabras relacionadas con la vejez y al salir de la habitación resultaron que caminaban más lentamente que los que habían estado expuestos a palabras neutrales. En otras pruebas se vio como los voluntarios pueden tener respuestas racistas, violentas o amables en función de este “estímulo prime”.

El profesor Jaume Rosselló de la Universidad de las Illes Balears, realizó algunos experimentos con el “estímulo prime” y el juicio moral, y demostró que la presentación de imágenes impactantes (tipo gore) nos hace más permisivos frente a un dilema moral. En esta prueba, él propone, por ejemplo, el problema de una madre que tiene que sacrificar a uno de sus dos hijos para que no mueran los dos, aquellos que vieron las imágenes más violentas tienden a comprender mejor su decisión que los que vieron las imágenes neutras.

– “Esto tiene algunas implicaciones interesantes”, reflexiona Rosselló, – “porque en muchos noticiarios vemos las imágenes de los atentados o guerras antes que otras informaciones, y tal vez esto podría influir. O imaginemos entonces lo que ocurre con la sucesión de los casos estudiados por un juez.”.

Pero no son necesarias pruebas sofisticadas para convencer al cerebro de cualquier cosa. En el año 2001, y para su tesis doctoral, Rosselló diseñó un experimento para demostrar cómo la ingesta de determinadas cantidades de alcohol puede alterar la atención. Como era de esperar, los resultados mostraron que el alcohol altera el estado de alerta de los voluntarios, pero descubrió con sorpresa que la mera expectativa de beber alcohol también podría cambiar la forma de conducir.

– “En el grupo que tomó una bebida placebo, vi mucha gente borracha y con ataque de risa. Algunos incluso me pidieron quedarse otra hora por allí antes de tomar su coche. Lo pobres no sabían que no habían tomado ni una gota de alcohol”.

¿Puede ser que una palabra mal elegida por el médico ponga al paciente peor? La respuesta es sí, aunque los mecanismos conocidos como el “efecto nocebo” no son tan conocidos cómo el placebo. El Profesor Thomas Weiss está convencido de que incluso los efectos secundarios observados en los prospectos de los medicamentos producen efectos más adversos entre los que los leen. Él piensa que algunas intervenciones afectan al paciente por culpa de una “cultura del dolor” errónea que se asocia con el daño, cuando no necesariamente tienen conexión alguna. El dolor es una estimación estadística del cerebro que activa una respuesta porque ve una amenaza. Pero a veces se equivoca.

Las últimas encuestas indican que el dolor es una emoción más que una sensación. Dependiendo de nuestro estado emocional podemos interpretar el mismo estímulo de diferentes maneras. Por lo tanto, en algunos casos, la solución comienza al enseñar a los pacientes a re-aprendizar el dolor. Sobre todo cuando no existe un estímulo físico que lo provoque. Esta es la misma ficción mental que ocurre con el dolor empático, que sienten algunas personas cuando ven el daño causado a otra persona. El dolor es una construcción mental como muchas otras, así que cuando las circunstancias lo requieren, y el cerebro cree que el dolor no ayuda a la supervivencia, está dispuesto a prescindir de él. Cualquiera que haya tenido un corte demasiado profundo sabe muy bien lo que quiero decir, que al principio parece un dolor insoportable, pero cuando nos damos cuenta de que la cosa no es tan fea, decidimos centrarnos en obtener ayuda en la curación y olvidar el dolor.

Algunas enfermedades neurológicas nos ayudan a comprender mejor el componente emocional del dolor. Hay una extraña enfermedad llamada “insensibilidad congénita al dolor“, en la que una persona es capaz de sentirlo más, como no le da un valor emocional, resulta indiferente. Esto explica por qué algunas personas apoyan algunas actividades más que otras. Esta condición relativa de dolor es algo que podemos experimentar en nuestra vida cotidiana. Las punzadas y el dolor que sentimos después de hacer un poco de deporte parecen aceptables porque conocemos su origen y significado. Pero, de repente, de la nada, si nos asaltara una molestia de la misma intensidad, lo más probable es que terminemos aterrorizados en una sala de emergencias de un hospital.

Algunos datos curiosos sobre el dolor:

Duele menos si estás distraído con alguna tarea.
Duele menos si piensas en alguien que te gusta.
El dolor pasa en situaciones de emergencia extremas (analgésico del estrés).
Duele menos si se piensa que fue por accidente que intencional.
Duele menos si crees que sirve por algo.

Un ejemplo de “estímulo prime” 

Estímulo prime o priming, conforme lo relatado en el artículo, implica exponer a la persona a estímulos -en este caso verbales- que afectan a la respuesta. Haz esta prueba sencilla y responde a las preguntas en voz alta rápidamente, sin pensarlo mucho, responder simplemente:

¿De qué color es la nieve? ¿De qué color son las nubes? ¿De qué color es el helado de coco? ¿De qué color son los osos polares? ¿Qué beben las vacas?

Si tú, como el 90% de las personas respondieron que las vacas beben leche, fuiste víctima de una forma de “priming”. En este ejemplo clásico, la introducción de conceptos como el blanco predisponer a hacer la asociación mental inmediata.

El dolor (Schmerz) es uno de los primeros datos de la conceptualización freudiana, y se lo encuentra ya en el título del sexto apartado de la primera parte del «Proyecto de psicología», donde es definido como «la irrupción de grandes cantidades [Q] en el sistema [Y]» (cursivas de Freud). En-un aparato psíquico orientado uniformemente hacia la reducción de las tensiones, la irrupción de tales cantidades es la fuente de la pareja displacer/dolor. Queda por saber de dónde vienen esas cantidades. Esta problemática se precisa en el capítulo 12 del «Proyecto», «Das Schmerzerlebniss» (La vivencia de dolor), donde Freud introduce en primer lugar una distinción entre dolor y displacer: «Es por otra parte cierto que el dolor tiene una cualidad particular que se hace reconocer en comparación con el displacer». A continuación, Freud toma nota de que la investidura de una imagen mnémica del objeto hostil produce un estado «que no es dolor pero que se le asemeja». Este estado, continúa, «implica displacer (Unlust) y la inclinación a la descarga que corresponde al acontecimiento de dolor». Displacer y dolor son entonces considerados como idénticos en cuanto constituyen por igual aumentos excesivos de cantidad en el aparato psíquico, y sólo difieren por la procedencia: el aumento de cantidad en el caso del dolor proviene del exterior (por j), y en el caso del displacer, llega del «interior». Esta partición simplista encuentra de inmediato una dificultad que a Freud no se le escapa: en un sistema como el aparato psíquico, en el que sólo se supone que existe trasmisión de cantidades, ¿cómo imaginar un aumento endógeno de cantidad que genere displacer, que, al igual que el dolor, comande la inclinación a la descarga? En este punto, Freud arriesga una hipótesis no suficientemente advertida en ese momento, sobre todo en cuanto a que trastorna gravemente la topología interior/exterior sobre la cual parece construido el aparato psíquico: junto a las neuronas transmisoras (conectadas por sinapsis) y las neuronas motrices (que conducen las cantidades neuronales hacia los músculos), habría también « neuronas- secretoras» que, una vez excitadas, producirían nuevas cantidades muy superiores a las que llegan a ellas. Al instalar esas neuronas-secretoras en el corazón del sistema Y, Freud introduce en lo más profundo del aparato psíquico una función que hasta allí había reservado estrictamente al exterior, al Aussenwelt: producir cantidades que inciden frontalmente sobre el aparato psíquico. Esas neuronas-secretoras constituyen un enorme obstáculo en el esquema asociacionista que se atribuye, no sin razón a Freud pero muy a menudo sin que se vea hasta qué punto el mismo lo subvirtió desde el principio. Freud no volvió a sostener abiertamente esta hipótesis de las neuronas-secretoras, pero el modelo formal que lo guía en sus consideraciones ulteriores sobre el dolor lleva siempre la marca de esa primera elaboración. En la clínica del duelo, la depresión melancólica y el masoquismo moral, Freud, en efecto, se apoyó regularmente en esta primera conceptualización del dolor psíquico: un intenso displacer que la inhibición -esa función esencial del yo- no llega a detener. Evocando el dolor melancólico, al final de Inhibición, síntoma y angustia, escribe lo siguiente: «A raíz del dolor corporal, se produce una investidura elevada que hay que calificar de narcisista en el lugar doliente del cuerpo, investidura que no cesa de aumentar y que, por así decirlo, tiende a vaciar el yo.» Ahora bien, dice, se puede encontrar una analogía para explicar la transferencia (Übertragung) de la sensación de dolor físico al dominio psíquico: el lugar lastimado del cuerpo debe entonces comprenderse como el equivalente de la representación de un objeto «registrado como desaparecido» (vermißte), «perdido» (verloren), como objeto de una investidura intensa e inextinguible (unstillbar), de una «violenta nostalgia» (Sehnsuchtsbesetzung, que hay que relacionar con la Yaterselinsuch [añoranza del padre]). El carácter «continuo e imposible de inhibir» de esa investidura produce, según Freud, un estado de aflicción psíquica semejante al del dolor físico, exactamente en la medida en que la representación del objeto perdido desempeña entonces el papel del lugar corporal sometido a un aumento constante e insofocable de excitación.