martes, 26 de septiembre de 2017

La fecundidad de la experiencia del psicoanalisis

La fecundidad de la experiencia del psicoanalisis apunta a que produce la transmisión de la castración y que permite al sujeto no sólo disponer de su deseo sino saber hacer ahí con lo real que se le presentifica.
La deuda que cada analizante contrae precisamente por lo inaugural de este pasaje por el divan se salda de distintas maneras.
Una de ellas es precisamente haciendo el pasaje del divan al sillón, es decir asumiendo el deseo de analista, en el ejercicio del oficio de analista.
Otro modo es con el testimonio de la experiencia, en el pase, ya sea regulado desde la institución psicoanalítica o desde la espontaneidad del relato en la charla de cafe con algún otro, (con minúsculas) que desde el lazo de la amistad está dispuesto a ocupar ese lugar de testigo que da fe de lo que allí se tramita.
Recientemente tuve ocasión de leer la propaganda de un libro que dos señores editaron en el que relatan las charlas vía Internet que tuvieron en las que comentaban humoristicamente sobre su pasado como psiconalizantes.
Lacan en el 73, en su texto "Sobre la experiencia del pase", luego de aclarar que el analista funciona en el análisis como el representante del objeto a, dice que el pase no tiene nada que hacer con el análisis, que es como un relámpago y se pregunta si el pase puede poner de relieve ante quien se ofrece a él, un cierto sector de sombras de su análisis.
Un análisis implica por cierto la conquista de un saber que está ahí antes de que lo sepamos, esto es el inconsciente, y el sujeto puede aprender allí como es que eso se produjo, sólo en este sentido el análisis puede ser didáctico. Y es allí donde dice que espera de los pasantes es un testimonio de una experiencia a un analista más joven, no a un viejo. Luego dice que él se la pasa pasando el pase.
Es de esta manera que decidí introducir mi articulación sobre la función estructural del pase.
El relámpago que pone luz en tanta oscuridad se me ocurría pensar si en realidad no estaba haciendo referencia a la luz breve de la certeza, en la profunda y prolongada oscuridad de las dudas que acompañan el tiempo del fin del análisis.
Si como Lacan plantea el pase no tiene nada que hacer con el análisis es porque lo que se pone en juego también en el pase, es el lugar del testigo.
Testigo que no es un viejo, es decir no está en la línea de "los padres de la patria", sino que es un joven analista al que se le propone que se deje tomar como otro, con minúsculas, que podría evocar el lugar de un semejante,
Sostiene Lacan en el año 77, que sólo ha encarado el pase, de una manera tentativa, casi a oscuras, como algo que unicamente quiere decir reconocerse dentro de la noche, y allí lee soir en savoir . Es decir que lee noche en la palabra saber.
Propongo pensar la articulación del pase a la interrogación del saber.
Sin dudas el despliegue de un análisis va desde el saber supuesto que se articula al S s S en la transferencia en los tiempos primeros del análisis, pasando por el saber en lo real, hasta el saber hacer ahí con el synthome en el fin del análisis.
En este sentido se me ocurre ahora formular una nueva pregunta sobre cual es el estatuto del saber que se recorta en el testimonio de los pasadores.
Creo recordar en un informe que diera Victor Iunger sobre su experiencia en el Jurado de nuestra escuela, una diferencia interesante en relación a lo escuchado en el discurso de los pasadores.
El sitúa un discurso que llama "decir el testimonio", aclarando que es un decir en el que se lee más de lo que allí se dice. Y otro discurso que nombra "ser el testimonio", en el que el pasador se identifica a lo que trasmite.
Así podría pensarse que el primero es un saber en la línea simbólica del inconsciente, mientras en el segundo podría pensarse en un saber en la vertiente del objeto, del orden de un saber en lo real, en la línea de lo que bordea el objeto a.
Aquí es donde me animo a formular mi hipótesis, a la manera de una pregunta insistente.¿ Podemos pensar que el pase cumple una función estructural que podríamos nombrar liquidación de la transferencia? ¿Ya sea como manera de hacer caer en este pasaje, lo que resta de la destitución subjetiva, y / o atravesamiento fantasmático?
Revisando lo que Lacan nombra como liquidación de la transferencia, en el seminario ll, año 64, me encontré con distintas preguntas que voy a mencionar.
¿Aqué contabilidad se refiere la palabra liquidación? ¿Se tratará de alguna operación de alambique? ¿querrá decir que todo eso fluye que se vacía en alguna parte? Si la transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente, querrá decir que liquidar la transferencia ¿es liquidar el inconsciente?
¿O será que el sujeto al que se supone saber, de quien se supone que sabe algo de uno y que de hecho nada sabe sobre eso, puede considerarse como liquidado en el momento en que al final del análisis empiezan a saber algo sobre uno?
El S s S ,continuo con el texto mencionado de Lacan, debería suponerse vaporizado cuando cobra mayor consistencia. Si el termino liquidación ha de tener sentido, solo puede tratarse de la liquidación permanente del engaño de la transferencia en el sentido de cierre del inconsciente. Es en este punto del cierre en el que se descubre una paradoja: la presencia del analista. Se trata de lo que se introduce en la transferencia en relación al objeto a, al agalma.
El analista debe abandonar esa idealización, que encarna en el S s S para servir de soporte, al objeto a separador, en la medida que su deseo de analista le permite mediante una hipnosis a la inversa encarnar al hipnotizado.
Ir más allá de lo imaginario es posible, dice Lacan, quienes se analizaron conmigo así lo hicieron.- Sin embargo ese más allá del analisis no ha sido aún abordado. Recordemos que esta cita es del año 64.
Tres años más tarde en el 67, en La proposición, va a crear el dispositivo del pase, en el marco de la institución psicoanalítica y allí se formula esta pregunta:
¿ que es lo qué al final del análisis llega a darse a saber?
....¨En su deseo el psicoanalizante puede saber lo que él es. Pura falta en tanto es por medio de la castración cualquiera sea su sexo, que encuentra el lugar en la relación sexual. Puro objeto, en tanto que a, el obtura la hiancia que se abre en la relación sexual. Esa falta y ese objeto están en relación, con el sujeto del inconsciente, con la división subjetiva..."
..."Con lo que llamo fin de la partida, es el pasaje de psicoanalizante a analista...
¿Que sucede con la transferencia en el fin del análisis?
.."El analizante no termina sino al hacer del objeto a , el representante de la representación de su analista.Es por lo tanto tiempo de duelo, luego el duelo concluye. .."(L étourdit, julio 72).
Tiempo de concluir.
Cae el Otro, como S s S no solo como saber absoluto, sino se plantea el limite del inconsciente frente a la imposibilidad de escribir lo real.
Se produce la destitución subjetiva, punto de encuentro de un vacío con el des-ser del analizante., que el analista no puede cubrir, su no saber. La castración en el sujeto que el Otro, no puede cubrir.
En la destitución subjetiva hay eclipse de saber. El analizante se abría advertido que lo que él no sabía está borrado también en el analista , se trata de la castración del Otro.
En el límite se encuentra el sujeto representado por un significante nuevo, que lo representa en relación a la falta en el Otro, y es en ese lugar que se espera el sinthome, el saber hacer ahí con lo real. Se espera lo que es del orden de la invención del sujeto.
Saber hacer ahí, saber hacer con lo real . Como dice B. Domb llámese mujer, muerte o no saber que es lo que vendrá.
Real frente al cual el sujeto sabe que no puede esperar ayuda de nadie. Es enfrentar y a la vez soportar, la inexistencia del Otro.
El saber hacer, no es lo mismo que el saber absoluto.
El análisis atraviesa un largo camino que parte de la suposición de que en alguna parte hay un saber absoluto. Es función del analista cubrir que pueda decirse algo sin que ningun sujeto lo sepa. S s S , Dios mismo, este lugar designado por Lacan como el nombre del padre.
Es precisamente desde su posición que el analista construirá lo que Lacan llama la teoría de la equivocación esencial.
Es una teoría que incluye una falta a inscribir en los distintos niveles que se plantea. (J. Lacan La equivocacion del SsS, Napoles, 14-12-67)
..."Es en la estructura de la equivocación del sujeto supuesto saber, que el psicoanalista encontrará la certeza de su acto, y la hiancia que hace su ley.
Lo real anudado, implica que lo real en tanto tal, dice la verdad pero no habla y es necesario hablar para decir sea lo que fuera.
Lo simbolico soportado por el significante, cuando habla y habla mucho sólo dice mentiras. Hace falta lo falso para hacer pasar una verdad, debido a la mediación de lo imaginario, que siempre está equivocado, pero del que depende la conciencia....."
El saber hacer con lo real, pone en juego un saber que tiene estatuto de invención, de creación .
De que saber se trata en el pase?
Se trata de como reconocemos el nudo borromeo plantea Lacan en el 77 ...."Yo se que el sabe, esto sería objetivar el inconsciente. Yo se que él sabe que yo se que el sabe.- Esta es la única condición que fija el estatuto del análisis...."
(Lacan 15-2-77 El no saber de una falta que se da con retraso)
En el pase se trata de reconocer la estructura del sujeto advertido de lo real. El reconocimiento válido que se registra en el pase es el de que por obra y gracia del psicoanálisis ha devenido un psicoanalista.
Así como la muerte del padre lo enfrenta al sujeto con lo que hasta ese momento la presencia del padre cubría. La caída de la transferencia lo enfrenta al sujeto con el más allá del padre. Ir más allá del amor al padre, luego de haberse servido de él, implica el reconocimiento de que Dios no existe, implica el reconocimiento de la inexistencia del Otro.
De la liquidación de la transferencia, como en todas las liquidaciones del mercado queda un saldo que corre por cuenta de quien se sostuvo alli, de quien prestó su presencia y se hizo soporte del agalma, ese objeto tan valioso que porta en su interior el vacío.
El analista no puede renegar de su operación que testimonia de que fue por su propio acto que el analizante llego a ese momento.
Renegar quiere decir resistir superyoicamente, sancionando, confundiendo finalización con interrupción.
Puede no haber certidumbre del lado del analista, pero si la hay del lado del analizante.
En el inicio es el analista quien con su acto sostiene la posibilidad de que un análisis comience, y la duda es planteada del lado del analizante. Quien si no duda, si no hay quiebre de la creencia dificilmente pueda demandar una análisis.
Entre la certeza y la duda un fin se produce, con el tiempo se podrá confirmar que es para toda la vida.
Como decía J. Zuberman, citando a Vinicius, el amor y las decisiones son eternas mientras duran.
Evocando a Pascal, y partiendo de que en el comienzo del análisis la transferencia podría pensarse en términos de que la apuesta es que Dios existe y por lo tanto al sujeto le esperan infinitas vidas dichosas. En el fin del analisis se trata de aceptar lo real de una vida miserable, miserable en tanto finita, no eterna.
Para concluir, ¿Cual es el destino del amor de transferencia?
Como dice el poeta:
"Los suspiros son aire y van al aire,
las lágrimas son agua y van al mar,
cuando el amor se acaba
¿sabes tu donde va?
Entre el analista cubriendo ese lugar de un saber que ningún sujeto sabe, y el analista como semblante del objeto a, se despliega la mediación del amor de transferencia.
En el fin del análisis se liquida la transferencia en su vertiente simbólica, cae la vertiente real del objeto a y en su dimensión imaginaria, el amor se trastoca, y en esto les sugiero que lean el testimonio del pase de E. Jabif, en odio, indiferencia, decepción.
Finalmente, del amor de transferencia se puede prescindir, a condición de haberse servido de él.-

jueves, 21 de septiembre de 2017

Estar bien con uno mismo es mejor que estar bien con todos


 "Quien es auténtico, asume la responsabilidad por lo que es y se reconoce libre de ser lo que es"  J.P. Sartre.


El Amor, la Responsabilidad y la Culpa.
La Valentía y la verdad van de la mano.

Algunas de las cosas mas geniales de Lacán son las que escribió sobre el Amor. Partiendo de la base que a todos nos falta algo, que nunca vamos a llenar ese espacio y que eso que nos falta es lo que nos atormenta -algo del orden de “la insoportable levedad del ser”-, Lacan definió el Amor como “dar lo que no se tiene a quien no lo es”… , difícil explicarlo.
“Dar” no es dar regalos, cosas tangibles, “llenar” al otro con cosas, no es llenar de comida… El dar del Amor es ofrecer eso que no se tiene, eso que no se es, ofrecerle al otro eso incompleto que tenemos, eso que nos falta, sabiendo que el otro a quien nos dirigimos también está incompleto, sabiendo que ni yo te puedo completar, o sea, que no puedo satisfacer todas tus necesidades, y que vos no podés completarme, o sea, no podés satisfacer todas mis necesidades. Si yo intento satisfacer todas tus necesidades, me transformo en un objeto destinado a tapar esa falta, y si soy un objeto, soy una cosa, no un sujeto (sujeto, en Psicoanálisis es algo mas que decir “persona”). Pero vamos a no cesar de intentarlo cada día. pero vamos a intentar, todos los días, de entendernos pese a ese malentendido que es, nuevamente según Lacan, la relación entre un hombre y una mujer.

Amor es dar eso insoportable. ¿Dar? ¿Ofrecer? Parecería mas un ofrecer, porque siempre está abierta la posibilidad de que el otro no acepte. Este es el riesgo del Amor. Por eso cuando descubrimos que amamos caemos en una situación de precariedad, ya que sin darnos cuenta nos vamos colocando a merced de la voluntad del otro. Ese otro, tan incompleto y necesitado como nosotros, ahora tiene el poder de aceptarnos o no… La historia personal de cada uno será determinante para ver como se tolera esta instancia. La calidad de los primeros objetos, como están introyectados, nos hará mas vulnerables, esperanzados, seguros, paranoides, indolentes, etc, etc, etc.
 
Raramente nos acordamos que nosotros también tenemos la posibilidad de pegar “la media vuelta” y no sufrir…
Si yo te quiero para que me completes, te anhelo como un objeto, y eso te sigue dejando en una situación de “paquete” que te ponen en un lado u otro. Surgir como sujeto es reconocer qué querés vos, cuales son tus necesidades, tus deseos, tus vulnerabilidades, tus fortalezas y animarte a no ser un objeto de los demás, a no ser un paquete que sacan de un lado y ponen en otro de acuerdo a los deseos de los demás. Esto tiene que ver con hacerte la pregunta “¿Qué quiero yo?”.
Jacques Alain Miller, el principal discípulo (y yerno) de Lacan, dice que el Amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable… Y el Amor es lo que permite soportar esa verdad, porque esa verdad nuestra es sumamente difícil de aguantar, porque siempre se trata de lo mismo, de darnos cuenta que nos falta algo y que no encontramos forma de satisfacer eso.
Y nunca hay forma.
En una entrevista que le hicieron a Miller, le preguntaron qué es verdaderamente amar. Y dijo algo fabuloso: “Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre uno mismo. Amamos a aquel o aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: “¿Quién soy yo?”.
Lacan también decía algo que se malinterpretó muchas veces: “el Amor siempre es reciproco”. Explica Miller en esa entrevista: “No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir: “Si yo te amo, es que tu eres amable” (amable en el sentido de ser alguien a quien se puede amar, que genera amor en otros, aclaración mía que no figura en la entrevista). “Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es reciproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizás tu mismo no conozcas.” Eso no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado”.
¿Y qué pasa con la culpa? ¿Qué pasa cuando no logramos darnos permiso ni siquiera para sentir? Desde el Psicoanálisis se nos propone desvictimizarnos, salir del lugar de la victima, la victima de las circunstancias y del tormento interior y, en consecuencia, en vez de decir “me siento culpable” asumir la responsabilidad por lo que sentimos. Una “ética de la responsabilidad” es salir de la “ética de la culpa”…. Claro, no es fácil. La culpa nos paraliza, no nos deja actuar… En definitiva, la culpa nos deja en suspenso, y logra que no avancemos… Nos hace el juego, es funcional a nuestros miedos mas ancestrales de salir del cascarón, de ser un objetito, y transformarnos en sujetos de pleno derecho y deseo. Si sentimos culpa, NO TENEMOS OBLIGACION DE ACTUAR!!!!! La culpa, en definitiva, nos conviene…
Actuar por culpa tiene, en la mayoría de los casos, un efecto aniquilador: cuando decidimos algo en contra de nosotros mismos y por la culpa que nos genera algo o alguien, vamos a terminar, sistemáticamente, haciéndole pagar un alto precio a quien parecería ser el beneficiario de nuestro sacrificio. Cuando las cosas no las hacemos por amor genuino sino por culpa, algo del orden de la agresión y del odio se va a traslucir en nuestras acciones. Porque le hicimos cargar a ese supuesto beneficiario con todo el peso de no haber asumido nosotros mismos lo que realmente queremos. Cuando en realidad, la responsabilidad siempre es nuestra, aunque no la asumamos.
Lacan decía que la culpa nacía de haber cedido al deseo. No importa en qué plano. Para la mente da lo mismo si se fantasea o si se lleva a la realidad. Algo del deseo mas genuino se asomó y la culpa aguijoneó.
Otra de las consecuencias de vencer la culpa y asumir la responsabilidad es que no queda mas remedio, de esta forma, que empezar a tomar las riendas de la propia vida, y eso también es hacerse responsable de los demás y de lo que vamos generando cuando nos convertimos en personas “amables” al decir de Miller. Dicen algunos que el sujeto que surge de la responsabilidad no necesita refugiarse en la culpa, solo responder a su deseo. El deseo que lo transforma en un sujeto y que le permite salir de su eterno rol de paquete, de objeto.
Hacerse cargo de los propios sentimientos es muy difícil. Pero absolutamente imprescindible.
La valentía y la verdad van de la mano. La mentira se escuda en la cobardía, son socias. El silencio, muchas veces, es un cómplice.
Prestemos atención a los sentimientos que nos generan las personas y a los que generamos nosotros en los demás. A veces son una buena señal de como estamos internamente respecto al resto de cosas y no solo respecto a lo que aparece como lo mas directamente involucrado.
Sin valentía y sin responsabilidad no hay forma de acercarse al milagro del Amor compartido. Pocas veces es posible siquiera que se nos presente la oportunidad de conocerlo. Todo lo demás, es pura farsa.

 Editado por Lic. Gurny

Estar bien con uno mismo es mejor que estar bien con todos

"Un joven y aventajado discípulo de artes marciales estaba aprendiendo bajo la tutela de un famoso maestro.

Un día, el maestro estaba observando una sesión de práctica en el patio y se percató de que la presencia de los otros estudiantes estaba interfiriendo en los intentos del joven de perfeccionar su técnica.

El maestro podía percibir el deseo del joven de quedar bien delante de los demás y su frustración por no lograrlo. Se acercó y le dio una palmada en el hombro.

- ¿Cuál es el problema? - preguntó.

- No lo sé - dijo el joven visiblemente tenso. - No importa cuánto me esfuerce, soy incapaz de ejecutar los movimientos correctamente.

- Ven conmigo, te lo explicaré - respondió el maestro.

El maestro y el estudiante salieron del edificio y caminaron hasta llegar a un arroyo. El maestro permaneció en silencio en la orilla durante un tiempo. Luego habló.

- Mira el arroyo. Hay piedras en su camino. ¿Intenta impresionarlas? ¿Se golpea contra ellas por la frustración? Simplemente fluye y sigue adelante. Sé como el agua.

El joven tomó nota del consejo del maestro y en pocos días apenas se daba cuenta de la presencia de otros estudiantes a su alrededor. Nada podía afectar su manera de ejecutar los movimientos, que cada vez eran más perfectos".

Esta maravillosa historia nos habla sobre la necesidad de encontrar el equilibrio , en vez de intentar impresionar a los demás y obtener su aprobación. De hecho, cuando estamos pendientes de la aceptación ajena ocurre una contradicción: mientras más la buscamos más escurridiza se vuelve y menos nos valoran los demás.
La parábola utiliza como recurso el agua ya que en la filosofía budista tiene un simbolismo especial porque encierra a la perfección sus enseñanzas. El agua fluye constantemente, se adapta a las formas de los recipientes y sortea todo tipo de obstáculos. Es su capacidad de adaptarse sin perder su esencia lo que la hace tan especial.

Los riesgos de buscar la aprobación de los demás

1. Nos apartamos cada vez más de nuestra esencia. Cuando buscamos la aceptación de los demás, asumimos que algunas de nuestras características no serán bien recibidas, por lo que intentamos ocultarlas. Nos colocamos una máscara social que nos aleja de la autenticidad y nos “obliga” a interpretar un personaje. Obviamente, vivir en ese "teatro” es agotador porque tenemos que estar pendientes de reprimir muchos de los pensamientos, actitudes y emociones que experimentamos de manera natural.

2. Vivimos en una montaña rusa emocional. Cuando la opinión de los demás se convierte en la brújula que dicta nuestros pasos, nos subimos por voluntad propia a una montaña rusa emocional porque nuestro estado de ánimo comenzará a depender directamente de las valoraciones externas. Nos sentiremos felices si nos halagan o profundamente infelices y frustrados si nos critican o rechazan. En este punto dejamos de ser dueños de nuestras emociones y le cedemos el control a los demás. Nos convertimos en personas reactivas a merced de las volubles opiniones ajenas.

3. Nos olvidamos de nuestros sueños. Es algo terrible, tan terrible que normalmente lo apartamos de la mente, pero cuando nuestra vida gira en torno a la aprobación de los demás, abandonamos nuestros sueños y planes para adaptarnos y abrazar los objetivos de los otros. De esta forma terminamos perdiendo la motivación intrínseca, que es nuestro motor impulsor, y se nos agota la pasión. Así terminamos viviendo la vida que quieren los demás, no la vida que deseamos nosotros.

¿Es posible ser nosotros mismos sin “dañar” a los demás?

Uno de los obstáculos que detiene a las personas en el camino hacia la autenticidad y la liberación personal es el miedo a dañar a las personas significativas. Sin embargo, el hecho de crecer, perseguir nuestros sueños, ser independientes y sentirnos bien con nosotros mismos no debería representar un problema para los demás. Al contrario, si realmente nos aman, deberían sentirse felices por nuestro crecimiento.

El problema es que cuando creamos una relación de dependencia con alguien al buscar su aprobación antes de tomar decisiones, desde las más intrascendentes hasta las más importantes, le estamos confiriendo un enorme poder sobre nosotros. Muchas personas se sienten cómodas en ese rol, les gusta el poder que tienen sobre nuestra vida y no quieren romper ese lazo. Sin embargo, a menudo esas personas se hacen cada vez más demandantes, intentan atarnos más corto y sus exigencias de control se vuelven desproporcionadas. En esos casos, cortar el lazo es una cuestión de supervivencia psicológica.

Por supuesto, cuando nos independizamos, nos atrevemos a desear cosas diferentes y comenzamos a tomar decisiones propias, esas personas se mostrarán “dolidas” porque quieren mantener ese lazo de dependencia. De cierta forma ese dolor es una forma de manipulación emocional. Sin embargo, debemos recordar que muchas veces los lazos que nos mantienen unidos son también los que más nos atan.

En esos casos no hay que tener miedo a “dañar” a esa persona porque en realidad no le estamos haciendo un daño sino que le estamos dando una oportunidad a la relación de madurar. Lo que estamos haciendo es llevar la relación a un nivel superior donde no hay dependencia sino que son dos personas maduras que disfrutan estando juntas desde su individualidad, sin dependencias toxicas.
No seas tú mismo, sé la mejor versión de ti
El consejo más sabio es: sé la mejor versión de ti. Esto no significa que debemos renunciar a nuestra esencia, sino que debemos aprender a sacar lo mejor de nosotros. Por ejemplo, ser una persona colérica al final solo nos traerá problemas, además de hacernos sentir mal. Eso no significa que debemos ocultar nuestra decepción o desagrado, sino que debemos expresarlo de manera asertiva. El objetivo no es agradar a los demás, sino ser capaces de gestionar nuestras emociones porque acumular odio, rencor  y resentimiento terminará dañándonos.

El secreto para lograr ser la mejor versión de nosotros mismos es muy simple: cuando hemos desarrollado un buen equilibrio interior, sabemos exactamente lo que queremos en la vida y estamos en paz con nosotros mismos; todo eso se traduce en cada uno de nuestros actos y nos permite relacionarnos de manera más asertiva y auténtica.

De hecho, ser auténticos no significa explotar cuando nos sentimos enfadados y frustrados o decir lo primero que nos venga a la mente sin reflexionar sobre sus consecuencias, eso es simplemente un comportamiento infantil.

En palabras de Jean Paul Sartre: "Quien es auténtico, asume la responsabilidad por lo que es y se reconoce libre de ser lo que es".

La persona auténtica practica la congruencia, es aquella que expresa lo que siente y piensa de manera asertiva. Sin embargo, la autenticidad no se limita a la congruencia, no es simplemente “sé tú mismo” sino que también implica un profundo conocimiento interior, un tomarse la responsabilidad y una sólida autoestima que no depende de las opiniones ajenas.La mayoría de las personas necesita ayuda psicologica para llegar a este estado de equilibrio consigo mismo y con los demás.

La persona auténtica es sensible a las emociones y opiniones de los demás, no puede ser de otra manera, pero decide no subordinar sus decisiones a los juicios y críticas de los otros. Lo más interesante es que cuando estamos bien con nosotros, cuando somos auténticos de manera madura y desde un profundo autoconocimiento, los demás lo notan y nos ganamos su respeto y admiración, aunque ese no sea el objetivo final.





Lic. GURNY Inspirada en el texto de Lic. Inés Tornabene 


martes, 19 de septiembre de 2017

El DOLOR para el Psicoanálisis



Fibromialgia, un cuerpo sufriente que pide a "gritos de dolor", Ser Escuchado.

La fibromialgia es un padecimiento recurrente en  la  clínica el  que me llevara a pensar al dolor como un entrecruzamiento posible entre cuerpo y subjetividad. Me ha guiado en estas reflexiones el texto de Santiago Castellanos “El dolor y los lenguajes del cuerpo”.La fibromialgia es un “síndrome crónico”, que se manifiesta generalmente  en mujeres, establecido y reconocido por el Colegio Médico Americano y por la Organización Mundial de la Salud a principios de la década de los 90. Su característica principal es un dolor generalizado en el cuerpo, que suele acompañarse de otros síntomas entre ellos fatiga, depresión cefaleas, falta de atención y memoria, etc.Si bien el dolor que aqueja y del que se queja el sujeto es real, al mejor estilo de las histéricas de Freud, no se encuentra en el cuerpo de estas pacientes lesión orgánica que justifique dicho dolor.

Para Freud el dolor es una irrupción de grandes cantidades de energía, así en su “Proyecto de psicología para neurólogos” nos dice que esta irrupción deja una marca, una huella en las neuronas de recuerdo .Entonces en las neurosis para Freud se produce el mecanismo de la conversión, por lo que al lugar de los dolores psíquicos advienen los dolores físicos. 
 

En esta línea podemos considerar el dolor corporal como una satisfacción sustitutiva de una pulsión reprimida. ¿Cómo entender el dolor como síntoma?

De lo que se trata, según Santiago Castellanos es de entender que el síntoma al igual que los sueños, es algo descifrable, que tiene un sentido pero no es sólo esto. También hay que entenderlo como una sustitución de aquello que está reprimido, como una sustitución de una satisfacción sexual que puede perturbar las diferentes funciones del cuerpo.

Hablamos de cuerpo, funciones de cuerpo, dolor en el cuerpo, pero ¿qué  es el cuerpo para el psicoanálisis?  El cuerpo para el psicoanálisis no es anatómico, sino el resultado de un encuentro, del encuentro del organismo con el lenguaje.


Antes de nacer a cada ser viviente se lo espera de una manera particular, se lo espera con un nombre, un sexo, sueños, ideales, esperanzas, etc. De este modo cada “organismo” circula en el discurso de los padres antes de nacer, incluso antes de ser concebido. Y al circular en el discurso de los padres pierde su condición real de organismo y se constituye como sujeto.

Entonces, es por la incidencia del significante sobre el organismo que el cuerpo biológico deviene un cuerpo erógeno, es decir un cuerpo simbólico que se prestará como superficie topológica de inscripción a recibir la marca del significante y hará síntoma

Ya Freud había constatado en su experiencia clínica que las palabras tienen una carga afectiva, que es libidinal, por lo tanto podemos decir con Lacan que portan una carga de goce. Desde el punto de vista del goce, la forma en que los significantes son “encarnados” en el cuerpo dependerá de la singularidad de cada parletre. “En el análisis se tendrá que dilucidar esas experiencias de goce, que son tan particulares, que solamente el analizante puede dar cuenta de la trama por la que se encarnan en el cuerpo”.

De modo que si el significante tiene efectos de goce no solo de significado y de lo que se trata en la experiencia analítica es del sentido de lo que se dice pero, sobre todo del goce que lo inspira, podemos decir con Castellanos que el dolor sería la expresión de este goce a la deriva en el cuerpo.

Es en el seminario XX donde finalmente Lacan conceptualiza las fórmulas de la sexuación y las nombra como tal. En el capítulo VII nos las presenta en un cuadro de doble entrada donde coloca  en virtud  de la función fálica, el ado  masculino y el lado femenino.



Hay un modo de gozar para todos los que hablan, es el goce al que siempre le falta algo, justamente por el hecho de hablar. A este goce se lo ha llamado goce fálico y en este sentido todos los que hablan (y no son psicóticos) gozan de este modo, no son hombres sino que gozan  del “lado hombre”.

Pero hay un  otro goce, un goce loco, un goce deslocalizado para el cual no hay significante universal, estrago del cual solo una mujer puede hablar. Para Castellanos, lo que se presenta en el cuerpo como dolor en la fibromialgia es este goce femenino, que al no tener la localización estable de la sexuación masculina desestructura los equilibrios libidinales propios de la mujer.

“Nada dice que es una mujer más que su goce y este goce es el que, entre otras cosas trae a algunas mujeres al psicoanálisis puesto que produce estragos, y dado que el psicoanálisis es el único que ha podido situar sus coordenadas, es el único que puede tratarlo de acuerdo a su singularidad.”
 



 El texto de Liliana Bosia, nos introduce en un tema fundamental que recorre a diario nuestra práctica analítica.

¿Bajo qué concepto de dolor operamos los analistas, a la hora de escuchar el cuerpo sufriente? ¿de qué cuerpo habla el psicoanálisis?

Sabemos que el dolor se encuentra presente tanto en el síntoma histérico, en el fenómeno psicosomático, en la hipocondría, y en variadas afecciones que toman al cuerpo como protagonista en tanto espacio privilegiado donde lo real sin ley se presenta para ser escuchado, alojado, de un modo diverso a la manera en que intenta abordarlo la ciencia y, seguramente también, múltiples terapias alternativas que se proponen como un ideal de eficacia para darle sentido o solución.

Más allá del interesante ejemplo que nos trae L. Bosia sobre la fibromialgia, me pregunto si cierto estatuto del dolor –sobre todo aquel que no logra ingresar, por ejemplo, en la maquinaria del síntoma histérico- no es en sí mismo la expresión de ese goce a la deriva en el cuerpo que se manifiesta en fenómenos diversos, inexplicables y que, solo a condición del encuentro con un analista, logran despejar su función a nivel de la singularidad del caso.

Un “verdadero sinsentido encarnado” por ejemplo, es la expresión utilizada por una joven mujer que, en una lucha contra un dolor inexplicable y al borde del pasaje al acto, llega a articular frente a un analista lo que tiene para decir justo en el momento en que los médicos “la abandonan”.

Allí, el misterio del cuerpo que habla, anteriormente amordazado antes que escuchado, puede comenzar a localizar discursivamente el contexto en el que había surgido el dolor; momento de ruptura radical en su vida, correlativo a la supresión de un medicamento regulador del apetito que cumplía una función de anudamiento muy precisa para el sujeto y del cual no se había separado durante muchos años…

El “dolor inexplicable” encuentra ahora, a la luz de una escucha analítica, el alojamiento conveniente de lo que hay para decir sobre esa experiencia siempre al borde de lo inefable; un dolor absolutamente singular, que transmite cabalmente “los embrollos de lo verdadero en su relación con lo real”.

Editado por la Lic.Diana S Gurny 
Inspirado en el texto de Liliana Bosia

NEL Santa Cruz

El dolor a la deriva: Comentario al escrito de Liliana Bosia

Beatriz García Moreno

Asociada NEL-Bogotá



Liliana Bosia en “El estatuto del dolor para en psicoanálisis” se detiene en el dolor que invade al cuerpo, que no se focaliza, ni se calma con analgésicos, el dolor de la fibromialgía que de acuerdo con Santiago Castellano en “El dolor y los lenguajes del cuerpo”[i], es un síntoma transclínico que el psicoanálisis puede tratar por la palabra que permite su desciframiento y también, dar cuenta del goce que entraña. El cual, siguiendo al mismo autor, puede pensarse desde la lógica de lo femenino que va más allá del falo[ii].

Habrá que mirar caso por caso para determinar de qué goce se trata, cómo está o no implicado el falo,(el objeto de deseo que somos para los demás), cuáles estructuras clínicas participan, pero quizás uno de los puntos más importantes que este acercamiento a la fibromialgia evidencia, es que es un síntoma generalizado de la época, que lleva a consulta a muchas mujeres, que denota la caída del nombre del padre, y queda cuenta de un cuerpo embrollado y desbordado en padecimientos ligados a satisfacciones pulsionales que lo hacen ajeno, y que lleva a los sujetos a consulta en busca de significantes que lo puedan contener, orientar y dar forma.

La fibromialgia desafía el discurso de la ciencia empeñado en reducir el cuerpo a un organismo máquina que puede tratarse con medicamentos; la lógica que emplea relacionada con fórmulas universales para un tratamiento indiferenciado, no da resultado. El sujeto sufriente con su síntoma se resiste a ser forcluido y parece pedir a gritos que se le escuche de otra manera, en su singularidad, y es el dispositivo del psicoanálisis que Freud inventó para escuchar el cuerpo fragmentado, afectado de las histéricas afectado de deseo sin cauce, y de goce sufriente, el que se revela como posibilidad de dar cauce a una palabra que busca fluir, desembrollarse.

La fibromialgia actual, en tanto dolor expandido, deslocalizado, que se ofrece como cuerpo sin unidad, deformado, que grita y habla sin orden previsto, demanda del espacio del psicoanálisis en busca de la palabra plena que le de la posibilidad de desanudar el dolor. Dolor que, dice Castellanos, parece estar ligado con pérdidas fundamentales, con deseos sexuales no resueltos, con la inexistencia de significante que puedan en formarlo de forma consistente, y ello requiere del espacio analítico donde puede ser escuchado y encontrar la posibilidad de otro anudamiento y algún modo menos sufriente para la satisfacción de la pulsión.

Se habla de la fibromialgia como expresión de la feminización del mundo, de lo que algunos han relacionado con la carencia de nombre del padre, con la subida al poder y a la participación en los espacios de lo público de las mujeres, y también con un mandato al goce[iii].  En relación con este último, el mandato al goce se manifiesta en el dolorgoce que se ensaña en el desgarramiento del cuerpo por el dolor; por un dolor de “cauce oculto”, como diría el poeta César Vallejo, invasor, amo y señor del cuerpo. Se trata de cuerpos que se autoconsumen en su propio dolor-goce, cuerpos habitados por un amo cruel que se impone, presos de satisfacciones pulsionales ligadas al dolor y el sufrimiento. Parecería tratarse de cuerpos gozados por el padre insaciable de Totem y Tabú[iv], de cuerpos dóciles ante esa invasión que gozan de su propio consumo, pero que también sufren con el dolor que no cesa de escribirse.












El dolor a la deriva: Comentario al escrito de Liliana Bosia

Beatriz García Moreno
Asociada NEL-Bogotá