miércoles, 11 de octubre de 2017

El inconsciente y el cuerpo hablante

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El inconsciente y el cuerpo hablante
por JACQUES-ALAIN MILLER
 
 
Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro, 2016
Más que como guinda del pastel, preferiría pensar el brebaje que voy a servirles como un digestivo tras los alimentos que les ha aportado este congreso[1], para abrir el apetito pensando en el de dentro de dos años. Se espera, entonces, que dé y que introduzca el tema del próximo congreso.
Pienso que ya hace treinta años, más aún, que esto dura, si se tiene en cuenta que los congresos de la AMP tomaron el relevo de lo que se llamaba Encuentros internacionales del Campo freudiano, que empezaron en 1980. De modo que aquí estamos una vez más al pie del mismo muro. Muro, se me ocurrió esta palabra, y no deja de evocar el neologismo que se burla del amor: ¿debo acaso al amuro el honor invariable que se me otorga de dar el la de la sinfonía, esa que los miembros de la AMP, nosotros, deberemos componer durante los dos próximos años antes de volver a encontrarnos? ¿Es un hecho de transferencia, transferencia remanente con aquel en quien recayó la responsabilidad de fundar nuestra asociación en aquel tiempo? Pero, como les recordaba, la responsabilidad de poner título, de dar un nombre, al menos un tema, ya la asumía yo antes, desde el primer Encuentro internacional, que tuvo lugar en Caracas en presencia de Lacan. Si hay amuro, no lo relacionaría con la función de fundador, que nada consagra en nuestros estatutos, me gustaría que fuese la de un explorador, función que yo me había asignado al titular mi curso "La orientación lacaniana".
Amuro significa sobre todo que es preciso atravesar cada vez el muro del lenguaje para tratar de ceñirnos más – no digamos a lo real – a lo que hacemos en nuestra práctica analítica. Pero en fin, mi afán ha sido orientarme en el pensamiento de Lacan y sé que lo compartimos. De hecho la Asociación Mundial de Psicoanálisis no tiene ninguna otra cohesión. Por lo menos este afán se encuentra en el origen de la agrupación que formamos, más allá de los estatutos, los mutualismos e incluso más allá de los lazos de amistad, de simpatía, que se tejen entre nosotros a lo largo de los años.
Lacan reivindicaba dignidad para su pensamiento. Porque, decía él, se esforzaba por salir de los caminos trillados. Y efectivamente este pensamiento desconcierta. Se trata, para nosotros, de seguirlo por vías inéditas. Esas vías son a menudo oscuras. Se volvieron más oscuras aún cuando Lacan se adentró en su última enseñanza. Hubiéramos podido dejarlo allí, abandonarlo. Pero nos comprometimos a seguirlo y los dos últimos congresos dan testimonio de ello.
¿Por qué nos comprometimos a seguirlo en esa difícil última rama de su enseñanza? No vamos a desestimar el gusto por el desciframiento. Lo tengo, lo tenemos, porque somos analistas. Y lo somos lo bastante como para percibir, en algunos relámpagos, aquellos que agujerean las nubes oscuras del discurso de Lacan, que consigue destacar algún relieve que nos instruye acerca de eso en lo que el psicoanálisis se convierte y que ya no es del todo conforme a lo que se pensaba que era. En su punto más extremo – nosotros no permaneceremos ahí – él llegó a soltar que la práctica analítica le parecía una práctica delirante.
El psicoanálisis cambia, lo cual no es un deseo, es un hecho, cambia en nuestros despachos de analistas y, en el fondo, este cambio es tan manifiesto para nosotros que el congreso de 2012 sobre el orden simbólico y el de este año sobre lo real llevan ambos en su título la misma mención cronológica, "en el siglo XXI". ¿Qué mejor manera de decir que tenemos la impresión de algo nuevo y, con ello, sentimos la necesidad urgente de una puesta al día?
¿Cómo no íbamos a concebir la idea de una ruptura, por ejemplo, si Freud inventó el psicoanálisis, por así decir, bajo la égida de la reina Victoria, parangón de la represión de la sexualidad, mientras que el siglo XXI conoce la difusión masiva de lo que se llama el porno y que es el coito exhibido, hecho espectáculo, show accesible para cada cual en internet con un simple clic del ratón? De Victoria al porno, no sólo hemos pasado de la interdicción al permiso, sino a la incitación, a la intrusión, a la provocación, al forzamiento. ¿Qué es el porno sino un fantasma filmado con la variedad apropiada para satisfacer los apetitos perversos en su diversidad? No hay mejor muestra de la ausencia de relación sexual en lo real que la profusión imaginaria de cuerpos entregados a darse y a aferrarse.
Es algo nuevo en la sexualidad, en su régimen social, en sus modos de aprendizaje, en los jóvenes, en las nuevas generaciones que empiezan su camino. Ahí están los masturbadores, aliviados de tener que producir ellos mismos sus sueños diurnos porque los encuentran ya hechos, ya soñados para ellos. El sexo débil, en cuanto al porno, es el masculino, cede a eso con más facilidad. ¡Cuántas veces escucha uno en análisis a hombres quejándose de las compulsiones que les obligan a observar los jugueteos pornográficos, incluso a almacenarlos en una reserva electrónica! Del otro lado, el de las esposas y amantes, no es tan frecuente la práctica como el hecho de descubrirla en el partenaire. Y entonces, depende: es considerada una traición o una diversión sin consecuencias. Esta clínica de la pornografía es del siglo XXI –sólo la menciono, pero merecería ser detallada porque es insistente y desde hace unos quince años se ha vuelto extremadamente presente en los análisis.
Pero ¿cómo no evocar respecto de esta práctica tan contemporánea lo que fue la propagación, comentada por Lacan, de los efectos del cristianismo en el arte, aquellos efectos que llevó hasta su acmé el barroco? De vuelta de Italia, tras una gira por las iglesias que Lacan llamaba bellamente una orgía, advertía en su Seminario Aun: "todo es exhibición de cuerpos que evocan el goce"[2] –este es el punto en que nos encontramos en el porno. Sin embargo, la exhibición religiosa de los cuerpos extasiados deja siempre fuera de su campo la copulación misma, del mismo modo que la copulación está fuera de campo, dice Lacan, en la realidad humana.
Curioso retorno de esta expresión, "realidad humana". La misma que usó el primer traductor de Heidegger al francés para expresar el Dasein. Pero ya hace mucho que le cortamos a este Dasein la vía del dejar ser. En la era de la técnica, la copulación ya no sigue confinada en lo privado, alimentando las fantasías particulares de cada cual, ahora se ha reintegrado al campo de la representación, elevada esta última a una escala de masas.
Todavía hay que destacar una segunda diferencia entre el porno y el barroco. Tal como lo definió Lacan, el barroco aspiraría a la regulación del alma mediante la visión de los cuerpos, la escopia corporal. No hay nada semejante en el porno, ninguna regulación, más bien una perpetua infracción. La escopia corporal funciona en el porno como provocación a un goce destinado a saciarse en la modalidad del plus de gozar, modo transgresivo respecto a la regulación homeostática y precario en su realización silenciosa y solitaria. Por lo común, la ceremonia, a un lado y otro de la pantalla, se lleva a cabo sin palabras, aunque con suspiros o la imitación de los gritos del placer. La adoración del falo, secreto de los misterios antaño, sigue siendo un episodio central – salvo en el porno lesbiano – aunque ahora banalizado.
Sin duda, la difusión planetaria de la pornografía mediante la red tiene efectos cuyos testimonios recibe el psicoanalista. ¿Qué dice, qué representa la omnipresencia del porno a comienzos de este siglo? Que la relación sexual no existe, ninguna otra cosa. Esto es lo que retransmite, en cierto modo celebra, este espectáculo incesante y siempre disponible. Porque sólo esta ausencia es capaz de dar cuenta de tal entusiasmo, cuyas consecuencias ya tenemos que observar en las costumbres de las jóvenes generaciones en cuanto al estilo de las relaciones sexuales: desencanto, brutalización, banalización. La furia copulatoria alcanza en la pornografía un cero de sentido que hace pensar a los lectores de la Fenomenología del espíritu en lo que Hegel, frente al terror, dice de la muerte infligida por la libertad universal, o sea, que es "la muerte más fría y más insulsa, sin otra significación que la de cortar una cabeza de col o la de beber un sorbo de agua"[3]. La copulación pornográfica tiene la misma vacuidad semántica.
¡La relación sexual no existe! Hay que escuchar esta sentencia con el acento de Plutarco cuando relata – es el único que lo hace en la Antigüedad – la sentencia fatal que resuena sobre el mar: ¡El gran Pan ha muerto! Este episodio figura en el diálogo titulado "Sobre la desaparición de los oráculos", que en su día evoqué en mi curso[4]. La sentencia resuena como el último oráculo, que anuncia que tras él ya no habrá más oráculos, como el oráculo que anuncia que los oráculos han desaparecido. De hecho en aquella época, bajo Tiberio, en todo el territorio del imperio romano, los santuarios, a donde antaño acudía el gentío a solicitar y recoger los oráculos, sufrieron una creciente desafección. Una mutación invisible que avanzaba por las profundidades del gusto cerraba la boca a los oráculos inspirados por los demonios de la mántica –digo demonios no porque fueran malos, sino porque se llamaba demonios a seres intermedios entre los dioses y los hombres, y sin duda la figura de Pan los representaba.
Nosotros, por nuestra parte, por fuerza tenemos que ser sensibles al destino de los oráculos y al hecho de que un día, en efecto, se eclipsaron en una zona donde antes se los buscaba con ansia, en la medida en que nuestra práctica de la interpretación, como solemos decir, es oracular. Pero nuestro oráculo es, precisamente, el dicho de Lacan sobre la relación sexual. Y nos permite – Lacan lo formuló mucho antes del advenimiento de la pornografía electrónica de la que hablo – poner en su sitio el hecho de la pornografía. Ésta no es – ¡quién podría pensarlo! – la solución de los callejones sin salida de la sexualidad. Es síntoma de este imperio de la técnica que extiende ahora su reinado sobre las civilizaciones más diversas del planeta, hasta las más reacias. No se trata de rendir las armas ante este síntoma y otros con el mismo origen. Exigen del psicoanálisis interpretación.
¿Podría ser que este excurso sobre la pornografía nos conduzca al título del próximo congreso? En su día revelé, en uno de estos congresos – y Leonardo Gorostiza lo recordó – la disciplina a la que había optado por ceñirme en la elección del tema para la AMP. Van de tres en tres, dije, y cada uno destaca una de las tres categorías de Lacan cuyas iniciales son R.S.I. Tras "El orden simbólico..." y "Un real" cabría esperar entonces, como lo habían deducido perfectamente Leonardo Gorostiza y otros, que lo imaginario ocupara el primer plano. ¿Bajo qué forma podría hacerlo sino a título del cuerpo, ya que en Lacan se encuentra formulada esta equivalencia: lo imaginario, es el cuerpo. Equivalencia que no es aislada, el conjunto de su enseñanza testimonia a favor de ella.
En primer lugar, el cuerpo aparece allí como imagen, imagen en el espejo, de modo que otorga al yo un estatuto que se diferencia singularmente del que Freud le reconocía en su segunda tópica. En segundo lugar, es también mediante un juego de imágenes como Lacan ilustra la articulación que prevalece entre el Ideal del yo y el yo ideal, cuyos términos toma de Freud pero para formalizarlos de un modo inédito. Esta afinidad del cuerpo y de lo imaginario también se reafirma en su enseñanza de los nudos. La construcción borromea acentúa que como el cuerpo participa primero en la economía del goce es a través de su imagen. En cuarto lugar, más allá de esto, el cuerpo condiciona todo aquello que el registro imaginario aloja de representaciones: significado, sentido y significación, y la propia imagen del mundo. Es en el cuerpo imaginario donde las palabras de la lengua hacen entrar las representaciones, que nos constituyen un mundo ilusorio a partir del modelo de la unidad del cuerpo. Todo esto son razones a favor de que, para el próximo congreso, hagamos variar el tema del cuerpo en la dimensión de lo imaginario.
Casi me había adherido a esta idea cuando me di cuenta de que el cuerpo cambia de registro como cuerpo hablante. ¿Qué es el cuerpo hablante? Ah, es un misterio[5], dijo un día Lacan. Este dicho de Lacan merece tanto más nuestra atención cuanto que misterio no es matema, es incluso lo opuesto. En Descartes, lo que constituye un misterio pero sigue siendo indudable es la unión del alma y el cuerpo. A ella se consagra la "Sexta meditación" y esta, por sí sola, movilizó el ingenio de su más eminente comentarista tanto como las cinco anteriores. Dicha unión, en lo concerniente a mi cuerpo, meum corpus, vale como tercera substancia entre substancia pensada y substancia extensa. Dice Descartes – la cita es famosa –, "yo no sólo estoy [en este cuerpo] como un piloto en su navío, sino que además le estoy tan íntimamente unido y como mezclado con él, que es como si formásemos una sola cosa"[6]. Como se sabe, la duda llamada hiperbólica figurada por la hipótesis del genio maligno deja a salvo el cogito y nos entrega su certeza, como un resto, que resiste incluso a la duda más amplia que se pueda concebir. Lo que es menos conocido es que después, en esta sexta meditación precisamente, se descubre que la duda también dejaba a salvo la unión del pienso con el cuerpo[7], el que se distingue entre todos ellos por ser el cuerpo de este yo pienso.
Sin duda, para darse cuenta hay que prolongar el arco de este après-coup hasta Husserl y sus Meditaciones cartesianas. En ellas distingue, con una expresión preciosa, los cuerpos físicos, por un lado, entre los cuales están los cuerpos de mis semejantes, y por otro lado mi cuerpo. Y para mi cuerpo, introduce un término especial. Escribe: encuentro en una caracterización singular mi carne, meinen Leib, o sea, lo que no es un simple cuerpo sino una carne, el único objeto dentro de mi capa abstracta de la experiencia al que asigno un campo de sensación a la medida de la experiencia[8]. El término precioso es el de carne, que se distingue de lo que son los cuerpos físicos. Husserl entiende por carne lo que Descartes veía como la unión del alma y el cuerpo.
Sin duda, esta carne queda borrada en el Dasein heideggeriano, pero alimentó la reflexión de Merleau-Ponty en su obra inacabada Lo visible y lo invisible[9], libro al que Lacan consagró cierta atención en el seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis[10]. Allí no muestra interés por este vocablo, carne, pero sin embargo lo retoma cuando se refiere a la carne que lleva la huella del signo. El signo recorta la carne, la desvitaliza y la cadaveriza, y entonces el cuerpo se separa de ella. En la distinción entre el cuerpo y la carne, el cuerpo se muestra apto para figurar, como superficie de inscripción, el lugar del Otro del significante. Para nosotros el misterio cartesiano de la unión psicosomática se desplaza. Lo que constituye un misterio, pero aun así es indudable, es lo que resulta del dominio de lo simbólico sobre el cuerpo. Por decirlo en términos cartesianos, el misterio es más bien el de la unión de la palabra y el cuerpo. De este hecho de experiencia se puede decir que es del registro de lo real.
En este punto es cuando conviene dar su lugar al hecho de que la última enseñanza de Lacan propone un nombre nuevo para el inconsciente. Hay una palabra para decirlo. No podemos tomarla para el congreso, esta palabra, porque es un neologismo. No se traduce. Si se remiten ustedes al texto titulado "Televisión"[11], verán que interpelo a Lacan acerca de la palabra inconsciente. Le digo, simplemente: "El inconsciente, ¡que palabra tan rara!", porque a mí ya me parecía que no era un término que pegara mucho con el punto en que se encontraba de su doctrina. Él responde a mi pregunta – ya lo verán, lo han visto ya, lo saben – desestimándola: "Freud no encontró ninguna mejor, no hay que darle vueltas". De modo que admite que esta palabra es imperfecta y desiste de toda tentativa de cambiarlo. Pero dos años más tarde había cambiado de opinión, si damos crédito a su texto "Joyce el Síntoma"[12], donde propone el neologismo que les decía, del cual profetiza que reemplazará a la palabra freudiana inconsciente, el parlêtre.
Propongo que sea esta operación la que nos brinde nuestra brújula para el próximo congreso. Esta metáfora, la sustitución del inconsciente freudiano por el parlêtre lacaniano fija un destello. Propongo tomarla como índice de lo que cambia en el psicoanálisis en el siglo XXI, cuando debe tener en cuenta otro orden simbólico y otro real, distintos de aquellos sobre los cuales se había establecido.
El psicoanálisis cambia, es un hecho. Cambió, advertía Lacan maliciosamente, porque primero fue practicado en solitario por Freud y luego pasó a practicarse en pareja. Pero ha conocido muchos otros cambios, cuya medida tomamos cuando leemos a Freud, incluso cuando leemos, releemos, al primer Lacan. Cambia de hecho, a pesar de que nosotros nos aferramos a palabras y a esquemas antiguos. Supone un esfuerzo continuo permanecer lo más cerca de la experiencia para decirla, sin aplastarse contra el muro del lenguaje. Para ayudarnos a franquearlo, el muro, necesitamos un (a)muro[13], quiero decir una palabra agalmática que perfore ese muro. Y tal palabra, la encuentro en el parlêtre.
Esto no figurará en el cartel del próximo congreso, pero se tratará del parlêtreen tanto que sustituye al inconsciente, en la medida que analizar al parlêtre ya no es lo mismo que analizar el inconsciente en el sentido de Freud, ni siquiera el inconsciente estructurado como un lenguaje. Diría, incluso: apostemos porque analizar al parlêtre es lo que ya hacemos, y que tenemos pendiente saber decirlo.
Aprendemos a decirlo. Por ejemplo, cuando hablamos del síntoma como de un sinthome. He aquí una palabra, un concepto, que es de la época del parlêtre. Traduce un desplazamiento del concepto de síntoma del inconsciente al parlêtre. Como ustedes saben, el síntoma como formación del inconsciente estructurado como un lenguaje es una metáfora, un efecto de sentido, inducido por la sustitución de un significante por otro. Por el contrario, el sinthome de un parlêtre es un acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce. Por otra parte, nada indica que el cuerpo del que se trata sea el propio. Si se es una mujer, se puede ser el síntoma de otro cuerpo. Hay histeria cuando hay síntoma de síntoma, cuando alguien se vuelve síntoma del síntoma de otro, es decir, un síntoma en segundo grado. El síntoma del parlêtre sigue por esclarecer, sin duda, en relación con los tipos clínicos – no hago más que mencionar, tras los pasos de Lacan, lo concerniente a la histeria.
No lo vamos a lograr olvidando la estructura del síntoma del inconsciente, del mismo modo que la segunda tópica de Freud no anula a la primera, sino que la tiene en cuenta. Del mismo modo, Lacan no vino a borrar a Freud, sino a prolongarlo. Los reajustes de su enseñanza se llevan a cabo sin desgarros utilizando los recursos de una topología conceptual que asegura la continuidad sin imposibilitar la renovación. Así, de Freud a Lacan, diremos que el mecanismo de la represión nos es explicitado por la metáfora, así como, del inconsciente al parlêtre, la metáfora nos da el envoltorio formal del acontecimiento de cuerpo. La represión explicitada por la metáfora es un cifrado, y la operación de este cifrado trabaja para el goce que afecta al cuerpo. Nuestra reflexión se va tejiendo con un zurcido de piezas diversas de épocas diferentes, tomadas de Freud y de Lacan, y no tenemos por qué renunciar a llevar a cabo este zurcido para ir ajustando el psicoanálisis al siglo XXI.
Señalaré aquí otro vocablo – después de sinthome – que es de la época del parlêtre y que pondré junto al sinthome. Es una palabra que también obliga a proceder a una nueva clasificación de las nociones que nos son familiares. La palabra que pongo junto a sinthome es escabeau, que tomo de "Joyce el Síntoma"[14] – en español es escabel. El escabel no es la escalera – es más pequeño que una escalera – pero hay peldaños. ¿Qué es el escabel? – me refiero al escabel psicoanalítico, no sólo al que se necesita para alcanzar libros en una biblioteca. Es, en términos generales, aquello sobre lo que se alza el parlêtre, se sube para ponerse guapo. Es su pedestal, que le permite elevarse, él mismo, a la dignidad de la Cosa[15]. [Mostrando el pequeño atril de la tribuna] Esto, por ejemplo, es un pequeño escabel para mí.
El escabel es un concepto transversal. Traduce de un modo figurado la sublimación freudiana, pero en su entrecruzamiento con el narcisismo. He aquí un acercamiento que es propiamente de la época del parlêtre. El escabel es la sublimación, pero en tanto que fundada en el yo no pienso original del parlêtre. ¿Qué es este yo no pienso? Es la negación del inconsciente mediante la cual el parlêtre se cree amo de su ser. Y a esto, con su escabel, le añade que se cree un amo bello. Lo que se llama la cultura no es sino la reserva de los escabeles, a donde uno va a buscar con qué darse importancia y vanagloriarse.
Como ejemplo de estas categorías que parecen ir brotando y que necesitamos, me decía que podría ensayar una comparación entre el sinthome y el escabel. ¿Quién fomenta el escabel? El parlêtre, en su lado de goce de la palabra. Es este goce de la palabra el que da a luz los grandes ideales del Bien, de lo Verdadero y de lo Bello. El sinthome, en cambio, como síntoma del parlêtre, depende por su parte del cuerpo del parlêtre. El síntoma surge de la marca que excava la palabra cuando adquiere el giro del decir y produce acontecimiento en el cuerpo. El escabel está del lado del goce de la palabra que incluye el sentido. Por el contrario, el goce propio del sinthome excluye el sentido.
Si Lacan se apasionó por James Joyce y especialmente por su obra Finnegans Wake, es por la hazaña – o la farsa – que representa haber sabido hacer converger el síntoma con el escabel. Exactamente, Joyce hizo del síntoma mismo, como fuera de sentido, como ininteligible, el escabel de su arte. Creó una literatura cuyo goce es tan opaco como el del síntoma, y que no por ello deja de ser un objeto de arte, elevado sobre el escabel a la dignidad de la Cosa. Podemos preguntarnos si la música, la pintura, las bellas artes, han tenido su Joyce. Quizás lo que corresponde a Joyce en el registro de la música sea la composición atonal, inaugurada por Schoenberg, de quien hemos oído hablar antes un poco[16]. Y en cuanto a lo que se llamaba las Bellas Artes, el iniciador fue quizás un tal Marcel Duchamp. Joyce, Schoenberg, Duchamp, son fabricantes de escabeles destinados a hacer arte con el síntoma, con el goce opaco del síntoma. A duras penas podríamos emitir un juicio sobre el escabel-síntoma a conveniencia de la clínica. Más bien debería servirnos de enseñanza.
Pero díganme, ¿hacer de tu síntoma un escabel, no se trata de eso precisamente en el pase, donde se vale uno de su síntoma y de su goce opaco? Analizarse es trabajar en la castración del escabel para revelar el goce opaco del síntoma. Pero hacer el pase es valerse del síntoma, limpiado de este modo, para hacerse con él un escabel, ante los aplausos del grupo analítico. Por decirlo en términos freudianos, es evidentemente un hecho de sublimación y los aplausos no son en absoluto accesorios. El momento en que la asistencia está satisfecha forma parte del pase. Se puede decir incluso que es ahí donde el pase se consuma. Entregar al público los relatos del pase, eso nunca se hizo en la época de Lacan. La operación permanecía enterrada en las profundidades de la institución, sólo era conocida por un número reducido de iniciados – el pase era un asunto para menos de diez personas. Digámoslo: yo inventé llevar a cabo una mostración pública de los pases porque sabía, pensaba, creía, que estaba en juego la esencia misma del pase.
Los escabeles están ahí para producir belleza, porque la belleza es la defensa última contra lo real. Pero una vez derribados los escabeles, una vez quemados, el parlêtre analizado todavía tiene que demostrar su saber hacer con lo real, su saber hacer con él un objeto de arte, su saber decir, su saber decirlo bien. Y esto es lo que da el inicio, el tomar la palabra al que es invitado. El acontecimiento de pase no es la nominación, decisión de un colectivo de expertos. El acontecimiento de pase es el decir de uno solo, Analista de la Escuela, cuando pone en orden su experiencia, cuando la interpreta en beneficio de cualquiera que acuda a un congreso que se trata de seducir y de inflamar – algo que se ha puesto a prueba, ampliamente, durante este último congreso.
Un decir es un modo de la palabra que se distingue por constituir un acontecimiento. Freud distinguía entre los modos de la conciencia: consciente, preconsciente, inconsciente. Para nosotros, si hay que distinguir modos no es en la conciencia, sino modos de la palabra. En términos de retórica, hay la metáfora y la metonimia; en términos de lógica, lo modal y lo apofántico, lo afirmativo, incluso lo imperativo; y en la perspectiva estilística, está el cliché, el proverbio, el estribillo, y de la palabra depende la escritura... Pues bien, el inconsciente, cuando es conceptualizado a partir de la palabra y no ya a partir de la conciencia, lleva un nombre nuevo: el parlêtre. El ser en cuestión no precede a la palabra. Por el contrario, es la palabra la que le otorga el ser a este animal por un efecto retroactivo (après coup) y desde entonces su cuerpo se separa de este ser para pasar al registro del tener. El cuerpo, el parlêtre no lo es, lo tiene[17].
El parlêtre tiene que vérselas con su cuerpo en tanto que imaginario, así como tiene que vérselas con lo simbólico. Y el tercer término, lo real, es el complejo o el implexo[18] de los otros dos. El cuerpo hablante, con sus dos goces, goce de la palabra y goce del cuerpo, el uno que conduce al escabel, el otro que sostiene el sinthome. Hay en el parlêtre al mismo tiempo goce del cuerpo y también goce que se deporta fuera del cuerpo, goce de la palabra que Lacan identifica, con audacia y con lógica, con el goce fálico en tanto que este es disarmónico con el cuerpo. El cuerpo hablante goza, pues, en dos registros: por una parte goza de sí mismo, se afecta de goce[19], se goza – empleo reflexivo del verbo –, por otra parte, un órgano de este cuerpo se distingue por gozar por sí mismo, condensa y aísla un goce aparte que se reparte entre los objetos a. Es en este sentido que el cuerpo hablante está dividido en cuanto a su goce. No es unitario como lo imaginario lo hace creer. Por ello es preciso que el goce fálico se separe en lo imaginario en la operación que se llama la castración.
El cuerpo hablante habla en términos de pulsiones. Esto autorizaba a Lacan a presentar la pulsión siguiendo el modelo de una cadena significante. Prosiguió por la vía de este desdoblamiento en su lógica del fantasma, en la que separó el Ello y el inconsciente. Pero el concepto del cuerpo hablante, por el contrario, está en la juntura del Ello y el inconsciente. Nos recuerda que las cadenas significantes que desciframos a la freudiana están conectadas al cuerpo y que están hechas de substancia gozante. Freud decía del Ello que era la gran reserva de la libido, este dicho se traslada al cuerpo hablante que es como tal substancia gozante. Es del cuerpo de donde son tomados los objetos a; en el cuerpo es donde se extrae el goce para el que trabaja el inconsciente[20].
De la teoría de las pulsiones, Freud llegó a decir que era una mitología. Lo que no es un mito, por el contrario, es el goce. El aparato psíquico, Freud lo llama, en el capítulo VII de Die Traumdeutung, una ficción. Lo que no es una ficción es el cuerpo hablante. En el cuerpo es donde encontraba Freud el principio de su ficción del aparato psíquico. Éste está construido a partir del arco reflejo, como proceso regulado para mantener lo más baja posible la cantidad de excitación. El aparato psíquico estructurado como el arco reflejo, Lacan lo sustituyó por el inconsciente estructurado como un lenguaje. No estímulo-respuesta, sino significante-significado. Sólo que – esto es una expresión de Lacan que ya he destacado y explicado – dicho lenguaje es una elucubración de saber sobre lalengua[21], lalengua del cuerpo hablante. De ello se sigue que el inconsciente mismo es una elucubración de saber sobre el cuerpo hablante, sobre el parlêtre.
¿Qué es una elucubración de saber? Es una articulación de semblantes que se desprenden de un real y a la vez lo atrapan. La mutación principal que afectó al orden simbólico en el siglo XXI es que ahora es muy generalmente concebido como una articulación de semblantes. Las categorías tradicionales que organizan la existencia pasan al rango de simples construcciones sociales, condenadas a la deconstrucción. No es sólo que los semblantes vacilen, sino que son reconocidos como semblantes. Y mediante un curioso entrecruzamiento, es el psicoanálisis el que, con Lacan, restituye el otro término de la polaridad conceptual: no todo es semblante, hay un real.
Lo real del vínculo social es la inexistencia de la relación sexual. Lo real del inconsciente es el cuerpo hablante. Cuando el orden simbólico era concebido como un saber que regula lo real y le impone su ley, la clínica estaba dominada por la oposición entre neurosis y psicosis. Ahora el orden simbólico es reconocido como un sistema de semblantes que no manda sobre lo real sino que le está subordinado. Un sistema que responde a lo real de la relación sexual que no hay.
De ello se sigue, si puedo decirlo así, una declaración de igualdad clínica fundamental entre los parlêtres. Los parlêtres están condenados a la debilidad mental por lo mental mismo, precisamente por lo imaginario como imaginario de cuerpo e imaginario de sentido. Lo simbólico imprime en el cuerpo imaginario representaciones semánticas con las que el cuerpo hablante teje y separa. Por eso su debilidad consagra al cuerpo hablante como tal al delirio. Uno se pregunta cómo alguien que fue analizado podría imaginarse todavía que es normal.
En la economía del goce, un significante amo vale lo mismo que otro cualquiera. De la debilidad al delirio, la consecuencia es buena[22]. La única vía que se abre más allá es, para el parlêtre, hacerse incauto de un real, es decir, montar un discurso en el que los semblantes atrapen un real, un real en el que creer sin comulgar con él[23], un real que no tiene sentido, indiferente al sentido y que no puede ser distinto de lo que es. La debilidad, por el contrario, es el embaucamiento de lo posible. Ser incauto de un real – lo que yo alabo – es la única lucidez al alcance del cuerpo hablante para orientarse. Debilidad – delirio – embaucamiento, tal es la trilogía de hierro que hace resonar el nudo de lo imaginario, de lo simbólico y de lo real.
Antes se hablaba de las indicaciones de análisis. Se evaluaba si determinada estructura se prestaba al análisis y se indicaba cómo negar el análisis a quien lo pedía por falta de indicaciones. En la época del parlêtre, digamos la verdad, se analiza a cualquiera. Analizar al parlêtre exige jugar una partida entre delirio, debilidad y embaucamiento. Es dirigir un delirio de tal modo que su debilidad ceda al embaucamiento de lo real. Freud se las tenía aún con lo que llamaba la represión. Y en los relatos de pase hemos podido constatar hasta qué punto esta categoría se usa poco ahora. En efecto, hay rememoraciones, pero nada prueba su autenticidad.Ninguna es final. El llamado retorno de lo reprimido siempre se ve arrastrado por el flujo del parlêtre,en el que la verdad revela ser incesantemente mentirosa. En el lugar de la represión, el análisis del parlêtre instala la verdad mentirosa, que resulta de lo que Freud reconoció como la represión originaria. Y esto significa que la verdad es intrínsecamente de la misma esencia que la mentira. El proton pseudos es también la falsificación final. Lo que no miente es el goce, el o los goces del cuerpo hablante.
La interpretación no es un fragmento de construcción que apunta a un elemento aislado de la represión, como pretendía Freud. No es la elucubración de un saber. Tampoco es un efecto de verdad absorbido enseguida por la sucesión de las mentiras. La interpretación es un decir que apunta al cuerpo hablante, y para producir un acontecimiento, para llegar a las tripas, decía Lacan – eso no se anticipa, sino que se verifica con efecto retroactivo (après coup), porque el efecto de goce es incalculable. Todo lo que el análisis puede hacer es concordar con la pulsación del cuerpo hablante para insinuarse en el síntoma. Cuando se analiza el inconsciente, el sentido de la interpretación es la verdad. Cuando se analiza el parlêtre, el cuerpo hablante, el sentido de la interpretación es el goce. Este desplazamiento de la verdad al goce da la medida de aquello en lo que se convierte la práctica analítica en la era del parlêtre.
Por eso propongo, para el próximo congreso, que nos reunamos bajo esta enseña: "El inconsciente y el cuerpo hablante". Es un misterio, decía Lacan. Nosotros trataremos de penetrarlo y esclarecerlo. ¿Qué ciudad nos sería más propicia que Río de Janeiro? Bajo el nombre de Pan de Azúcar, tiene por emblema el más magnífico de los escabeles.
Gracias.
[Versión establecida por Anne-Charlotte Gauthier, Ève Miller-Rose et Guy Briole. Texto oral, no revisado por el autor. Traducción de Enric Berenguer y Dora G. Saroka]
Versión del 8 de octubre 2014.
 

Versión en idioma original: L'inconscient et le corps parlant (Francés)
 
N O T A S
1- Conferencia pronunciada por Jacques-Alain Miller en la clausura del IX Congreso de la Asociación mundial de psicoanálisis (amp) el 17 de abril del 2014, en París, presentando el tema de su X Congreso.
2- Lacan J., El Seminario, libro 20, Aun, Buenos Aires, Paidós, 1981, pág. 137-138.
3- Hegel G.W.F., Fenomenología del espíritu, México, FCE, 1966, traducción de Wenceslao Roces, pág 347.
4- Cf. Miller J.-A. "., "La orientación lacaniana, Un esfuerzo de poesía", lección del 13 de noviembre de 2002, inédito.
5- Lacan J., El Seminario, libro 20, Aun, op. cit., pág. 158.
6- Descartes, R., "Meditación sexta" in: Meditaciones metafísicas, Madrid, Alfaguara, 1977, traducción de Vidal Peña, pág. 47.
7- Ibid., pág. 52.
8- Edmund Husserl, Meditaciones cartesianas.
9- Maurice Merleau-Ponty, Lo visible y lo invisible, Barcelona, Seix Barral, 1970, pág. 174.
10- Lacan, J., El Seminario, libro XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1987, pág. 100.
11- Lacan J., "Televisión", Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 537.
12- Lacan J., "Joyce el Síntoma", Ibid., p. 594. Sobre este punto, remitirse también a El Seminario, libro 23, Le sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p. 56: "el sujeto que tiene su soporte en el parlêtre , que es eso que designo como el insconciente".
13- Lacan J., Hablo a las paredes, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 114.
14- Lacan J., "Joyce el Síntoma", Otros escritos, op. cit., p. 591-595.
15- Lacan J., El Seminario, libro 7, La ética del psycoanalisis, Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 138.
16- Cf. Masson D., « Impromptu. Los caminos de lo real en música », intervención en el IXo Congreso de la amp, Paris, 17 de abril de 2014, inédito – disponible en audio en el site radiolacan.com y en video: congresamp2014.com.
17- Lacan J., El Seminario, libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p.151.
18- Nota de T.: En francés, "implexe": conjunto complejo que resulta de la combinación de elementos heterogéneos [Le Robert].
19- Nota de T.: En francés, "s'affecte de jouissance". "S'affecter de: ser sensible a algo, afectarle algo a uno" [Le Robert].
20- Nota de T.: En este pasaje, la preposición utilizada repetidamente en francés es sur ("branchées sur le corps", "ce dit se déporte sur le corps", "c'est sur le corps que sont prélevés les objets a"), en oposición a dans ("c'est dans le corps qu'est puisée la jouissance"). No hay correspondencia clara con las preposiciones en español, aquí más ambiguas.
21- Lacan J., El Seminario, libro 20, Aun, op. cit., pág. 167.
22- Nota de T.: cf. René Descartes, en su respuesta a una objeción del jesuita Bourdin ("du connaître à l'être, la conséquence n'est pas bonne"), escribe: "Du connaître à l'être la conséquence est bonne" ("Réponses aux septièmes objections", Adolphe Garnier (Ed.) Oeuvres philosophiques de Descartes, Tomo II, Hachette, 1834, pág. 470.
23- Nota de T.: "sans y adhèrer".










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TDAH

«El TDAH es un invento».J.K. Freud

PAUTAS DE ACTUACIÓN DE LOS DOCENTES ANTE EL TDHA. 
 El niño/a hiperactivo no tiene un comportamiento extravagante, extraño o inusual durante la infancia. Mantiene conductas conflictivas sólo por su frecuencia, intensidad y la inoportunidad del momento en el que ocurren. Estos niños/as tienen dificultad para controlar su conducta en presencia de otros y les resulta más fácil cuando están solos. No todos los niños/as hiperactivos mantienen las mismas características que a continuación se describen pero las dificultades de atención, impulsividad e hiperactividad son rasgos comunes que presentan todos los niños/as
Un buen tratamiento, aplicado desde muy temprana edad en niños con TDAH, puede evitar los déficits en las capacidades afectadas por el trastorno y en el proceso de aprendizaje, que interfieren en la maduración del niño/a. En la mayor parte de los casos “dependiendo del tiempo de evolución del trastorno sin tratamiento”, se pueden evitar las limitaciones en el rendimiento escolar, en la percepción de sí mismo y del entorno, el desarrollo de la competencia social y otros trastornos asociados.
ELpsicoanálisis infantil asegura que a los niños se les hipermedicaliza con la «pastillita de portarse bien»
Los psicoanalistas creemos que  se puede ayudar a la gente a pensar de otro modo, a cambiar dinámicas establecidas, y algo muy importante, a prevenir... «No todo es enfermedad mental». Desde luego, lo que no lo es, es el Trastorno por Déficit de Atención. «El TDAH no existe”, no es un trastorno neurológico, es un invento de esta sociedad de la inmediatez en la que vivimos, y qe nos lleva a la hipermedicalización de niños que son más movidos», asegura.
J. K. Freud comparte su experiencia de más de treinta años ayudando a padres e hijos a superar sus problemas, y e invita a sus pacientes a tomarse un tiempo para reflexionar sobre la paternidad. «La vida es un camino de la dependencia total a la independencia total. Y para lograrlo, es fundamental el papel que desempeñan papá y mamá», advierte.
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"El TDA no existe, no". De hecho Leon Eisenberg, la persona que describió el trastorno de déficit de atención con hiperactividad por primera vez, dijo aDer Spiegel, meses antes de morir que éste era «un excelente ejemplo de un trastorno inventado» y que «la predisposición genética para el TDA está completamente sobrevalorada». Lo que es preocupante de la sociedad actual es que se considera que las cosas cuanto más rápidas sean, mejor. Es decir, si el niño se porta mal en la escuela y se mueve mucho, enseguida le dan la «pastillita de portarse bien». En lugar de actuar, llevarlo a  un terapeuta, inmediatamente se hipermedicaliza, tapando el síntoma. ¿Se ha intentado averiguar por qué ese niño se mueve, no está quieto, y no es capaz de prestar atención...? ¿Alguien se ha parado a averiguar si hay problemas en casa? ¿si está angustiado por algo? ¿si resulta que se mueve mucho porque intenta captar la atención de papá y mamá, o del maestro, o de los educadores en general? No, le hemos dado la pastilla y ya está. Además estamos creando en los niños una costumbre peligrosísima. Me refiero a la costumbre de que, frente a un conflicto, en lugar de tratar de pensar de donde viene, y qué solución tiene, en vez de encontrar algo en la dinámica personal y familiar de esa persona que nos ayude, se recurre a un elemento externo, una droga —el metilfenidato en el caso del TDA—, para conseguir unas determinadas conductas. Insisto, estamos enfrentándonos a una preocupante medicalización 


de la sociedad.
Pero el TDA cada vez está más diagnosticado.
En mi época los niños también se movían, pero como no existía el metilfenidato, no había TDA... Si usted viera las preguntas del cuestionario —que está de moda en todo el mundo— y que utilizan los padres y maestros para detectar el supuesto trastorno se sorprendería. Hay que responder a unas preguntas que al final lo que hacen es definir la infancia en sí misma. ¿Se mueve? A menudo, con frecuencia, bastante... esto es muy subjetivo. Los padres y los maestros están preparados para muchas cosas, pero no para diagnosticar esto. Para eso estamos los psicoterapeutas.
La recomendación es desde luego, no hipermedicalizar para tapar o no hablar del problema. Y preguntarse ¿qué está fallando?, ¿qué está pasando con la educación actualmente que hace que los niños no presten atención? Porque la atención es un don que se presta. Pues juguemos con la palabra atención. Si tu das atención, es porque ese alguien te merece respeto. En la infancia, ese respecto viene dado por la familia. ¿Que está pasando en una sociedad en la que el papá va al colegio a amenazar al profesor de quinto porque le ha puesto un cuatro a su hijo? ¿Cómo queda de desprestigiado ese maestro a los ojos de ese niño? Con ese padre beligerante que llamó inepto al profesor... ¿le podemos pedir al niño que esté atento en clase? Los niños que van a escuelas respetadas por sus padres tienen menos problemas para prestar atención. También hay una relación directa entre eso y lo que pasa en casa con la obediencia. Si el niño ve que hay un papá y una mamá que se respetan, que se quieren, que se apoyan mutuamente, entonces el niño obedecerá y aceptará los límites.
Y si no lo hace, ¿qué pueden hacer los padres para que el niño obedezca?
—Voy a poner un ejemplo muy claro. Llega el momento de la cena donde el niño dice «no quiero comer esto» y el papá dice «termínatelo». ¿Que no quiere? Se le retira el plato, y se le manda a la cama. Esa es una actitud excelente del padre. Pero entonces llega la mamá al cuarto del niño y le dice «toma esto, que papá está muy nervioso», y le da un yogur con galletas... «Pobrecito, así come». En ese momento, muy inconscientemente, está desautorizando a su propio marido, desacreditando la función paterna del padre del niño, y además haciendo que se niño se vuelva caprichoso con la comida y con todo. Yo siempre digo a los padres cuando me consultan: «Nunca amenaces a tu hijo con algo que no vas a cumplir y que luego te desacredite».
Es muy importante que los dos vayan en la misma dirección, pero a veces no es fácil, ni en la familia más feliz y compenetrada del mundo.
Por supuesto, pero si la pareja hace algo que no es correcto, podemos y debemos acudir a su rescate. Nunca desautorizarle. Es muy recomendable llegar a pactos de los cuales los niños no tienen ni por qué enterarse. El Estado Mayor conjunto tiene que tener reuniones en secreto para llegar a acuerdos que el soldado raso tiene que obedecer.
El otro error está en querer convertirnos en amigos de nuestros hijos.
Sí. Estamos convirtiéndonos en la sociedad de la indiferencia generacional. Estos padres que te dicen «es que a mí me gustaría ser amigo de mis hijos». Mire, no. Usted es padre (o madre) de los niños, y ellos ya tendrán amigos a lo largo de toda su vida. Esto que parece una tontería... no lo es. A los padres hay que obedecerles y esa división generacional está para algo.
¿Qué podemos hacer cuando el niño reta a la figura del padre?
Los niños que son queridos y respetados en su función de niños no tienen por qué retar al padre, a no ser en una época muy determinada de la vida en la que el desarrollo psicológico sano de todo niño pasa por el hecho de enfrentarse al padre para buscar su propia independencia. Pero ahí donde hay un niño dispuesto a enfrentarse al padre tiene que haber un padre dispuesto a decirle «no, por aquí no paso». Lo que nos estamos encontrando es que hay padres muy débiles, que se autorizan poco a ser padres.
Límites, límites, límites...
—Hay que poner límites a la voracidad infantil. Y hay que empezar desde que se le da el pecho al niño. Llega un momento en el que hay que pasar a la papilla, porque es bueno en el desarrollo de todo niño la introducción de nuevas comidas que no tengan que ver con la leche materna. A mí me ha pasado en la consulta tener que tratar a un niño de cinco años totalmente inquieto que tomaba pecho de pie. Como el nervioso que se fuma un cigarrillo. ¿Quien es responsable de la inquietud de ese niño? «Es que no sé cómo destetarlo», decía la madre. Señora, diga ¡se acabó! Lo mismo pasa con el chupete. Tireló. El niño llorará tres días, en los que usted se tendrá que armar de paciencia, de aguante. Cante todo el cancionero popular español, extranjero y del más allá, cuéntele cuentos, juegue con él, pero digalé chupetes no, pecho no... Ponga límites. Poner límites es importante para el desarrollo y evolución del ser humano, para la contención del psiquismo.
Llama mucho la atención que se realice psicoanálisis infantil. 
¿Cómo se aborda una consulta cuando el paciente es un niño, y no se le puede sentar en un diván?
Un niño enfermo psicológicamente hablando es un niño que no juega, entre otras cosas. El trabajo del psicoterapeuta es encontrar el por qué, y encontrar las pistas para deshacer los nudos que han quedado mal hechos. Es decir, la meta en psicoterapia es que el niño juegue, porque el juego es por sí solo es terapéutico. El problema lo tienen los niños que no pueden jugar por algún conflicto... El juego le permitirá elaborar positivamente cosas que vive pasivamente. Al jugar, lo puede actuar, elaborar, tramitar, digerir y metabolizar... es una forma privilegiada del mundo infantil de incorporar las cosas que se van viviendo.
Las consultas más típicas son las de violencia, agresión y soledad en la escuela. Lo que hoy se conoce por bullying y que tiene su variante en el acoso escolar cibernético o ciberbullying.
Algunos expertos en bullying señalan que esto le puede pasar a cualquier niño.No es así.
No lo creo. Creo que hay niños que por algún motivo se colocan en una posición de especial debilidad. Los niños lo captan, y entre ellos es como si hubiera códigos de conductas que les permite saber dónde está el débil y dónde y a quién pueden pegar. Es muy común que el que pega haya visto violencia en casa.
Muchas cosas se basan en la estima. La estima empieza por ser querido por los papás. Y para fortalecerla una de las cosas que podemos hacer es ocuparnos más de nuestros hijos. Tienes la opción. O te ocupas de saber qué tal le fue en el colegio o te vas a ver el telediario.Si algo falla en la dinámica  familiar , lo mejor es la consulta con un psicoterapeuta.



Lic. Diana S. Gurny inspirada en el texto de J.K. Freud











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martes, 10 de octubre de 2017

Las fronteras son las cicatrices que la historia ha dejado en la faz de la tierra"






“Las fronteras son las cicatrices que han dejado las guerras en los mapas de las naciones”


 LAS MASAS SUJETAS A LA FASCINACION DEL AMO

El discurso del poder y la fascinación del padre
"El discurso del dominio intenta borrar la diferencia, eliminando toda subjetividad"

¿Cómo se construye el amor de las masas por sus tiranos? Una respuesta se basa en identificar el “discurso del canalla”, donde retorna el peligro de un líder que, arbitrario y desmedido,goza
t.gif (862 bytes)En el orden social y político se gestan estructuras colectivas, y el lugar del líder varía de una estructura a otra. Cuanto más encarne el lugar del amo superyoico gestado en una voz imperativa, sus seguidores serán pasibles de hipnotismo colectivo. A la inversa, si un líder es convocado en relación a un ideal elegido en función de una comunidad de principios e intereses, donde funciona un pacto ético que permite acuerdos y desacuerdos, la participación colectiva promoverá el sentimiento individual y el acto individual.
Puede suceder que una masa elija su líder como efecto ante un fantasma de caos y deriva donde prevalece el pánico. Esa estructura del poder se sustenta en el discurso del canalla, donde puede retornar el peligro de un líder que usurpe el lugar de un goce arbitrario y desmedido. La canallada es una curiosa operación que se produce cuando el discurso del poder se muestra como el mito de un discurso unívoco marcado por la voluntad de dominio, que se ofrece destinado a dominar a través de la fascinación, como un lugar donde se perfila “la verdad de Dios”.
LOS CANALLAS intentan manipular al otro alegando saber lo que es bueno para él. Dice así: “Toda canallada se basa en querer ser el “DUEÑO”de alguien para manipular sus deseos…proclama la verdad desde el lugar del PODER para operar sobre los deseos del otro”

 

El discurso político del canalla, que podríamos llamar “discurso del dominio”, se muestra sólidamente engarzado en la verdad de su metalenguaje: sabe lo verdadero acerca de lo verdadero, intenta borrar la diferencia que cruza al Otro, eliminando toda posible subjetividad. Erigiéndose como dueño de una verdad trascendental, nos reduce a la ignorancia de que esta trascendencia es meramente ilusoria. Freud introduce la figura de un padre terrible, padre ideal, padre de la horda primitiva, excluido de las leyes que gobiernan el comportamiento de la masa; es la figura de excepción, entendida como un amo que centraliza el poder; su discurso lo propone exceptuado del orden establecido. Esta característica del líder guarda estrecha relación con el papel del hipnotizador, ya que el procedimiento hipnótico tiene el fin de sustraer el interés del sujeto hipnotizado de todo aquello que no sea la figura del hipnotizador. De este modo consigue ubicarse en un lugar consistente, que promueve la dialéctica del amo y el esclavo. Jacques Lacan, en sus discusiones con George Bataille en el Colegio de Sociología, preguntaba: ¿cómo se construye el amor de las masas por sus tiranos?; ¿por qué toda liberación es imposible fuera de una adhesión a la ley? Lacan planteaba, frente a Michel Foucault y Jean-Paul Sartre, la cuestión de la esencia de la libertad humana desde el punto de vista del descubrimiento freudiano. ¿Cómo un sujeto puede aspirar a la libertad cuando está determinado por su inconsciente, que le impide ser libre de sus actos y de sus palabras? El advertía que, sin embargo, el inconsciente no le prohíbe “jamás, comprometerse en favor de un combate por la libertad”.

La pasión por el poder que emana del goce perverso del padre lleva a los hijos a sostener un sistema que en otras condiciones no tendría posibilidad alguna. Freud deduce que el lazo amoroso sostenido en la identificación al líder tiene como efecto lo que él denomina “servilismo nacional”, que se despliega cuando el temor por el retorno del goce ilimitado del líder impone la pregunta de cómo acotarlo en su arbitrariedad. Ante el surgimiento de la serie sacrificial de padre e hijos se instala el tiempo de la fratría, tiempo del imperio de la ley donde se instituye en el inconsciente la sed de justicia; cuando los hijos de un padre arbitrario descubren que son hermanos, su unión se convierte en una cuestión de supervivencia.
Lacan subraya la energía que gastamos para probarnos que todos somos hermanos, lo cual se hace evidente donde hay un padre para salvar o para matar. La ley de la fratría retorna, de acuerdo al mito de Tótem y Tabú, con el padre muerto, donde se consuma el crimen del padre y se rememora el pacto de los hijos, cuyo efecto es la homogeneidad de un estilo que diluyelo distintivo, lo subjetivo. Esta energía, que subraya Lacan, en descubrirnos hermanos, nos da alguna idea de lo es que la fraternidad: tanto empeño en demostrar que somos todos hermanos prueba que no lo somos. El encarnizamiento en la fraternidad reconoce un solo origen de lo fraterno: la segregación.
Otra alternativa, ante el temor por el retorno de un goce perverso y arbitrario del líder, es la crítica a cualquier tipo de organización: supone que, no habiendo estructura, no hay riesgo de un líder que la utilice en su beneficio. El extremo de esta posición es el anarquismo. Los que mantienen este discurso hacen una afirmación absoluta de los derechos del sujeto en relación a los otros: todo lo que dicen vale, porque lo dicen; su palabra presentifica lo incastrable del Otro, ya que su discurso es incriticable.

En el Mayo Francés del ‘68, Lacan dictó su seminario “L’Envers”: ante un auditorio atravesado por el pensamiento maoísta, afirmó que la revolución acaba por engendrar un amo más feroz que el abolido y subrayó que las protestas habían llevado a la universidad a suprimir la antigua función del maestro para sustituirla por un sistema tiránico, fundado en el ideal de la comunicación y la relación pedagógica.
Lacan había negado todo apoyo a la izquierda proletaria, más bien desempeñó respecto de ella el papel de un padre severo. Advirtió que el callejón sin salida de la revolución es que, en su tentativa de sacar al sujeto de la servidumbre, crea un tirano tan feroz como el que quiere abolir.


La única manera de desbancar a un canalla es no dejandose seducir por su discurso,como hacen sus patéticos seguidores, cosa que es bastante díficil de hacer sino se toma conciencia de que los otros somos el "alimento" del que se "nutre" para gozar de su poder de convencimiento
, lo que le permite erigirse como dueño de una verdad trascendental, nos reduce a la ignorancia, ya que "su" verdad es meramente ilusoria. 
 "Muerto el perro se acabó la rabia" .


El refran muerto el perro se acabo la rabia, se suele aplicar cuando alguien como por ejemplo de la mafia como vito corleone lo matan, viene la calma y la paz a eso se refiere el dicho ya que vito corleone es el capo de la mafia, y cuando lo matan todo queda en paz. al eliminar la causa de un problema se elimina con el al problema en si.







 


Editado y corregido por Lic. Diana S. Gurny
Por Elena Jabif